Entrevista Nengumbi con Paul Byrne

Buenos Aires, Argentina Diciembre 2009

miércoles 14 de marzo de 2012

Los Afro argentinos y la Justicia Social

La presencia afro en la identidad nacional argentina siempre ha sido objeto de un debate permanente a nivel nacional como internacional, necesitando de este modo que serias investigaciones ocurrieran para subsanar las informaciones contradictorias al respecto para poder llegar a la verdadera identidad nacional argentina, la cual incluye la población procedente de áfrica subsahariana, es decir áfrica negra. Tras rescatar la presencia afro como uno de los componentes poblacional argentino, es importante hacer referencia a sus aportes y contribuciones en la construcción del país y abordar lo relacionado a la justicia social de este fragmento poblacional.

El censo llevado a cabo por Juan José de Vértiz y Salcedo en 1778 arrojaba resultados con una presencia afro muy elevada en las provincias de mayor producción agrícola: el 54% en la provincia de Santiago del Estero, el 52% en la provincia de Catamarca, el 46% en la provincia de Salta, el 44% en la provincia de Córdoba, el 42% en la provincia de Tucumán, el 24% en la provincia de Mendoza, el 20% en la provincia de La Rioja, el 16% en la provincia de San Juan, el 13% en la provincia de Jujuy, el 9% en la provincia de San Luis.1 En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires la población afro representó el 30% del total durante la presidencia de Juan Manuel de Rosas. En la actualidad se estima que los afro descendientes representan aproximadamente el 2% de la población argentina, pero este porcentaje hubiese sido superior a 4% si los afro descendientes residentes en ciudades con una población mayor a 50.000 habitantes hubiesen sido censado como teniendo raíces afro en el censo nacional de 2010.

Respecto a los aportes y contribuciones en la construcción de la Argentina, los africanos como esclavizados, se destinaron a las labores de agricultura, ganadería, el trabajo doméstico y en menor medida la artesanía. En las zonas urbanas, muchos desarrollaban labores de artesanía para la venta, cuyos réditos percibían sus patrones. Adicionalmente, en condición de esclavizados, libertos o inmigrantes, los afro argentinos aportaron mucho en la construcción de Argentina como lo señaló Jorge Miguel Ford en “Los Miembros Sobresalientes de mi Raza” donde da perfiles de catorce afro argentinos, de los cuales seis estaban en las fuerzas armadas (Lorenzo I. Barcala; Domingo Sosa; Felipe Mansilla; Casildo Thompson; Eduardo Magee; José María Morale), dos eran compositores (Federico Espinosa, Zenón Rolón), dos eran intelectuales (Froilán P. Bello; Casildo G. Thompson); uno era un filantrópico (Eugenio Sar); uno era escriba (Tómas B. Platero); uno era periodista (Manuel G. Posadas) y uno era poeta (Horacio Mendizábal). Muchos otros aportaron y siguen aportando en otros aspectos y sectores de la sociedad argentina, pero con una fuerte invisibilización de sus aportes y de ellos mismos como una manifestación deliberad y notable del racismo en Argentina como lo ha manifestado la Dr. María José Lubertino cuando era presidente del INADI, “Los afros en la Argentina han sido invisibilizados y hoy siguen invisibles. Este es el resultado de un proceso de diáspora producido por el esclavismo y su transformación en servidumbre… La actual estratificación social los ubica en la pobreza”

En cuanto a la justica social, la historia de la esclavitud misma y los maltratos recibidos por integrantes de la comunidad afro durante y después de la abolición de la esclavitud demuestran la violación sistemática de sus derechos fundamentales (políticos, civiles, económicos, sociales y culturales) que revela la notable injusticia social que caracterizó y caracteriza a esta comunidad en Argentina.

El concepto de la injusticia social puede evocarse cuando no todas las personas dentro de una sociedad tienen acceso igualitario a las instalaciones, servicios, sistemas, beneficios dentro de esa sociedad y en el caso de la comunidad afro, esto se caracteriza por no tener acceso igualitario a varios de sus derechos fundamentales, principalmente la educación, el empleo decente y estable, la vivienda digna, derechos políticos ubicándola en la situación de marginalidad y pobreza permanente. Esta injusticia social fue y sigue siendo producto de los sistemas políticos y conductas culturales y sociales que prevalecen en nuestro país por considerar que los afros no deben ser tratados con dignidad humana (algo difícil de crear o de reconocer por distintos motivos).

A través la III Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación racial, la Xenofobia y la Formas Conexas de Intolerancia (septiembre 2001) se consideró como delitos de lesa humanidad, los tratos inhumanos infligidos a integrantes de la comunidad afro por intermedio de la esclavitud y el racismo, y esto implicaría que Argentina como país había incurrido en estos delitos. Por lo tanto en función de la injustica padecida por integrantes de esta comunidad y en sintonía con los instrumentos internacionales y nacionales de derechos humanos se explicaría la necesidad imperativa y urgente de reparación de dichas injusticia en pos de la construcción de una sociedad igualitaria.

