Entrevista Nengumbi con Paul Byrne

Buenos Aires, Argentina Diciembre 2009

viernes, 17 de mayo de 2013

La Dinastía Negra del Congreso

Ideas 14/05/13

La antropóloga Laura Colabella investigó el origen afro de muchos empleados que trabajaron en el Congreso de la Nación desde 1825 en adelante. Es un aporte al enigma sobre la “invisibilidad” de una comunidad.

Por Ines Hayes



Fue su adolescencia en Salvador de Bahía lo que llevó finalmente a la antropóloga Laura Colabella a investigar sobre Los negros del Congreso. que derivó en un libro publicado por la editorial Antropofagia-CAS-IDES. Ella estaba, precisamente, en ese lugar considerado el “estado negro” del Brasil, donde la población negra y su pasado esclavista tenían una amplia visibilidad.

Los “negros del Congreso” son aquellos trabajadores de ascendencia africana que por filiación accedieron a cargos –en su mayoría tareas de limpieza y mantenimiento– en el Poder Legislativo. Aquella experiencia le impidió aceptar la tan extendida premisa de que en la Argentina la población negra había desaparecido en las guerras por la independencia o que había sido afectada por la epidemia de la fiebre amarilla. En su trabajo de campo, basado en entrevistas en profundidad, Colabella descubrió que el ingreso de estos trabajadores no obedecía a una ley que los incorporaba con carácter hereditario, como lo demostraban las crónicas periodísticas de la época, porque esa ley nunca apareció.

-¿Cómo se explica que si no había legislación que estableciera los cargos hereditarios, los medios de comunicación de principios y mediados de siglo XX, comunicaran que sí existía y el ingreso de los nuevos trabajadores se efectuara como si la hubiera?
-Los relatos de mis interlocutores coinciden en señalar que están “allí” por una ley. Pero no debemos perder de vista que los investigadores sociales y los periodistas no siempre tenemos los mismos objetivos. Los periodistas retrataban a estos trabajadores de manera pintoresca como quienes “honran a su raza” por ocupar los puestos de maestranza y mayordomía, y a quienes se presentaban como formando parte del decorado del palacio legislativo, al usar uniforme y guantes blancos en ocasiones extraordinarias. Su propósito no era más que ese, señalar el pintoresquismo que les provocaba la presencia de negros, en uno de los tres poderes de un Estado construido como “europeo” y “blanco”. Para así producir aquello que se conoce como “nota de color”: ¡qué casualidad! Por el contrario, para nosotros, antropólogos, ese pintoresquismo es un aspecto que hay analizar detenidamente. Por esa razón, mi primer propósito fue atravesar las puertas del Congreso para buscar “la ley” que, como decía, nunca apareció; y luego buscar a “los negros” para conocer a qué se referían con el término “ley”.

-¿Cómo llegaste a determinar aquello que llamaban “ley”?
-Fue mediante sus relatos que pude descubrir que aquello que los protagonistas denominaban “ley” y, que los medios de prensa reproducían literalmente, cobraba otro sentido que el de las leyes sancionadas por las cámaras de diputados y senadores destinadas a legislar fuera del palacio legislativo, en el ámbito nacional. Por el contrario, lo que mis informantes referían como “ley” era más bien una “ley puertas adentro”, es decir, era la forma nativa de referir al reclutamiento por filiación, una práctica muy extendida y presente en diversas reparticiones estatales en la que el hijo primogénito pasaba a ocupar el puesto dejado vacante por el padre, un mecanismo no sólo restringido a los negros sino a todos los trabajadores estatales.

-¿Pero, entonces, cómo funcionó la raza en la incorporación de los trabajadores de ascendencia africana al Congreso de la Nación en el contexto del Estado invisibilizador argentino?
-Quien habló de invisibilidad, para la población afrodescendiente de Buenos Aires, fue el historiador norteamericano George Reid Andrews, en su célebre Los afroargentinos de Buenos Aires (1989). Con ese término, designó al mecanismo por el cual se logró eliminar gradualmente la categoría racial en los censos y estadísticas oficiales. Ese “ardid estadístico” consistió en reemplazar las categorías raciales de “pardo” y “moreno” por la de “trigueño”, primero y “blanco”, después. Algo similar descubrí en el Congreso cuando pedí consultar los legajos de los ordenanzas en el Archivo del Senado. Uno de sus funcionarios, me indicó que debía tener los nombres de “los negros” puesto que en los legajos no se registraba si el ordenanza era “blanco”, “negro” o “amarillo”. Sin embargo, dichos trabajadores eran notablemente visibles para el resto de los trabajadores congresales. Cuando al inicio de mi investigación, preguntaba por el nombre de alguno de ellos en diversas dependencias del Palacio, me solían responder “ah, el negro” o “el morocho”; indicándome también la cámara y la dependencia a la que pertenecían. En definitiva, si bien la raza al interior de un poder del Estado cobraba visibilidad, no era absolutamente definitoria ni operativamente significativa en términos prácticos de la vida de estos empleados estatales. Pues en sus relatos, ellos revelan ingresar del mismo modo que el resto de los trabajadores del Congreso: en el puesto dejado vacante por el padre. Un procedimiento que incluía mecanismos formales e informales como ir a ver a “fulano”.

-¿Cómo se concretaba ese procedimiento de ver a “fulano”?
-Esto es, ir a ver a un legislador que concrete el ingreso, en caso de haber puestos disponibles en el escalafón legislativo. Dado que éste último es quien legitima filiación entre el solicitante y el agente fallecido. Era una práctica ancestral que se remontaba a los orígenes mismos de la organización estatal moderna. En suma, los “negros del Congreso”, por su visibilidad racial, lograban añadir, con su presencia, una visibilidad extra; que correspondía al modo en que el Estado argentino reclutaba a sus trabajadores entre los hijos de sus agentes fallecidos. Lo que dio lugar a la constitución de verdaderos linajes en diversos sectores de la burocracia estatal.

-¿Por qué los entrevistados se refieren a su ingreso a la planta legislativa con los términos “dinastía” o “tradición”?
-Las nociones de “dinastía” y “tradición” son los términos con que ellos denominan su pertenencia a un linaje. La idea de “dinastía” es referida por una de las familias de trabajadores negros más renombrada del Congreso, cuyos miembros reconocen su antepasado negro en un sirviente que se desempeñó como esclavo en la casa de un marino genovés, que llegó al Río de la Plata en 1825; y participó junto al almirante Brown en la guerra contra el Brasil. Dicho marino le concedió el apellido a su sirviente y con él también honorabilidad por haber participado en las luchas y enfrentamientos por la organización nacional, leal a la causa de Buenos Aires. Fue el apellido lo que se tornó clave para el ingreso de estos descendientes al Congreso, constituyéndose en una de las primeras familias “de morochos” en el Poder Legislativo. Por el contrario, el término “tradición”, es utilizado por otra de las familias de trabajadores afrodescendientes que traza su descendencia ya no de un antepasado esclavo, sino de un antiguo ordenanza de la Cámara de Diputados reconocido por su plena dedicación al parlamento y por haber servido a destacadas figuras de la política nacional. En suma, las nociones de “dinastía” y “tradición” son los modos en que estas familias vinculan su condición de negros al interior del Palacio y de la planta burocrática.

-¿Por qué los negros del Congreso te han permitido recuperar la noción de “teodicea secular”?
-La noción de “teodicea” fue acuñada por el sociólogo alemán Max Weber. Weber vinculó ese término a la religión más concretamente a la idea de creencia, a la forma general de resolver la contradicción entre la concepción de un dios perfecto con poderes infinitos y un mundo imperfecto creado por él. Se trataba de un concepto que buscaba justificar el lugar que cada agente social ocupaba en un universo social pensado en términos nacionales. En ese sentido, la “teodicea” de “los negros del Congreso” es un relato en que las nociones de “dinastía” y “tradición” pueden leerse como los modos en que estos interlocutores justificaron su ingreso a la planta burocrática y que se extendía a todos los trabajadores estatales más allá de su adscripción racial.