La protección, promoción y defensa de los derechos humanos es la responsabilidad de los Estados a través de sus distintos organismos desde la nación hasta los municipios, con el involucramiento de todos los sectores de la sociedad (partidos políticos, empresas privadas, escuelas, sindicatos, universidades, iglesias, hospitales, etc.) y de la ciudadanía. Es en este contexto que las Naciones Unidas habían proclamado en 2007 el 20 de febrero de cada año, como Día Mundial de la Justicia Social, considerándola “un principio fundamental para la convivencia pacífica y próspera” y que constituye “el núcleo su misión global para promover el desarrollo y la dignidad humana”. La justicia social tiene entonces por objetivos principales: “erradicar la pobreza y promover el empleo pleno y el trabajo decente, la igualdad entre los sexos y el acceso al bienestar social y la justicia social para todos”.

En términos concretos, la argentina tiene una deuda pendiente con la comunidad afro y el momento ha llegado para que la sociedad con las directrices y colaboración de los gobernantes empiece a deshacerse de esta deuda. Para ello, se podría recurrir a las siguientes sugerencias:
Realizar un censo que permita identificar a integrantes de la comunidad según su lugar de residencia, ¿en qué condiciones viven? ¿Cuáles son sus niveles de educación?, ¿Cuáles son sus necesidades educativas?, ¿Cuáles son sus posibilidades de empleabilidad y reinserción profesional y/o laboral?, ¿Cuáles son sus necesidades de vivienda, de salud, de otros servicios básicos? Esto le permitiría al Estado determinar o identificar prioridades, es decir necesidades, para luego diseñar con la colaboración y participación de los interesados y otros organismos la política social adecuada y específica para la comunidad. Luego, habrá que disponer de todos los recursos necesarios (recursos humanos, financieros, técnicos, institucionales, etc.) para la implementación de la dicha política social y colaborar en el control, ejecución y evaluación de los resultados. Esto se resumiría en la elaboración e implementación de un Plan Nacional de Acciones Afirmativas como recomendado en las Conclusiones y Resoluciones de la Conferencia de Durban para identificar necesidades, atenderlas creando oportunidades económicas y prosperidades, y garantizando los derechos.

Me gustaría terminar este artículo con la observación de Alejandro Solomianski en Identidades secretas: la negritud argentina, donde resalta que “permanentemente hubo un grupo opresor (Euro-argentino) identificado con un concreto sistema ideológico-cultural (euro centrista capitalista) y diversos grupos oprimidos”1. El autor sigue y dice: “en gran medida la historia de la negritud argentina es también la historia de la blanquedad argentina, aunque no queramos verla en tanto tal o aunque ésta se nos auto presente, como la única argentinidad”2.


Por. Nengumbi C. Sukama
Presidente IARPIDI.

viernes 2 de marzo de 2012

El negro Barcala

Por: Rogelio Alaniz

Cuando Facundo Quiroga derrotó a Lamadrid en la batalla de Ciudadela decidió fusilar a todos los oficiales prisioneros. Se dice que de los 33 oficiales, 31 fueron pasados por las armas. Dos salvaron sus vidas. Uno fue Pedro Morat que se escapó aprovechando la distracción de un centinela y el otro el coronel Lorenzo Barcala. Barcala era el único negro con rango militar. En realidad fue el único negro en la historia patria que llegó a coronel, grado que le otorgó el general Paz en el campo de batalla.

A Quiroga le debe haber llamado la atención que un negro sea coronel o tal vez fue el azar el que determinó que decidiera conversar con uno de los prisioneros condenados al paredón. El diálogo entre Quiroga y Barcala es leyenda. No hay documentos que verifiquen su existencia real pero, como dijera el periodista de la célebre película de John Ford, “Cuando en el Lejano Oeste la historia y la leyenda se confunden lo que importa es escribir la leyenda”.

Se cuenta que Facundo lo encaró a Barcala y le preguntó a boca de jarro: “Si usted estuviera en mi lugar ¿qué haría?”. Quiroga esperaba la respuesta previsible de un condenado a muerte: el perdón, la clemencia, la piedad o algo parecido. Sin embargo Barcala sin bajar la vista le respondió: “Fusilarlo en el acto”. Dicen que los ojos de Quiroga brillaron debajo de sus cejas espesas. Los que lo conocían sabían que ese brillo era el anticipo de una decisión temible y sobre todo imprevista. Quiroga se acercó a Barcala y en voz alta para que todos escuchen dijo: “Entonces desde hoy usted será mi ayudante”.