Fuente: http://www.revistaenie.clarin.com/ideas/laura-colabella-congreso-de-la-nacion_0_917308274.html




domingo, 12 de mayo de 2013

Teatro en Sepia (TES) presenta: “Afrolatinoamericanas. De Voces, Susurros, Gritos y Silencios”


* Desde el 3 de mayo, todos los viernes a las 21hs., en La Manzana de las Luces, Sala La Ranchería, Perú 272, San Telmo, C.A.B.A, Argentina.
* Reservas: 4342.9930. Entrada: $60 (Descuentos para jubilados y estudiantes $40). Más info: www.teatroensepia.blogspot.com / http://www.facebook.com/tes.teatroensepia

Sobre “Afrolatinoamericanas. De Voces, Susurros, Gritos y Silencios”.

Afrolatinoamericanas. De voces, susurros, gritos y silencios es la puesta en escena de diversos textos históricos y poéticos escritos por mujeres afrolatinoamericanas que relatan las gestas, pasiones, pesares e ilusiones de las mujeres afrodescendientes de Argentina y Latinoamérica, desde la época de la esclavitud hasta nuestros días. Llegadas a territorio latinoamericano en los barcos esclavistas, secuestradas y privadas de todo libertad, estas mujeres lucharon, se rebelaron y tejieron estrategias que les permitieron no solamente sobrevivir sino rehacer sus vidas, entrelazándolas con la todo un país (y un continente) que aún no toma conciencia de su presencia ni de su historia, haciendo recaer sobre ellas el olvido, la discriminación y los prejuicios.

Sobre “Afrolatinoamericanas. De Voces, Susurros, Gritos y Silencios” (adicional).

La puesta abre con la imagen de Sarah Baartman, tristemente conocida como La Venus Hotentote, expuesta en ferias europeas para ser observada como un animal salvaje a principio del siglo XIX. Su fuerza y recuerdo unirá a las mujeres afrodescendientes a lo largo de la historia y del territorio. Cada afrolatinoamericana recibe este mensaje y, a su vez, en las manos de cada una el mensaje se resignifica. Pero estas mujeres no dejan de compartir con Sarah Baartman una situación de estereotipación e hipersexualización: son miradas, observadas, expuestas…. En este circo en el que sin quererlo las afrolatinoamericanas son protagonistas, irrumpen tiempos y espacios diversos trazando continuidades y rupturas.

Sobre Teatro en Sepia (TES).

Dirigida por la directora y actriz Alejandra Egido, trabaja desde las artes escénicas en pos de quebrar la histórica indiferencia y olvido de la presencia de los descendientes de esclavos en la Argentina, y de los afrodescendientes provenientes en migraciones pasadas o contemporáneas que habitan en este territorio. Aprovechando las actuales corrientes ideológicas y la nueva atención del Estado que abren fisuras en los discursos oficiales, tiene entre sus objetivos principales exponer a través del arte la problemática de la negación e invisibilidad afrodescendiente en un país que se considera exclusivamente “llegado de los barcos” que traían a los inmigrantes europeos a fines del siglo XIX.

TES apunta no sólo la producción artística per se sino también generar en la comunidad diversos grados de (auto) reflexión a través de la búsqueda y exploración de nuevos caminos expresivos. Que la compañía esté onformada por personas afrodescendientes y no afrodescendientes, artistas e historiadores que aportan tanto su memoria como rigor científico y una mirada crítica, apunta exactamente en esta dirección.

TES propone la ampliación del espacio escénico hacia la recuperación de las memorias, hacia la escucha a la oralidad y lo mítico, hacia la revisualización, hacia el re-conocimiento. En este sentido, interesa que el público se cautive a través del discurso poético del teatro, y reconozca el discurso dominante de blanquitud argentina que provoca tanto la invisibilidad y olvido general de lo negro, como la estigmatización y la discriminación. No se quiere una cristalización de exotismos, sino la creación de un espacio compartido de diálogo, de reencuentro de una narración reprimida, que muy pocos llevan consigo como “memoria” pero que la mayoría porta como “olvido”. Es un reencuentro que toma cuerpo, mente y palabra para cambiar nuestras percepciones y nos hace fluir más allá de los límites “raciales” impuestos desde los grupos de poder. Aspira -a través de la puesta en juego de los dramas sociales/performances- ganar espacio de discusión pública y, sobre todo, proveer herramientas de empoderamiento a la población marginalizada a través de la reflexión artística.

TES estrenó Calunga Andumba en el año 2010 en el Teatro Empire de Bs. As. y en 2011 en el Centro Cultural Raíces de la ciudad. Participó de La Noche de los Museos de la ciudad de Buenos Aires del año 2010 con una performance realizada en el Museo de la Mujer de la ciudad de Buenos Aires, titulada: Afrolatinoamericanas: de voces, susurros, gritos y silencios, también dirigida por Alejandra Egido. Esta performance se realizó también en 2011 en el Centro Cultural Petit Detall-El Agujero del Sur. En 2012, se estrenó una nueva puesta de la pieza ya como obra teatral, el Centro Cultural Raíces.

Ficha Técnica:

Dirección: Alejandra Egido.
Autoras: Alejandra Egido y Lea Geler.
Elenco: Carmen Yannone, Irene Gaulli, Silvia Balbuena, Anastacia Giménez y Natalia Morales.
Voz en off: Derli Prada.
Vestuario: Virginia Del Castillo.
Coreografías: María Zegna.
Diseño de Luces: Leandra Rodríguez.
Iluminador: Melina Rodriguez.
Filmación y edición de video: Natalia Morales e Ignacio López.
Diseño escenográfico: Fernando Diaz.
Guión y selección de textos: Alejandra Egido y Lea Geler.
Prensa & Difusión: Mariano Casas Di Nardo.
Teatro: La Manzana de las Luces, Sala La Ranchería, Perú 272, San Telmo, C.A.B.A, Argentina.
Funciones: Desde el 3 de mayo, todos los viernes a las 21hs.
Reservas: 4342.9930. Entrada: $60 (Descuentos para jubilados y estudiantes $40).
Estreno: 3 de mayo.
Finalización: Último viernes de julio.
La obra cuenta con el apoyo de PROTEATRO e institucional del INADI (Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo) (Disp. 211/12). Y fue declarada de Interés Social y Cultural por la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (Exp. 3077-D-2012).
Hay buenas, inéditas y variadas fotos en alta y baja resolución. Para recibir más información, acreditación a las funciones, entrevista con su directora y/o elenco en persona y/o telefónicamente, comunicarse con Mariano Casas Di Nardo:
Mariano Casas Di Nardo – 15-50-19-2000 – 4931-8685.
PIN BLACKBERRY: 28feb3d1
Twitter: @MCasasDiNardo
e-mail: mcasasdinardo@speedy.com.ar // mcasasdinardo@gmail.com
Of: Humberto Primo 3207 (1224) – Barrio San Cristobal C.A.B.A, Argentina.

sábado, 13 de abril de 2013

Piel clara y consciencia negra. Para una descolonización de la raza “1″

Dante Ibrahim Matta
Mi opinión sobre esta cuestión surge de reflexiones inspiradas por la lectura de la crónica de Cases Rebelles titulada “¿Quién es negro/a?”2 . No pretende constituir una respuesta teórica universal –hasta dudo de que exista–, sino ser solamente la expresión de una experiencia desde el interior de los límites y de las paradojas de las identidades raciales.

Es imposible aprehender semejante tema sin especificar la naturaleza de la experiencia desde la que lo pienso: soy afrodescendiente de origen uruguayo, nacido y criado en Francia. Sin embargo, la particularidad de mi experiencia respecto de esta cuestión reside en el hecho de que, aunque soy afrodescendiente, se me reconoce en general como blanco, tanto dentro de la sociedad francesa como de la uruguaya, pues la ficticia, pero efectiva, “línea racial” fue franqueada por una aplastante mayoría de mis contemporáneos.