¿Quién fue Barcala? ¿Cómo fue posible que un negro llegara a ejercer el grado de coronel otorgado por el oficial más brillante de la historia nacional? ¿Es verdad que era tan popular entre la tropa? ¿Es cierto que además de valiente era inteligente y culto? ¿Dónde termina la historia y empieza la leyenda?

Según se sabe, Barcala pudo haber nacido en 1893 ó 1895 en Mendoza. Sus padres eran negros africanos. Conoció la esclavitud desde niño, aunque en Mendoza el trato a los esclavos era relativamente benigno, sobre todo si se lo comparaba con el que recibían -por ejemplo- en Brasil o en los países donde predominaba la economía de plantación. Barcala fue liberado de la esclavitud en 1813. Su amo se llamaba Cristóbal Barcala. Era un acaudalado comerciante de la ciudad que no sólo le dio la libertad, sino que además le permitió usar el apellido.

Cuando San Martín llegó a Mendoza, Barcala ya era soldado. San Martín le encargó que organizara el regimiento de negros, tarea que cumplirá al pie de la letra, porque ya para entonces es un personaje popular entre la tropa y, muy en particular, entre sus paisanos negros. No se sabe con certeza por qué Barcala no se sumó al Ejército de los Andes, aunque sí se conoce el aprecio que le tuvo San Martín.

Para 1819 y 1820 ya estaba metido de lleno en las guerras civiles de donde nunca más saldrá. En la crisis de 1820 peleó bajo las órdenes del general Bruno Morán y luego del general José Albino Gutiérrez. Entonces su grado militar era el de sargento y en esas refriegas ganará un ascenso y una medalla por haber luchado contra “la anarquía”.

Unos años después lo encontramos en Cuyo al lado del fraile Aldao y enfrentado al político sanjuanino Salvador María del Carril. Ya para entonces lo conoce a Lavalle y en un escenario donde la división entre unitarios y federales era cada vez más tajante, él ya está identificado con la causa unitaria. Su posicionamiento no es ni ideológico ni doctrinario. Como la mayoría de los protagonistas de aquellos años, su alineamiento se realiza atendiendo las luchas facciosas locales.

En 1826 está en Brasil y pelea bajo las órdenes del coronel Ramón Bernabé Estomba. En la batalla de Punta del Este es tomado prisionero y trasladado a Río de Janeiro. Su situación será particularmente difícil por su condición de negro en un país esclavista. Su prisión en Brasil se prolonga hasta el fin de la guerra. Sus biógrafos aseguran que aprovechó el “tiempo libre” de preso para estudiar.

Cuando en 1828 regresa Buenos Aires con la mayoría de los oficiales que pelearon en esa guerra, no tiene reparos de participar en el derrocamiento de Dorrego. Decide luego ponerse bajo las órdenes del general Paz. Como soldado del célebre Manco pelea en las batallas de San Roque, La Tablada y Oncativo. Los ascensos a teniente coronel primero y a coronel después los gana en el campo de batalla. Paz lo considera uno de sus oficiales más inteligentes y decididos. Según Sarmiento, Barcala fue el nexo entre el general Paz y el pueblo. “Fue el genio inspirador de las nobles ideas entre la gente del pueblo y fue el propagandista sincero de los principios del orden y la cultura entre las masas”. Agrega luego Sarmiento: “Paz llevaba consigo un intérprete para entenderse con las masas cordobesas ¡Barcala!”.

En los ejércitos de la revolución y en las guerras civiles la participación de los negros fue importante. Se estima que en algún momento llegaron a representar al treinta por ciento de la tropa. Exageraciones al margen, lo cierto es que no fueron pocos. Es muy probable que muchos hayan creído en los ideales de la independencia, aunque tampoco se debe descartar que la gran mayoría se movilizaba por las promesas de libertad o, como dijera Borges, por la incitación al peligro. Los regimientos de pardos y morenos fueron importantes, pero, hay que agregar, importantes para los dos bandos, ya que los godos también contaban con la contribución de los negros. En nuestra modesta historia, la leyenda recuerda al negro Falucho y su épica en el Callao. Se habla del negro Antonio Videla que peleó en el sitio de Montevideo. Y no mucho más. De todos, Lorenzo Barcala fue el más famoso y, de alguna manera, el más auténtico. Enredado en las guerras civiles nunca salió de ellas y terminó siendo una víctima más de un proceso implacable que exterminaba sin piedad a sus propios protagonistas.

Después de sumarse al estado mayor de Quiroga, se mantuvo leal a su flamante jefe hasta la muerte de éste en febrero de 1835. La sucesión por el liderazgo de Quiroga dio lugar a una feroz guerra civil en el noroeste entre los principales caudillos de entonces: los hermanos Aldao en Mendoza, Martín Yanzón en San Juan, Brizuela del Moral en La Rioja y Alejandro Heredia en Tucumán. El que se quedará con el trono vacante será Heredia, aunque no por mucho tiempo. En el camino serán ejecutados o muertos en el campo de batalla los principales caudillos. El propio Alejandro Heredia, unos años después, será asesinado en una emboscada en la estuvieron comprometidos los jóvenes unitarios. La guerra civil era una impiadosa máquina de picar carne.

Barcala en esos años está alineado con Yanzón y su enemigo declarado es el fraile Aldao. Cuando se inicia la disputa por la sucesión del poder en Cuyo, Yanzón y su ministro pensante Domingo Oro desde San Juan lo movilizan a Barcala contra Aldao. Los sanjuaninos son derrotados en el campo de batalla. Se inicia entonces una tensa negociación entre Oro y Aldao. Aldao promete olvidar la afrenta si le entregan a Barcala. Si esto no ocurre amenaza invadir San Juan y no dejar títere con cabeza. Ante semejante perspectiva, Oro no duda un instante: entrega a Barcala.

Así se arreglaban las diferencias entonces. Entre el fraile apóstata y borracho y el muy culto y distinguido Oro no había en el fondo grandes diferencias. Y si las hubo Barcala no las pudo llegar a apreciar. Al negro de Paz lo trasladan a Mendoza engrillado. Aldao organiza un simulacro de juicio y Barcala es fusilado el 1º de agosto de 1835. Tenía cuarenta años y la oportunidad que le dio Quiroga no se la dio el temible fraile. El juez que presidió el tribunal se llamaba Timoteo Maradona y es probable que haya sido bisabuelo de don Laureano Maradona, cuya familia es de origen cuyano.

La carta de despedida, Barcala se la envió a él. “Cuando esta carta llegue a sus manos yo ya no existiré. Estoy en capilla y mañana a las once seré ejecutado. La amistad que he tenido con usted y toda su casa espero que sirva para que haciendo los mayores esfuerzos mande mi equipaje a mi desgraciada familia. Así se lo suplica su atento y desgraciado amigo”. Barcala vivió y murió como un valiente. La misma suerte corrió su hijo Celestino treinta años después, cuando fue fusilado luego de la batalla de Pozo de Vargas por Felipe Varela.

Fuente: http://www.ellitoral.com/index.php/diarios/2010/07/28/opinion/OPIN-05.html

Facundo Quiroga y José Felix Aldao. El primero le perdonó la vida a Barcala, el único negro con rango militar en la historia nacional. El segundo, lo mandó a fusilar.

martes 21 de febrero de 2012

Carnavales Afrodescendientes San Telmo 2012

Buenos Aires, 18 de febrero de 2012

Estimados/as:De nuestra mayor consideración:Tenemos el agrado de dirigirnos a Usted con el fin de hacerle llegar nuestra más cordial invitación a los “PRIMEROS CARNAVALES AFRODESCENDIENTES – SAN TELMO 2012”, Los días sábado 3 y domingo 4 de marzo de 2012, a partir de las 18hs, el Barrio de San Telmo recibirá los primeros Carnavales Afrodescendientes. Invitamos a todos los ciudadanos a sumarse a esta celebración que busca visibilizar y revalorizar los aportes afrodescendientes a la construcción de una identidad nacional incluyente. Las comparsas desfilarán desde Av. Independencia y Perú, por Perú hasta la calle Alsina donde se encontrará el escenario principal ubicado en la Manzana de las Luces. clases abiertas de baile y DJ en vivo.

Algunas de las comparsas que desfilaran:

Lonjas de San Telmo
Guarilo
Escalandombe
Escuela de Candombe Bonga
Iya kerere
Bombele
Kumbabantu
Lonjas 932
Irala
Mburucuya

Algunos de los Grupos musicales:


Heber piriz candombe
Bayakan rumba afrocubana
Estampas peruanas
Los sabalos -son cubano
Va de vuelta- murga estilo uruguayo
Elemi rumba afrocubana
Javier bonga candombe
Cañete negro peru
La de siempre- murga estilo uruguaya
Guaia mestiza
Danza Nova , escuela de danzas afro bahianas
y muchos mas




Javier Ortuño
Asociación civil África y su diáspora

El Carnaval fue de los negros

por Enrique Arrosagaray



Actualmente convertido en la gran fiesta-negocio de cada mes de febrero, el Carnaval fue, en sus orígenes en el Río de la Plata, patrimonio de los negros que llegaban a América en los barcos españoles como esclavos, pero con todo su bagaje cultural.
El Carnaval fue de los negros

DANDANI ENRIQUE ARROSAGARAY
Nace centurias los esclavos romanos disponían de tres días por año de libertad relativa. Eran las llamadas fiestas saturnales: se reunían, festejaban, bailaban, cantaban, se embriagaban y hasta podían pedir limosna. Esta es uno de los posibles orígenes de los carnavales. Tal vez vía España hayan llegado a nosotros, con aditamentos propios de los ibéricos.