La pregunta que quisiera plantear ahora es la siguiente: ¿en qué consiste lo que queda de la identidad africana o afrodescendiente cuando la línea racial fue franqueada por la mayoría de aquellos que perciben la existencia del afrodescendiente? En otras palabras, ¿en qué medida existe el afro más allá del blanco y de su evidente supremacía? ¿Es posible que la supremacía blanca se reduzca únicamente a prejuicios y discriminaciones y a la asignación a una casta específica dentro de la sociedad?

Identidad: yo y los otros

Es necesario, en primer lugar, considerar la parte ligada a la experiencia propia de esta identidad. Es decir, su relación con los otros y con el “sí mismo” condicionada por la percepción que tiene uno de esta identidad misma, la cual, a su vez, está condicionada por una relación particular con la historia y la cultura.
A mí, probablemente no me van a discriminar nunca en cuanto a la obtención de un empleo o de un ascenso, ni para conseguir alojamiento, ni tampoco en un tribunal. Corro mucho menos riesgo de ser asesinado por la policía que cualquiera de mis hermanos afros, así como me ahorro el padecimiento de todo tipo de prejuicios en mi vida y en mis relaciones con los demás: gozo de total libertad de ser y de hacer lo que quiero sin que aquello se considere vinculado con el hecho de ser afrodescendiente si decido silenciar esta identidad. Si elijo conservar el secreto de mis orígenes, mi opinión acerca de las cuestiones sobre la esclavitud, la historia africana, el colonialismo o el racismo, siempre será recibida como más neutra y equilibrada que si tuviera la piel oscura (como si el hecho de beneficiarse de un sistema volviese al beneficiario mejor capacitado para juzgarlo objetivamente).

No pienso seguir elaborando un listado de las ventajas que me otorga el color de mi piel. Para ello, remito al lector al excelente artículo de la norteamericana blanca Peggy McIntosh sobre el privilegio de ser blanco3 .
Mi caso, sin embargo, es un poco más complejo de lo que podría parecer, por haber vivido experiencias de “salida de raza ”4 en las que mi interlocutor había “detectado” mi “no blancura”. Considerando que rara vez se abordará espontáneamente este tipo de tema durante una conversación, me es imposible saber si el otro ve más allá de mi máscara y me ve, entonces, como me veo yo. Este planteo se vuelve más difícil de resolver si admitimos que aquel que me considera blanco me ve tan incuestionablemente blanco como mestizo aquel otro que me intuye mestizo. Ello debería llevarnos a interrogar las líneas raciales y su subjetividad.

Se generan entonces una especificidad y una complejidad adicionales en el hecho de quedar atrapado objetivamente, por el entrecruzamiento de variadas experiencias vividas, en un envoltorio racial borroso. Se me atribuyó una serie de orígenes tan insólita como original, pasando del alemán, ruso o checheno al beréber, cabila, italiano, israelí o turco, o por orígenes más complejos como el mestizo (entendiéndose negro-blanco), el martiniqués, el eurasiático, llegando a veces a una total incertidumbre en cuanto a mi parte “no blanca” percibida cada tanto por algún interlocutor. Mi experiencia me permite elaborar series de suposiciones según la edad o el origen de la persona; en general, es la gente mayor la más hábil en detectar mi parte “no blanca”, así como también la gente del “mundo anglosajón”, donde la raza es objeto de una atención secular.

Por tanto, es sencillamente imposible saber en qué proporción exacta detento algún privilegio del ser blanco, pero parto del principio de que me beneficio de él porque, la mayoría de las veces, la máscara funciona.
Tengo la prerrogativa de poder definirme a mí mismo como se me canta pues, aunque mi interlocutor percibiese en mí mi parte “no blanca”, podría tranquilamente refutarla y esto quedaría aceptado sin problema. Así, a veces ocurre que alguien se percata de mi mestizaje a partir del momento en que aludo a mis orígenes, no antes.

Por lo que el lector podría preguntarse, y sin duda lo hace, ¿por qué me defino en tanto mestizo y afrodescendiente y no en tanto blanco? ¿Qué es lo que me distingue de un blanco? Desde ya, aquello consiste principal e inevitablemente en lo que realmente soy: poco importa que las líneas arbitrarias de las razas me piensen como aquello o lo otro, no puedo cambiar el hecho de que el padre de mi madre es negro, que toda su vida tuvo una experiencia de negro, que su propio padre era negro como él y que la madre de este último probablemente nació esclava en Brasil. Si yo fuese el hijo de una japonesa y un español, podría llegar a ser percibido en América del Sur como indio5 , pero ¿alcanzaría esto para que lo sea? En Francia, algunos árabes con la piel clara y los ojos verdes pasan a menudo por ser blancos, pero ¿alcanza esto para que lo sean?

Esta es una regla lógica y simple que afirma la existencia de una diferencia entre el ser y el parecer y que, además, perdió vigencia tanto en lo que concierne a la raza como, por otra parte, al género: es lo que hace confundir el orden social con el orden natural.

Responsabilidad, historias y antepasados

La unión entre la experiencia afro y yo tiene lugar en el aspecto a la vez íntimo y profundo de esta cuestión: yo no elegí esta identificación o esta relación con la historia, se me impuso. No puedo decidir pensar en eso un día y olvidarlo al día siguiente; está inscripto en mi cuerpo, en lo más profundo de mi memoria, en mi nombre: no creo que haya pasado un solo día desde hace muchos años sin que piense en esta cuestión, o en la esclavitud. El valor que intento infundir en este texto es esta relación “íntima”, constitutiva, de la experiencia afro: no uso ninguna palabra al azar.

Cuando digo que fueron mis tías y mis madres las que fueron violadas en esta época en las plantaciones, es algo que para mí cobra plena realidad. En cualquier situación en la que se evoca mi apellido, me es IMPOSIBLE no pensar que se me está nombrando con un nombre que no es el mío; es un estigma estampado sobre mí y sobre mi familia, y la continuidad de este crimen reside en el hecho de que yo no llevo el nombre de mi familia, sino el de su verdugo. Este nombre me despersonaliza aún más por negarme mi identidad africana. El saber que mis antepasados fueron arrancados de sus tierras africanas para viajar apilados como ganado en las calas de siniestros navíos, luego fueron vendidos como “muebles”, sin otro horizonte que el de la servidumbre, contribuye en gran parte a la construcción de mi identidad. Mis ancestros fueron excluidos de la humanidad (sin jamás haberla integrado realmente), se les impusieron nombres, religiones e idiomas en un proceso de despersonalización necesario para la “producción” de esclavos. Vivieron a continuación durante varias generaciones en lo que se llama ahora el “universo concentracionario de América”. El blanqueamiento de mis ancestros resulta ante todo de la violación sistemática de las mujeres, de mis madres y mis tías, lo que explica por qué el afronorteamericano posee un promedio de 25% de “sangre europea”. Al respecto, Cases Rebelles subraya con acierto que esta sangre proviene en la cuasi totalidad de los casos del lado paterno6 : “Porque allí como en otras partes, en América las violaciones aclararon las pieles. Reprochar a los descendientes de esclavos su tez, sus lugares, sus idiomas, su cultura, es reprochar a los esclavos el haber devenido esclavos. Lo cual es miserable y remata con magnificencia la obra de los negreros. En la esclavitud, no solamente lo perdimos todo porque éramos negros, sino también porque, además, nos volvimos blancos”.

Tampoco me es posible olvidar que la lucha incesante por una mera supervivencia dentro de un infierno innombrable ha sido la regla de sus vidas a lo largo de más de cuatro siglos. El hecho de saber que la existencia entera de mis padres y de mis madres se redujo a ser únicamente una herramienta económica al servicio de la construcción de la “modernidad occidental” y en detrimento de sus propias civilizaciones, llegando hasta la negación de ellas, no está suavizado por tener una piel clara. Saber todo aquello es una experiencia en sí misma de la que nunca he podido desprenderme, y ni el color de mi piel ni la textura de mi cabello cambia en nada la historia de mis ancestros y la conciencia que tengo de ella. Saber que llevo el apellido del que compró y explotó a mi familia durante varias generaciones no se vive más fácilmente con ojos verdes que con ojos negros.