La otra fuente se relaciona con África y sus nativos. Cuando los españoles -y otras potencias civilizadas- secuestraban a los nativos africanos en sus pueblos, los cargaban en los barcos y los vendían para mano de obra gratuita, no tenían más remedio que transportarlos con su bagaje cultural. Los africanos introducidos en Buenos Aires pertenecían sobre todo a grupos bantúes, que habitaban por el centro de ambas costas del Continente Negro (las actuales Angola y Mozambique).

Los negros africanos tuvieron también algunos días de libertad, otorgados graciosamente por las autoridades españolas, para divertirse por las calles de la colonia de Buenos Aires. Podían bailar y cantar, copular y beber. Y hasta componer versos.

"Los negros se organizaron en cofradías por nación de origen bajo la constante tutela de un religioso -cuenta el historiador e investigador Ricardo Rodríguez Molas, apasionado por la vida colonial-, y en los días de San Baltasar o de resurrección se reunían y andaban en grupos tocando instrumentos y cantando. A estos grupos los blancos ya los llamaban comparsas, Danzaban al son del tambor que tocaban, andaban por las calles. La gente del pueblo, la clase alta, los miraba con sorna. Eso fue a fines del siglo XVIII, y se mantuvo durante la primera mitad del siglo XVIII.
Paralelamente, los españoles en Buenos Aires tenían algunas características en sus comportamientos festivos para esos días, a los que llamaban fiesta de aguas: solían perforar huevos con extrema prolijidad, quitaban la clara y la yema y los llenaban de agua. Luego sellaban la pequeña perforación con cera. Usaban huevos de gallina, de pato y hasta de avestruz. Luego, salían ala calle, a pie o en sus carros y se los lanzaban unos a otros.
La Iglesia estuvo en el origen de estos festejos de negros, pero para controlarlos, en connivencia ideológica y política con los gobernantes españoles, obviamente blancos.

Sobre textos de documentos de policía y de tribunales ubicados en el Archivo General de la Nación, Rodríguez Molas rescata este párrafo: "Reunión en San Baltasar... estaba el padre Vicente Piñeiro diciendo misa y yo •?otro cura •? en el confesionario. Viendo, agrego que no podía oír a los penitentes que estaban en ese momento confesando por la bulla que metían los negros con sus alaridos y tambores, viéndome en la necesidad de salir a echarlos y encontré al bueno de¡ capellán de ellos sin despedirlos ni haciéndoles callar". La táctica de los españoles no era impedir los festejos sino controlarlos. Este era en realidad un mecanismo viejo de los conquistadores y opresores.
Rodríguez Molas aporta un dato de 1615, originado en la legislación virreinal del Perú, donde se habla de la emisión de 11 ordenanzas con el fin de que las danzas y las reuniones de indios y negros tuviesen lugar a la vista y con el fin preciso de controlarlas ( ... ). Lo más sustancial es traer a la vista sus juntas y bailes ( ... ) que sean en partes públicas y conservar la separación de las naciones".

¿Había necesidad de que los españoles se preocuparan por fomentar este tipo de organización de los negros para abortar una posible organización independiente? Ellos estimaron que sí, aunque los negros que trajeron al Río de la Plata eran originarios de la zona costera y central de África y poseían menos cohesión entre sí; no eran sudaneses, es decir, no eran los negros islamizados del norte de Africa. Los sudaneses eran más aguerridos, como los que introdujeron en Brasil y que hicieron grandes rebeliones. Se escapaban de las plantaciones, se metían en las selvas o en los palmares y formaban los famosos quilombos, que duraron como cien años. Siguieron siendo libres, aunque perseguidos, y con las formas de vida que ellos quisieron. En Buenos Aires no había adónde escaparse.
Pero después de las invasiones inglesas los españoles tuvieron un renovado temor, "por eso al otro día del triunfo sobre los ingleses en la defensa de Buenos Aires, en 1807, el virrey ordena que a los negros había que sacarles las armas y darles un premio".
Las comparsas de negros comenzaron a ser imitadas por blancos que se tiznaban sus rostros. Hubo un período en el que convivieron comparsas de blancos y de negros.