Gracias a esta lucha heroica de cada instante quedan testigos para acompañarme, quedan “afrodescendientes”; no desaparecimos como otros tantos pueblos que, al igual que nosotros, padecieron un genocidio. Mientras haya personas que sean reconocidas y que se reconozcan como afrodescendientes, la memoria de nuestro pueblo y de nuestra historia quedará viva e ineludible. Peso mis palabras, sobre todo considerando un contexto regional donde, por ejemplo, la población afroargentina desapareció en su casi totalidad en menos de un siglo: estadísticas de principios del siglo XX demuestran que había un 30% de afrodescendientes en Buenos Aires. Hoy, siguen presentes, pero en una proporción mucho menor y, sobre todo, quedan persistentemente invisibilizados dentro de una sociedad cuya mayoría blanca no tiene –o prefiere no tener– conciencia de la existencia de una “tercera raza” en su suelo7 .

El hecho de no querer reconocerme afrodescendiente, y entonces pretender ser blanco, sería a mis ojos una traición de aquello que tuvieron que vivir mis ancestros. Representaría también una mentira que transmitiría a mis hijos, pues mi apellido es de origen portugués, cuando la persona que lo recibió de parte de su amo no era portuguesa, sino indudablemente africana.

Me considero depositario de esta historia.
No creamos que la supremacía blanca terminó con la abolición de la esclavitud ni tampoco hoy de manera oficiosa. En Uruguay, por ejemplo, siguió presente oficialmente hasta épocas muy recientes, por medio de leyes raciales que encerraban a los negros considerados “agitados” en prisiones especiales llamadas “asilos para mandingas”. Sin hablar del reclutamiento forzado de los negros en guerras para defender a una nación que los había reducido a la esclavitud, cuando los blancos eran, por supuesto, libres de comprometerse o no.

En el transcurso del siglo XIX, decenas de millares de africanos y de afrodescendientes perdieron su vida en los campos de batalla contra Brasil, Portugal, Inglaterra, España, Paraguay y Argentina, utilizados como carne de cañón por unos y otros. Este hecho sería un elemento decisivo en el genocidio de los afroargentinos cometido por San Martín durante ese periodo; sin olvidar el enorme número de africanos y de afrodescendientes muertos en la guerra civil uruguaya entre los dos partidos políticos que, por otra parte, abolieron la esclavitud con el único propósito de reclutar negros para esta batalla.

Podríamos evocar el desprecio aún palpable hacia todo lo que se refiere al negro, al africano, a su historia y su cultura sencillamente descartadas como inexistentes o como insignificantes. Todos los elementos asociados a la cultura afro, o bien son recuperados y desviados de su sentido original por la cultura blanca8 , o bien son percibidos de modo negativo por la sociedad. No se enseña absolutamente nada en la escuela de la historia de la esclavitud, de África, y si es que se aprende algo, se lo hace tomando distancia de esta historia, nunca mediante una identificación. Además, el mito que haría de Uruguay una nación blanca pura sigue actuando sobra las mentes por más que el activismo de las asociaciones afrouruguayas y amerindias haya logrado algunos cambios. Este mito es tan arraigado que la mayoría de los uruguayos blancos declaran con orgullo que todo el mundo, en su país, es de ascendencia italiana o española, con lo que se distinguen así del resto de América del Sur, ignorando, o pretendiendo ignorar, que los afros están presentes en estas tierras porque los trajo la deportación de sus ancestros africanos para esclavizarlos. Se repite también ad nauseum que todos los amerindios murieron, como para deshacerse del “problema”, negando así la realidad de la presencia de sus descendientes en Uruguay.

Lo que sí se ignora, en todo caso, es que el país se construyó gracias al trabajo forzado de los esclavos africanos y de sus descendientes: sea en la industria de la carne o en la construcción y el mantenimiento del puerto de Montevideo, o del de Colonia del Sacramento, la mano de obra era africana. Sin embargo, en los cuadros y grabados que relatan estos episodios es muy raro vislumbrar figuras africanas; los artistas locales que los tomaron en cuenta, a menudo, se limitaron a mantener a los negros en un papel histórico segundario.
Toda esta parte de la identidad negra está ligada a la ascendencia compartida por todos aquellos que se reconocen o son reconocidos como afrodescendientes, más allá del hecho de vivir o no la discriminación y la asignación de un lugar especial dentro de la sociedad. De ningún modo esta ascendencia es vivida o percibida de la misma manera por todos los afrodescendientes. Hay quienes viven cotidianamente la experiencia de ser mirados como negros pero no otorgan ningún interés a la historia de sus antepasados o de África.

Rechazo tajantemente que se me deniegue esta identidad bajo el pretexto de reglas arbitrarias definidas por el sistema colonial mediante el “colorismo”9 : si tuviera exactamente la misma fisionomía, con un color de piel un poquito más oscuro –parámetro que solamente depende de una ínfima parte del patrimonio genético transmitido por mis ancestro, entre tantos otros–, entonces el conjunto de la sociedad me reconocería como negro. ¿No parece absurdo? El color “negro” de la piel no es sino un accidente de la identidad esencial afrodescendiente, no la condiciona en nada. Jamás hubiese habido negros de no haber habido blancos. Resulta más absurdo aún, si cabe, que los propios afrodescendientes retomen y utilicen estas mismas categorías inventadas por los colonos europeos. Nunca faltó gente para calificar a Amilcar Cabral o Malcolm X de “falso negro”, so pretexto de que tendrían una parte blanca. Mi propósito no consiste en una voluntad de quedar asignado a un lugar poco deseable dentro de la sociedad por obra de una dudosa empatía, sino en ser reconocido así como yo me reconozco y tal como soy. Defiendo pues el derecho a la autoidentificación en contra de la borradura de una historia y de un pueblo: mi determinación a actuar en este sentido se encuentra reforzada por una aguda convicción de que la política de las élites blancas uruguayas del siglo XIX aplicada al blanqueamiento de mi pueblo y de mi país fue absolutamente deliberada.

Y esto se observa particularmente hoy en Uruguay, donde gran parte de los afrodescendientes no son considerados como tales (aunque la palabra, en definitiva, sirve únicamente para decir negro sin decirlo: recuerda un poco la perífrasis “gente de color” de otra época, cuando el alcance de esta definición era diferente), sino que van a ser calificados como “mulato” si son de piel digamos más clara que el “fenotipo” imaginario del “africano”. Se trata de un proceso inconsciente de desvanecimiento de los africanos y de sus descendientes de la historia y del paisaje nacional porque, efectivamente, los negros pueden desaparecer de una sociedad posesclavista (como en la Argentina, lo comentaré en otro artículo), pero los afrodescendientes no pueden hacerlo. Al menos mientras duren la autoidentificación y el rechazo de estas reglas innobles cuyo vocabulario proviene en general del mundo animal y vegetal (mulato, mestizo…).
Son numerosos, en la historia de los afrodescendientes, los mestizos que detectaron la trampa tendida por la supremacía blanca y eligieron reivindicarse en tanto negros. No faltan los ejemplos: Malcolm X, Angela Davis, W. E. B. Dubois y muchos otros no eligieron la denominación aséptica y exclusiva de “mestizo”, que los colocaría de hecho en un no man’s land racial e histórico, sino que asumieron plenamente sus herencias históricas con la consciencia muy clara de que no hay motivo por avergonzarse de ellas. ¿Quién ha visto a un blanco americano dejar de autodefinirse por su ascendencia irlandesa o italiana so pretexto de que esta se remonta ya a varios siglos atrás, como ocurre a menudo? Cada uno se aferra a su identidad precolonial y resulta de lo más comprensible: solamente a los africanos se les pide con condescendencia que miren para adelante y dejen de rumiar el pasado.

Esta parte de la identidad negra no está alterada por el mestizaje, queda inscrita en mis genes y en mi relación con la historia colonial. No está “atenuada” tampoco por mi parte blanca, porque mi percepción con respecto a la historia no es el resultado de un minucioso cálculo del porcentaje de “sangre” negra, blanca o indígena. Les guste o no a los supremacistas blancos que se regocijan perniciosamente de poder silenciar a un mestizo, si este se identifica con la historia de sus ancestros africanos, mediante el justificativo falaz de que él también sería portador de una “culpabilidad compartida” por tener ancestros blancos. Este tipo de argumentación solamente devela una culpabilidad blanca mal digerida. Se utilizará con más fuerza si la apariencia del afrodescendiente aludido se asemeja más a la de un blanco que a la de un negro. Como si fuera posible que la “sangre blanca” limpiase la “sangre negra” de la historia. Se produce ahí un efecto perverso de la ideología del mestizaje en tanto horizonte ideal en los países poscoloniales, asunto sobre el que volveré en un próximo artículo.

No se trata de una cuestión de culpabilidad; no creo que la culpabilidad o que la responsabilidad tenga por qué ser hereditaria. Cada uno es únicamente responsable de sus propios actos y sería absurdo guardarle rencor a un blanco por aquello que hicieron sus antepasados e igual de injusto sería el hecho de ampliar a todas las personas de “su raza” una responsabilidad general. La demanda de reparación por la esclavitud, legítima y que comparto, no tiene nada que ver con alguna culpabilidad, sino con el hecho de devolver lo que ha sido tomado. La “culpabilidad blanca” emana con frecuencia de los blancos mismos, quienes sienten malestar cuando se habla de estos temas, como si se aludiera directamente a ellos. El trabajo simbólico y psicológico por hacer es enorme: la negación de este problema solamente prorroga infinitamente la supremacía blanca, y la ausencia de este trabajo produce una falsificación sistemática y patológica de la historia africana. Frantz Fanon decía que matando a un colono se liberaba a dos personas del colonialismo: hay que descolonizar tanto al blanco como al negro10 .

Si una fortuna se construyó a base de trabajo forzado, entonces tiene que ser restituida. Y este es el caso del desarrollo económico de Occidente y de su pasaje a la modernidad industrial: sin la acumulación permitida por el saqueo de las riquezas de África y de las Américas y la masa gigantesca de obras realizadas gratuitamente por brazos africanos y amerindios, Occidente nunca hubiese salido del medioevo económico (Eduardo Galeano, entre otros, lo demuestra en su libro Las venas abiertas de América latina11 ). Los judíos recibieron reparación de parte del Estado alemán, no porque cada alemán sea responsable de la Shoah, sino porque el Estado alemán cometió el genocidio en tanto tal, además de sacar extraordinarias riquezas de la confiscación de sus bienes. Asimismo, los estadounidenses de origen japonés obtuvieron reparación por haber estado internados en campos durante la Segunda Guerra Mundial. Son dos las dimensiones: el crimen cometido y las riquezas obtenidas de este crimen. No existe ningún motivo por el que los africanos deberían quedar excluidos de la justicia humana.

Cultura y liberación

Después de recorrer el aspecto “vivido” y el aspecto histórico de la identidad afro, quisiera ahora detenerme en la noción de cultura, que tiene aquí un papel fundamental.

La cultura afroamericana (y no solo afroestadounidense) tuvo una importancia enorme en mi concientización hasta integrar mi propia identidad, bajo las dos modalidades descritas a continuación.
En primer lugar está el papel esencial de la cultura como correa de transmisión: por medio de la música, la literatura y el cine tuve conocimiento de la historia de mis ancestros afroamericanos. La narración histórica eurocéntrica que nos envuelve inevitablemente en Francia no hizo sino subrayar la ausencia de mi propia historia en mi conciencia y en la conciencia general: asombra sobre todo por su falta de consideración. Esto era muy difícil al principio, sin una buena caja de herramientas: ¿cómo averiguar si lo que me iban a enseñar sobre mis ancestros no era una mentira y una manipulación? Porque aquel que se presenta como autoridad histórica es la continuidad histórica de aquel otro, responsable de la destrucción de África. Por lo tanto, fue por medio de la herramienta necesaria del afrocentrismo que emprendí la deconstrucción de la historia de África que se me había contado hasta entonces. Más tarde, gracias a la crítica radical de la epistemología y del paradigma de la modernidad occidental, pude empezar a deshacerme de la ideología colonial. La lista de los que tienen mi gratitud por el desarrollo de este proceso es demasiado larga para ser incluida en este artículo; espero poder establecer pronto una bibliografía para remediar esta falta.

El drama del descendiente de colonizado que vive en el mundo de la supremacía blanca, en mi opinión, reside en esto: padece una despersonalización caracterizada por su ausencia en el interior de la narración histórica que la nación hace de sí misma. Él no es sino un objeto de la historia, no existe fuera de su relación con el blanco. Esta dependencia resulta particularmente exacerbada en la mitología producida respecto del afroamericano: fue comprado, reducido a la esclavitud y luego por fin liberado, pero siempre por el blanco.
Es la cultura, en tanto aspecto reconstructor y productor de una identidad autónoma, de un nuevo centro para el descubrimiento y la identificación con la larga y continua historia de las luchas africanas y descoloniales, la que devuelve su humanidad al colonizado pues, en adelante, es un ser que actúa.
Fue difícil, debido a la presión constante de parte de la ideología colonial para singularizar, minimizar y apropiarse de la lucha: ¿acaso no es muy común escuchar que los colonizados arrancaron sus cadenas gracias a los ideales de las Luces? Jeque Mohamed Al Bachir Al Ibrahimi, en Argelia, no evocaba a Voltaire, sino al Corán cuando asoció el colonialismo con una empresa satánica y profundamente antiislámica12 .

Los primeros levantamientos organizados de esclavos africanos en Brasil tampoco ocurrieron gracias a la francofonía, más bien gracias a la lengua del islam, el árabe, lo que los supremacistas blancos se cuidaron mucho de recordar: es necesario preservar el mito de los villanos árabe-musulmanes que hicieron pasar el África negra por el filo de la espada.

Recordar que el islam fue la piedra angular de la lucha anticolonial en los países musulmanes les disgusta a los promotores de la barbarie colonial y a sus descendientes ideológicos de derecha o de izquierda. Ellos, que siempre encontrarán ventaja en su empresa, incluso en su propia destrucción, según la concepción fundamental de que Occidente era, es y será el Faro del Mundo en una laicización grosera del concepto de “Destino manifiesto”. La génesis de un acto solamente puede emanar de ellos. Siempre son los únicos actores de la Historia.

No por azar mi profesión de la fe islámica se produjo en la unión entre el momento de la deconstrucción y el de la reconstrucción de mi identidad: semejante cuestionamiento no podía ser parcial y yo no podía ahorrarme una completa revisión de mi relación con el mundo. El materialismo ateo ciertamente no es neutro, ni históricamente ni culturalmente: es el producto de la modernidad occidental. No nos confundamos respecto de mis declaraciones: siempre hubo gente con todo tipo de ideas acerca del sentido de su existencia; esto no implica ningún grado más o menos importante de alienación a la ideología de la modernidad occidental o, en otras palabras, a la ideología colonial.

Es más bien al aspecto hegemónico de esta doctrina al que apunto, este mismo que alteró desde hace mucho tiempo las diferentes religiones produciendo materialismos religiosos inseparables de un “desencantamiento del mundo”, este mismo, a su vez, indisociable de la colonización en tanto acto de puesta en periferia del conjunto del mundo alrededor de un centro dominador y hegemónico.

Precisamente a raíz de este aspecto hegemónico, mi palabra perdió un peso considerable dentro del ámbito militante y universitario, debido a mi testimonio de fe: me volví un individuo considerado “premoderno”, por no usar otros adjetivos.

Tampoco es por azar que el islam, así como también otras tradiciones espirituales, haya cumplido un papel tan importante en el seno de los movimientos afroamericanos: el que se hace garante de tu alma es también el que la posee; por lo tanto, una deconstrucción no puede ser completa sin un total cuestionamiento de la relación con el mundo, en todas sus dimensiones.