Pero cuando se realiza el primer corso que registra la historia, en 1869, predominan definitivamente las comparsas de blancos.
"El primer corso se realizó en la actual plaza Lavalle, que en esa época se llamaba Plaza del Parque porque allí estaba el Parque de artillería. Las comparsas de blancos igual se ploman nombres de negros como Negros Cocineros, Nación Benguela, Negros Cantores o Negros Argentinos."
El primer escritor de novelas policiales que tenernos, Rafael Barreda, fue partícipe y relator de lujo de toda aquella época del surgimiento oficial del Carnaval y de su vinculación con el tango. "Por ejemplo -cuenta Rodríguez Molas- Barreda habla de la Comparsa de las Delicias, de 1879, y cuenta qué instrumentos usaban: bombos, platillos, cometas, pistones y cuanto instrumento bullanguero encuentren a mano."
“¿Disfraces? Sobre finales del siglo XIX era habitual que usaran máscaras imitando los rostros de personajes de la época, como Sarmiento, Avellaneda, Alsina o trajes de condes o perfiles de italiano."
¿Qué cantaban? Ante la pregunta, el historiador no duda: cantaban tangos africanos. Así quedó escrito en documentación de la época ubicada por el historiador. "Por ejemplo el Tango de las bromistas, que tiene una letra muy subida de tono.... Embromemo/ Alguien se puede enojá,/ ¡qué va a enojá!/ el que se enoja, no moja/ no moja...

"Obviamente, esta letra tiene inmediatas connotaciones sexuales, aunque hay otras letras mucho más fuertes, que se solían cantar en los lupanares". Barreda vivió todo muy de cerca. Él mismo, que era blanco, formaba parte de la sociedad o comparsa llamada Los Negros.
El tango de las comparsas carnavalescas, es el título de un capítulo de un libro de Rodríguez Molas sobre el origen del tango. Allí dejó escrito lo que nos cuenta: "En esa época las letras de las comparsas se publican en periódicos que editaban las propias cofradías de negros, o en hojas sueltas de color amarillo, verde; es interesantísimo. A veces es difícil discernir si es la letra de una comparsa de negros o de blancos que mataban a los negros. Barreda fue autor de letras para las “comparsas”.

Además estaban los bailes de Carnaval. Hay textos rescatados por Rodríguez Molas que hablan de los bailes en el Circo Nacional "en donde los negros tenían prohibido entrar. Podían ser músicos, eso sí. Pero ir a divertirse no". Un lugar clásico de baile para 1870 era el viejo Teatro Colón, que estaba frente a la Plaza de Mayo. "Una vez hacía tanto calor que a los organizadores no se les ocurrió mejor idea que poner barras de hielo en el techo. Se ve que no hicieron bien los cálculos porque se les vino abajo."
Con el tiempo, los negros fueron quedando de lado "también en los carnavales, al mismo tiempo que sus cofradías decrecían y desaparecían. De cualquier forma las huellas del candombe-tango y de la vida y la música en los lupanares, ha quedado registrado en la historia y ha penetrado el presente.

viernes 10 de febrero de 2012

"La barrera es nuestra piel" El drama de los africanos en Argentina

Por Patricio Caruso (*) | 09.02.2012 |

Les asombra "la democracia" pero sufren la discriminación. Por qué vienen y qué encuentran.

Cualquiera que haya caminado por Buenos Aires, seguro se cruzó con alguno de ellos. Venden pulseras, collares o anillos. Víctimas de persecuciones políticas, religiosas o de crisis sociales, encuentran en Argentina la posibilidad de obtener un refugio y escapar de la muerte.

Liniers, Once y Constitución son los barrios porteños en los que se instalan para vivir y trabajar. Sin embargo, están presentes a lo largo y ancho del país. Para la mayoría, la rutina es la misma: cada mañana, se levantan temprano y antes de salir de sus pensiones toman una valija repleta de alhajas y van a plazas y avenidas para trabajar como vendedores ambulantes.

Todos tienen la misma mercadería al mismo precio, lo que en algunos despierta sospechas. Pero sus maletines llenos de anillos dorados, relojes de imitación y lentes coloridos, encubren una triste realidad.

Nengumbi Celestín Sakuma es presidente del IARPIDI (Instituto Argentina para la Igualdad, Diversidad e Integración) y explica que todo es más improvisado de lo que parece. "Llegan totalmente solos y tratan
de encontrar gente de su comunidad. Muchos son profesionales, pero enseguida se dan cuenta que no van a conseguir un trabajo calificado, por lo que invierten en mercadería y salen a vender", detalla a Perfil.com.
Sukama niega la existencias de irregularidades en el comercio "valijero". Cree que son mitos que con el tiempo se fueron creando carne en el imaginario popular. Y asegura: "No hay mafias".

A pesar de que nuestro país adhirió a la convención de Ginebra, asumiendo compromisos internacionales en materia de protección a refugiados, hay graves falencias en la inserción social de quienes escapan
de su país y recalan en Argentina.

Massar Ba, un refugiado senegalés, cuenta a Perfil.com que "lo primero que se necesita es un tratamiento psicológico y después una asistencia adecuada para insertarse a la sociedad". A pesar de los tratados, manifiesta que "en Argentina no se cumple con nada de eso, no hay ninguna ayuda estatal, absolutamente de nada”.
Una gambeta a la muerte. Nengumbi Celestín Sakuma nació en la República del Congo.