El trabajo de descolonización muy a menudo ha sido marcado por una transformación espiritual, sea en Irán con el Ayatola Jomeini y Ali Shariati, en Estados Unidos con Martin Luther King o Malcolm X, en India con Gandhi, en Perú con Tupac Amarú, en Argelia con Malek Bennabi, en Burkina Faso con Thomas Sankara o en Nicaragua con los sandinistas: consiste en una puesta a distancia crítica del “centro colonial”, encarnado en la forma de religiosidad dominante, mediante la ayuda de la conversión a otra religión, o bien mediante una reapropiación de esta fuente religiosa y su reajuste en una nueva interpretación. En definitiva, ambas tentativas no son tan diferentes.

Volviendo a la especificidad de la cuestión de los afrodescendientes uruguayos, no puedo dejar de evocar el rol identitario fundamental de las percusiones agrupadas bajo el nombre de “kandombe” (literalmente: “lo que hacen los negros” en idioma yoruba) en la conciencia afro. Ahí se encuentra el vínculo jamás interrumpido entre África y América, en los desfiles anuales o “llamadas”, que eran tanto demostraciones de fuerza como un medio de comunicación entre los esclavos africanos. Asimismo, encontramos en los símbolos que adornan diferentes banderolas, colores y banderas elementos de referencia propiamente africanos que nuestros ancestros buscaban transmitirnos: existen símbolos donde se mezclan la luna creciente y la estrella, indiscutible testimonio de la presencia del islam en los africanos deportados a América, corroborado por el descubrimiento de registros escritos en árabe por los esclavos africanos de Brasil.
El islam es pues un elemento integrado a la cultura africana y a la vez a la cultura afroamericana: una cuarta parte de los africanos deportados al universo concentracionario de América era musulmana.
Por supuesto que al kandombe no lo practican solamente los afrodescendientes. Muchos grupos están ahora mayoritariamente compuestos por blancos y un blanco puede perfectamente apreciar esta música e identificarse con ella. Esto no impide que la relación de un afrodescendiente con el kandombe sea necesariamente diferente: es para nosotros un elemento de supervivencia, una cuestión de vida o de muerte para nuestro pueblo el saber preservarlo y recordar sin cesar su significado y su historia.

Esta narración del rol de la cultura en la construcción de mi propia identidad no es, por cierto, tan orgánica y lineal como podría parecer: intento volver a juntar los fragmentos a posteriori. Tampoco quiere decir que el trabajo esté acabado. La profesión de la fe islámica tiene, por ejemplo, un lugar significativo: es un accidente en este trabajo de deconstrucción y un agente importante en el trabajo de reconstrucción, por lo tanto no ha sido otra cosa que el fruto de una búsqueda espiritual interior que trasciende estas consideraciones a la vez que las contiene. El grado de importancia de su rol solamente se me hizo claro, por así decirlo, durante la redacción de este artículo.

Mi reflexión sobre este tema todavía se encuentra en un estadio embrionario y cualquier comentario o recomendación sería para mí una ayuda valiosa en su desarrollo. Sobre todo si se considera que el acoplamiento del testimonio de una experiencia con su análisis constituye una empresa peligrosa en cuanto a la escritura de este artículo. La separación de la identidad afro en tres entidades es ficticia, por supuesto; no es sino un recorte que me permite expresar una relación con esta identidad y no una teoría de pretensión universal, como lo decía al principio de estas líneas. Cada parte es interdependiente e indisociable: la experiencia negra es a la vez una puerta y una jaula oscura, su relación con la historia una llave y una cadena, y su cultura una luz preciosa.

Febrero de 2013

Traducción del francés: Véronique Celton – Revisión: María Wallas


1. Esta nota ha sido publicada originalmente en francés en el sitio web de Les Indigènes de la République, http://www.indigenes-republique.fr/article.php3?id_article=1802 La traducimos y la publicamos con la muy amable autorización del autor (N. de la T.).
2. http://www.cases-rebelles.org/qui-est-noir-e/. Se puede leer el artículo en castellano en mi blog www.descoloniza-te.blogspot.com. Cases Rebelles es un sitio web francés de afrodescendientes y africanos, que alberga un programa de radio online.
3.http://www.mrax.be/spip.php ?article270
4.El autor se refiere a situaciones en las que presencia y percibe directamente la transformación de su propia identidad en la mente de un interlocutor, en el momento en que este se percata de su mestizaje. Con frecuencia cambia la actitud de la persona hacia él. Entró como blanco en una habitación, pero sale mestizo de ella (N. de la T.).
5.Quiero aclarar que este es el caso real de una mujer que conocí en el Norte argentino, hija de una japonesa y de un argentino blanco y a la que todos percibían como “indígena”, lo cual por supuesto no corresponde. Mi propósito es insistir en el derecho de cada uno a autodefinirse.
6.http://www.theroot.com/views/exactly-how-black-black-america ?page=0,0&fb_ref=fb_share_toolbar_horizontal)
7.Ver al respecto: “An African Tree Produces White Flowers: Black Consciousness in the Afro-Argentine Community During the Nineteenth and Twentieth Centuries” : http://www.as.miami.edu/clas/pdf/erika_edwards.pdf
8.Volveré sobre el caso del kandombe y su reapropiación problemática como «elemento nacional» de la cultura uruguaya en otro artículo, así como sobre el racismo en Uruguay, su costado más «estructural» y sus especificidades nacionales.
9.“colorismo”: teoría tendiente a dividir el afro descendiente en una miríada de categorías según el color de la piel y la parte más o menos importante de « sangre » negra.
10.Fanon, F., Los condenados de la Tierra, 1ª edición, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2007 (N. de la T.).
11.Galeano, E., Las venas abiertas de América latina, Buenos Aires, Siglo XXI editores, 2010 (N. de la T.).
12.http://www.liberation-opprimes.net/la-fatwa-de-cheikh-el-ibrahimi-contre-le-colonialisme/


jueves, 4 de abril de 2013

Celebración del Día los Derechos Humanos de Sudáfrica

Día de los Derechos Humanos, 21 de marzo de 2013 -La Mansión del Four Seasons, Cerrito 1455

Discurso de su Alteza Real Princesa Zenani Mandela
Embajadora de Sudáfrica en Argentina

 
Distinguidos invitados, damas y caballeros,

Hoy se recuerda el 17.o aniversario del Día de los Derechos Humanos en Sudáfrica, un día que ha sido declarado Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial, en honor y memoria de los sudafricanos que fueron masacrados en Sharpeville, Sudáfrica, el 21 de marzo de 1960, por manifestarse en contra de la ley de pases que los obligaba a llevar documentos cada vez que ingresaban en áreas reservadas para “europeos”. Tal era la brutalidad del Apartheid: una política que fue declarada crimen contra la humanidad por la Asamblea General de las Naciones Unidas.

Se ha dedicado este día a conmemorar el establecimiento de la Comisión de Derechos Humanos de Sudáfrica (SAHRC, por sus siglas en inglés). El objetivo de SAHRC es promover el respeto por los derechos humanos, promover la protección, el desarrollo y consecución de los derechos humanos, y monitorear y evaluar el cumplimiento de los derechos humanos en Sudáfrica.

Sus Excelencias, damas y caballeros,

Es un gran honor para mí hablarles sobre un asunto que ha ocupado un lugar muy cercano a mi corazón desde que tengo memoria. En toda nuestra historia como seres humanos, nada ha sido tan importante en cada época como los derechos humanos. Es el tema que ocupa páginas y páginas en nuestros libros de historia y que también ha servido de inspiración a nuestros más grandes poetas, cantantes, cuentistas, bailarines, cesteros, y es así como debe ser.

Permítanme decir de entrada que para mí los derechos humanos nunca han sido una noción abstracta, distante. Crecí en un hogar en el que las ideas de justicia, equidad, dignidad y derechos humanos se inscribieron en nosotros desde el momento en que empezamos a hablar. Mi padre y mi madre han dedicado sus vidas a la causa de los derechos humanos, e incluso la escuela secundaria a la que me enviaron fue elegida por su compromiso con la idea de los derechos que pertenecen a cada ser humano.

Nada encuentra mayor eco respecto de mi propio sentido de la dignidad que el Artículo 1 de la Declaración de Derechos Humanos, que dice: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos”. Pero el desafío no reside en expresar los derechos humanos en forma elocuente, sino en la forma en que las personas los experimentan en su vida diaria. Creo que es esto lo que dio origen a las Instituciones del Capítulo 9 de Sudáfrica, que juntas aseguran que el Estado haga todo en su poder para que las personas y los grupos de personas gocen de sus derechos humanos.

Distinguidos invitados,

Me enorgullece el papel que Sudáfrica ha cumplido en liderar el camino con su reconocimiento y celebración de los derechos humanos de todos, sin distinción de raza, nacionalidad, religión, color, orientación sexual o idioma. Cuando redactamos nuestra Constitución, lo hicimos muy a sabiendas del lugar central que ocupa el respeto por los derechos humanos universales para el establecimiento de una democracia constitucional valiosa. La larga lucha por la democracia nos había convencido de que nada excepto la libertad sin condiciones ofrecería la clase de libertad que con tanto esfuerzo habíamos luchado por materializar.

En nuestra búsqueda por ayudar a curar las heridas del país y lograr la reconciliación de su pueblo revelando la verdad acerca de las violaciones de los derechos humanos ocurridas durante el Apartheid, Sudáfrica recurrió a la Comisión de Verdad y Reconciliación (TRC, por sus siglas en inglés). La TRC fue un cuerpo similar a un tribunal que se formó en 1995 en Sudáfrica. Se instruyó a la Comisión pronunciarse respecto de lo que se había hecho, por quién y a quién, por qué y qué iba a hacerse respecto de esos abusos del pasado en nuestro presente más calmo. La experiencia de Sudáfrica resultó única porque el proceso no se ocupaba sólo de otorgar amnistía a los perpetradores de los abusos contra los derechos humanos; también buscaba dar voz a las víctimas y preveía la indemnización y rehabilitación de las víctimas. Subsiguientemente, Sudáfrica asistió a numerosos países africanos a establecer sus propias TRC, sobre la base del entendimiento de que la cura y la construcción de un país no es un hecho solo, sino un proceso continuado.

Como es sabido, tanto Sudáfrica como Argentina padecieron sistemas autoritarios en el pasado reciente, es decir, el sistema delApartheid en Sudáfrica y la dictadura militar en Argentina, en que serias violaciones a los derechos humanos fueron cometidas por parte de ambos regímenes. En ese sentido, los Ministros de Relaciones Exteriores de ambos países, en su reunión mantenida en noviembre de 2012,tomaron nota de algunas exitosas áreas de cooperación entre ambos gobiernos, mientras que también delinearon cuestiones clave que requerían de especial atención para lograr una mayor profundización de la vibrante cooperación en el campo mencionado.

Una de las áreas en las que mi país se propuso marcar una diferencia inmediata fue en abordar los muchos años de inequidad de Género. Si bien la Constitución declaraba la igualdad entre hombres y mujeres, así y todo era importante asegurar que esta igualdad estuviese reflejada en los hechos y no sólo en las palabras. Creo que es esto lo que ha hecho posible que Sudáfrica designara mujeres para algunas de sus instituciones clave, tanto públicas como privadas, incluido el sistema judicial, la comisión electoral y el banco de reservas.

Me gustaría agregar que una de las cosas que considero fue muy importante que hiciera Sudáfrica fue declarar en forma inequívoca que Sudáfrica pertenece a todos los que viven en ella. Esto significa que los refugiados y los que buscan asilo en nuestro país tienen acceso a todo el abanico de derechos de que gozan los ciudadanos sudafricanos. Yo creo que esto refuerza nuestra visión de que los derechos humanos no son divisibles y que si no se dispensan a todos, una sociedad no puede ser completamente libre, justa y democrática.

No hay duda de que construir y profundizar nuestra democracia constitucional sigue siendo un trabajo en curso, pero sí creo que en 19 años, hemos logrado mucho de que enorgullecernos. Permítanme ahora concluir con una nota personal y decir que es una profunda satisfacción ver cómo el resto del mundo se ha convertido en un laboratorio global para experimentar con el maravilloso sueño de una sociedad libre en la que los Derechos Humanos figuran como un ingrediente clave de las sociedades.

¡Muchas gracias!

domingo, 31 de marzo de 2013

Charla de IARPIDI por el Día Internacional de la Lucha Contra el Racismo


En el marco del Día Internacional de lucha contra el Racismo, el Instituto Argentino para la Igualdad Diversidad e Integración participó este martes 26 de marzo de una charla en el Colegio San José de Dios, ubicado en Villa Crespo, calle Castillo 767.

La charla se realizó por la iniciativa Ariel Lannone, profesor de geografía en dicho colegio. Luego de varias conversaciones, se pauta el día de la charla, a la cual participaron veintisiete alumnos/as del colegio, 25 de 3er año, 2 del 4° año y el Perceptor.

La charla se inició con una breve presentación de la delegación de IARPIDI, compuesta por su presidente el Sr. Nengumbi Celestin Sukama, la secretaria, la Srta. Guadalupe Sarubbi y Belab Saintejour. Y constó de tres etapas. La primera consistió en la presentación de una breve reseña histórica sobre el surgimiento del Día Internacional de lucha contra el racismo, el 21 de marzo. Se explicó que esta fecha, que hoy en día es internacional, es debido a la masacre contra manifestantes que protestaban en contra de la ley de pases, ley que controlaba los desplazamientos de la población negra en zonas urbanas así como en zonas rurales, que realizó el gobierno conservador, el cual seguía una política de segregación racial, apartheid, en Sudáfrica. En ese día, el 21 de marzo de 1960, la policía mató a 61 personas e hirió a 180. Ese día marcó un antes y un después en la historia de Sudáfrica. Es en recuerdo a esa masacre que la Asamblea General de la Naciones Unidas, en su cesión del 26 de octubre de 1966 y con el espíritu de fomentar la lucha contra el régimen del apartheid, declaró el 21 de marzo el Día internacional de la eliminación de la discriminación Racial, conocido hoy como el Día Internacional de lucha contra el Racismo.

Luego de esta breve reseña histórica, la secretaria de IARPIDI, Guadalupe Sarubbi, intervino para hablar de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, haciendo énfasis en el preámbulo y el artículo primero donde es estipula que “todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”. También comentó el mandato del Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI) respecto de su responsabilidad en la lucha contra el racismo en el contexto geográfico argentino.

Después de esta primera parte, la charla continuó con un espacio abierto para que los/las alumnos/as pudieran formular preguntas. De esta manera, se llevó a cabo una actividad de preguntas y respuestas, respuestas por parte de la representación de IARPIDI y algunas intervenciones y observaciones del profesor Ariel. En términos generales, los alumnos quisieron saber más sobre el concepto de refugiado, los motivos que llevan al refugio o exilio, los criterios para acceder al estatuto de refugiado, las dificultades que implican dejar la tierra, los familiares y amigos, y también sobre la posibilidades de inserción en la sociedad argentina. A la asistencia, le llamó mucho la atención que alguien que sufrió discriminación y barreras para su inserción e integración profesional, fundara una organización que luche por la igualdad de derechos y que se transformara en activista para ayudar a los demás.

La tercera etapa se inició con la proyección de un video de las Naciones Unidas sobre la campaña “Declárate defensor o defensora de derechos humanos”. Luego de la misma, el Sr. Sukama habló de la importancia de la promoción y protección de los derechos humanos y motivó a que los/las alumnos/as entendieran por qué hay que defender los derechos humanos. Por último, el Sr. Sukama invitó que los/las presentes se declararan defensores y defensoras de derechos humanos. Este ejercicio se concretó mediante algunas declaraciones individuales y finalmente una declaración grupal, la cual citaba, a modo de ejemplo: “Soy Nengumbi, desde Buenos Aires, Argentina, me declaro defensor de los derechos humanos y digo no al racismo”. Seis personas hicieron una declaración individual (Nengumbi, Ariel Lannone, Guadalupe Sarubbi, dos alumnos y dos alumnas). Luego se hizo una declaración colectiva de la siguiente forma: Todos con la mano derecha levantada declararon juntos: Desde Buenos Aires, Argentina nos declaramos defensores y defensoras de derechos humanos y decimos no al racismo”. 
 