Llegó a nuestro país en 1995, cuando le escapó a un gobierno que lo perseguía por manifestarse opositor. “Fueron a buscarme a mi casa, pero yo me enteré antes y salvé mi vida fugándome”, contó a este portal. Su casa terminó destrozada y él refugiado en Argentina.

Perseguido políticamente, el congoleño subraya que la democracia con la que se encontró aquí "lo impresionó". Pero aclara que sintió una gran dosis de discriminación racial. Habla cuatro idiomas y tiene dos títulos universitarios, pero conseguir un trabajo fue imposible, para él, por ser negro. Todo por su color de piel.

"Rendí exámenes de ingreso para trabajar como telemarketer. Obtuve un puntaje óptimo pero cuando fui a buscar el trabajo personalmente, no me lo quisieron dar", explicó. "Anécdotas como ésas, tengo miles”, dice. Siendo Licenciado en Administración de Empresas, se negó a dedicarse a la venta ambulante. Entonces empezó a dar clases de inglés particular.

Ya es ciudadano argentino. Sin embargo, las trabas continúan. "En los hospitales y en la calle, la piel uno la lleva a todos lados y es la principal barrera que tenemos", asegura. El último caso fue en el hospital Penna, cuando fue a tratarse de insuficiencia respiratoria y la recepcionista tuvo actitudes ”racistas, xenofóbicas y discriminatorias, mintiendo sobre los turnos de guardia”. Elevó la denuncia a la Defensoría del Pueblo de la Ciudad.

“Todos los días se ven en televisión asesinatos. Sin embargo, en noviembre asesinaron a un senegalés en el puente La Noria y ningún medio lo informó", explica con dolor y remata diciendo que "eso también es discriminación".

Experto en el tema, explica que Argentina padece una gran ignorancia sobre África. “Acá solo se ve la pobreza extrema o las grandes selvas. No se muestran las ciudades". Por lo tanto, sostiene que "muchos
no pueden creer que yo sea graduado, ni que haya africanos universitarios en Argentina vendiendo bijouterie. Piensan que en África no hay escuelas".

(*) especial para Perfil.com.

Enlace para ver video. http://www.perfil.com/contenidos/2012/02/09/noticia_0031.html

Fuente:http://www.perfil.com/contenidos/2012/02/09/noticia_0031.html

miércoles 25 de enero de 2012

Los cuatro senegaleses detenidos acusados de ingresar ilegalmente al país, fueron rechazados y enviados a Bolivia


Publicado el: Jue, ene 19th, 2012




Los cuatro senegaleses detenidos acusados de ingresar ilegalmente al país, fueron rechazados y enviados a Bolivia
Jujuy al día® – En diálogo con nuestro medio, Horacio José Macedo, quien se encuentra actualmente a cargo de la Dirección Nacional de Migraciones Seccional Jujuy, se refirió a las actuaciones realizadas por dicha Dirección tras la detención de 4 ciudadanos oriundos de Senegal quienes habrían ingresado ilegalmente a nuestro país.

Respecto a estas actuaciones Horacio José Macedo manifestó a JUJUY AL DÍA® que “procedimos al rechazo de estos ciudadanos extranjeros por haber ingresado por un paso inhabilitado y además generamos una restricción de reingreso con lo cual, formalmente, no pueden volver a nuestro país por haber cometido el delito de ingresar por un paso no habilitado”.

Macedo sostuvo que “esto se procedió a hacer ayer –por el martes-, estas personas ya se encuentran en Bolivia, que es lugar por el cual habrían ingresado porque tienen sus pasaporte sellados con el ingreso a ese país. Desde la Dirección queremos evitar estas cuestiones, justamente nuestro rol es tratar de proteger la migración, que se realice conforme a las normas que la regulan y en este caso, evidentemente, las personas de Senegal no contaban con documentación necesaria por lo cual han recurrido a este mecanismo de ingreso por un paso inhabilitado”.

En otro tramo de la entrevista con nuestro medio, Horacio José Macedo comentó una particular situación que se dio días pasados sobre el paso de un camión por el Paso de Jama hacia Chile, el cual protagonizó un accidente del lado del país trasandino, ocasionando la muerte de una menor de edad oriunda de la provincia de Salta. Al respecto expresó que “nosotros no tenemos registro de la salida de la menor, no paso por el paso fronterizo ni por el complejo de control de Jama, no hizo el control migratorio, pero el conductor del camión si hizo el control migratorio y no declaró ningún acompañante, y además se revisan todos los transportes y no se la encontró”.
Macedo opinó que “puede haber salido por el paso terrestre. Aparentemente esta joven menor de edad habría pasado por un lugar no habilitado. La chica salió, tuvo un accidente y hoy tenemos unos padres que no se van a recuperar del dolor de perder a un hija, pero la menor no tiene registro de salida del país pero sin embargo fue encontrada en Chile”.