De esta manera, en un clima de satisfacción y alegría (aplausos, aplausos y aplausos), terminó esta actividad, que sin lugar a dudas gozó de la máxima colaboración de la Rectora del colegio, la Sra. Estela Zanotto, del Director de estudio, Gabriel Grosso y del Perceptor, Juan Manuel Romero quien también se encargó de la filmación del evento.

Por: Nengumbi Celestin Sukama

domingo, 17 de febrero de 2013

Taller al Movimiento de Samba Enrredo y Samba Regaae de la mano del Mestre Jorge Luiz Germano Da Silva




Estimados compañeros/as del Movimiento Afrocultural en este nuevo año 2013 se Suma un Nuevo Taller al Movimiento de Samba Enrredo y Samba Regaae de la mano del Mestre Jorge Luiz Germano Da Silva Hijo del legendario Germano Da Cuica que fue uno de los mayores referentes de la Gremio recreativo Escola do Samba Mocidade Independiente del Padre Miguel – de la Ciudad de Rio de Janeiro-, El propósito de este Taller es entre otras cosas es poder pasarle a la sociedad en general y a los Alumnos de cualquier Nivel Musical que quieran desarrollarse en el Arte de la Percusión Afrobrasileña desde el Movimiento Afrocultural la experiencia, los códigos, la idea de desarrollar un oficio por el cual los otros nos respeten y valoren lo que desarrollaron en el pasado nuestros ancestros a través de los referentes actuales que en el Caso de Jorge Luis además tiene un valor agregado ser hijo de un Mestre de Música dedicado y destacado y quien por su Legado Familiar, Amplia Experiencia y Destaque y Características Personales y además contar con Todo el Swing de la Cultura Musical Afrobrasileña. Entendemos que Mestre Jorge Luiz es una persona ideal para llevar adelante esta Maravillosa Tarea de Difusión y Registro de Cultura afrobrasileña.

El Taller estará dividido en 2 (dos) partes una será de Samba Enrredo y la otra de Samba Regaae. Esperamos enriquecer este Taller con la presencia de los mayores referentes de la cultura afrobrasileña en Argentina como es el Sro. Renato Dos Santos uno de los primeros y mejores Ejecutores de Cavaquinho en Buenos Aires muy conocido en la Noche del Samba y Pagodi de la CABA, la Sra. Stela Delfino una leyenda de la música popular afrobrasileña en la CABA y esperamos contar también con la presencia del compañero Derick Santos uno de la Mayores Guitarristas Afro de la Argentina y quien se ha destacado acompañando a Bandas por el mundo además se invitaran a participar en el Taller a las nuevas Figuras Jóvenes de la música popular brasileña y del samba reggae.

La fecha de Inicio del Taller, Viernes 15 Marzo todos los viernes en el horario de 17:00hs a 19:00 hs, en las Instalaciones del Centro Cultural Movimiento Afrocultural en Defensa 535 entre Venezuela y Mexico, Capital Federal, líneas de colectivos que te acercan 2,64,130,152,159,103,24,29,33,8,86,etc. Por cualquier información adicional contactarse de lunes a viernes de 13:00 hs a 22:00 hs con el Sr. Joel, JACINTHO VIEIRA al 1556054281 Coordinador del Espacio Afrobrasileño. El Costo del Taller será un bono contribución de $30 por clase o un abono de $120 por mes. Se ruega a todos/as las/os que puedan traer su instrumento que lo hagan. El Mestre Jorge Luiz resalto que las personas que no puedan pagar el abono por causales socioeconómicas se evaluara si el taller cubriría ese abono.

Jorge Luiz Germano Da Silva quiere agradecer el espacio cedido en el Movimiento afrocultural para poder difundir la cultura afrobrasileña, principalmente a los referentes históricos del mismo hoy presentes el Prof y lutier, de la escuela de candombe Bonga, Javier Bonga Martinez y al Mestre de capoeira y lelutier , Diego Bonga Martinez , también se le agradece a la compañera lucia ruderman por aportar en este proyecto de inclusión social y cultural de los referentes negros en la argentina y por supuesto que a todas las personas que participan diariamente para que el movimiento funcione, comisión directiva etc.

Para informarse sobre otras Actividades que se producen en el Movimiento Afrocultural de la Calle Defensa 535 comunicarse de lunes a viernes de 13:30 hs a 19:00 hs al 4-342-6610.
Saludos.

Banda afroaxe.

Coordinación General del Taller de Percusion Afrobrasileña
: Señor Joel, JACINTHO VIERA, tel:1556054281
Dirección Del Taller de Percusión Afrobrasileña: Mestre Jorge Luiz Germano Da Silva, tel:1562984180

Joel Jacintho Vieira

miércoles, 30 de enero de 2013

1813 ASAMBLEA GENERAL CONSTITUYENTE 2013

A 200 AÑOS DE LA LEY DE LIBERTAD DE VIENTRES 
 
El próximo 31 de enero de 2013 se cumplirán doscientos años de la inauguración de la Asamblea General Constituyente de 1813 o Asamblea del Año XIII.

Para nosotros, los descendientes de los bravos africanos que fueron secuestrados de sus patrias y traídos a lo que hoy es la Argentina, esclavizad@s, sin derechos y con muchas obligaciones, tratad@s como cosas, usad@s y mal usad@s como objetos, robados sus nombres pero no sus creencias religiosas y prácticas sociales, culturales y políticas. Su fuerza interior y resistencia hacen que hoy nos enorgullezcamos de pertenecer biológicamente a su linaje y nos re-conocemos en ellos.

Este 31 de enero será un día no laborable que dedicaremos a su recuerdo, pues especialmente para los africanos y sus escendientes fue el inicio del reconocimiento del derecho más preciado: la libertad, aunque no se concedió plenamente. Este punto es importante destacarlo porque NO FUE, como se dice vulgarmente e, incluso, mal enseñan algunos maestros y académicos, la abolición de la esclavitud en la Argentina. Fue sólo el primer paso. Su fin recién se dio en 1853 en las provincias y en 1861 en la ciudad de Buenos Aires.
Podemos decir que el objetivo de la Asamblea del Año XIII fue la representación de los pueblos recién emancipados para definir el sistema institucional que deseaban, con el propósito de proclamar la independencia y redactar la constitución del nuevo estado. Si bien tomaron varias resoluciones, queremos destacar la de la libertad de vientres y el fin del tráfico de esclavizados.

Es importante no solamente para nosotros, los afroargentinos del tronco colonial, sino para todos los afrodescendientes y africanos, que celebremos y elevemos las voces, porque a pesar de los avances logrados todavía hay mucho por hacer, porque la reivindicación no está hecha y debemos procurar la unión de TODOS para este objetivo en común: lograr los plenos derechos económicos, sociales y culturales, a los que debemos sumarle los educacionales, para que la igualdad dé fin a la discriminación, racismo, xenofobia y toda forma conexa de intolerancia. En resumen, para vivir con alegría y dignidad en una sociedad justa, equitativa y plural.

En eterno recuerdo a Macián y Vicencio, los primeros esclavizados africanos subastados en Santa María de los Buenos Ayres, en 1538, ya 200 años de la Ley de Libertad de Vientres, recordando con orgullo el valor de nuestros ancestros los afroargentinos del tronco colonial exclamamos:

¡Aquí nos trajeron!
¡Aquí nos quedamos!
¡Y ahora… AQUÍ ESTAMOS
luchando por nuestros derechos! 


Firman
COFRADIA DE SAN BALTASAR
Bº CAMBA CUA CORRIENTES

Adhieren
. Cátedra Libre de Estudios Afroargentinos y Afroamericanos de la
Universidad Nacional de La Plata
. INDOAFROAMÉRICA… Un programa por los Derechos de las Minorías.
AM 540 y FM 102.9 Radio Nacional Santa Fe
- Radio Comunitaria de Arroyo Leyes – Santa Fe