“Esta delegación, junto al Gobierno Provincial, hemos comunicado todos los requisitos para sacar del país a menores, informamos que por mas que salga con los padres deben tener las partidas de nacimiento que acredita la relación filial y documento, y si sale con un tercero o un familiar deben poseer un poder que lo autorice. Es fundamental que los menores salgan del país de esta manera, protegidos y deben entender que este tipo de control tiende a evitar este tipo de situaciones, que haya problemas con un menor y no podamos solucionarlo”, concluyó.

Fuente: http://www.jujuyaldia.com.ar/19/01/2012/los-cuatro-senegaleses-detenidos-acusados-de-ingresar-ilegalmente-al-pais-fueron-rechazados-y-enviados-a-bolivia

domingo 22 de enero de 2012

Zenón Rolón.

Zenón Rolón.

Nació en Buenos Aires el 25 de junio de 1856 en el seno de una familia de negros libres y con cierto bienestar económico. Comenzó a estudiar música con Alfredo Quiroga, negro organista de la Iglesia de la Merced. En 1873, con apenas 17 años de edad, fue becado a Florencia para perfeccionarse, donde estuvo hasta 1879. En 1877 publicó el folleto Dos palabras a mis hermanos de casta. Al enviarlo a Buenos Aires lo reprodujo el periódico afroporteño La Juventud y fue severamente criticado, aunque la opinión de sus hermanos cambió favorablemente a su regreso. Ya en Buenos Aires, continuó perfeccionándose con Basilio Basili y compuso, entre otras obras, su Gran marcha fúnebre, la que se interpretó al repatriarse los restos del general don José de San Martín, en 1880. Se casó con María Quiroga, hermana de su primer maestro, y tuvieron dos hijos, Dafne y Cloe.

Su carrera musical fue próspera y reconocida. En 1881 instaló la imprenta de música Rolón y Oca, donde publicó composiciones suyas y de argentinos contemporáneos. En 1887 fue nombrado profesor de música por el Consejo Nacional de Educación y tuvo entre sus discípulos a Justin Clérice, Antonio Restano, Prudencio R. Denís y Enrique García Velloso. Su producción aún no fue estudiada en su integridad ni con la debida atención, aunque no se vaciló en vincularla con los cánones europeos. Sin embargo, avances parciales permiten aseverar otras fuentes inspirativas, como la música criolla e, incluso, afroporteña. Su catálogo comprende 68 obras, entre ellas la Música sacra por la Semana Santa (1893), la Sinfonía originale (1879), las operetas Le Château du Pic Tardu (1885), El castillo hechizado (letra de Alfio Gianelli, 1887) y Strattagemma di Nannetta (1887), la ópera Fides (s/a), el vals El Plata (1875), la Marcha a Falucho (s/a), las zarzuelas Chin - Yonk (letra de Hugo Morven y Enrique García Velloso, 1895), Le prove o El ensayo de una ópera criolla (letra de José Lenchantin, 1899), y Una broma improvisada o Los autómatas de Tartafell (letra de Rafael Barreda, 1900), el Himno a Sarmiento (1899), las cantatas Adiós a la Virgen (1900) y Stella d'Italia (1891), la barcarola Sull'Arno (1875), las polcas La florentina (1875) y La porteña (1876), la marcha sinfónica Argentina (1882), el drama lírico nacional Solané (letra de Francisco Fernández, 1899), el Aria sagrada (1878), la Misa del Carmen (1901 o 1902), y el Kyrie (1902), quizás su última obra.

Falleció en Morón (provincia de Buenos Aires) el 13 de mayo de 1902 y fue enterrado en el Cementerio de la Recoleta, Buenos Aires. Gran parte de sus manuscritos fueron luego donados por sus hijos al Museo Histórico de Morón, donde están actualmente.
Referencias:

• Andrews, George Reid (1989). Los afroargentinos de Buenos Aires. Buenos Aires: Ediciones de la Flor.
• Cirio, Norberto Pablo (2007). La música afroargentina a través de la documentación iconográfica. Ensayos : Historia y Teoría del Arte 13: 126-155. Bogotá: Instituto de Investigaciones Estéticas, Universidad Nacional de Colombia.
• García Acevedo, Mario (2002). Rolón, Zenón. En Diccionario de la Música Española e Hispanoamericana. Madrid: Sociedad General de Autores y Editores. T. 9: 352.
• Gesualdo, Vicente (1961). Historia de la música en la Argentina. Buenos Aires: Beta.

TOMADO DE: http://es.wikipedia.org/wiki/Zen%C3%B3n_Rol%C3%B3n