Entrevista Nengumbi con Paul Byrne

Buenos Aires, Argentina Diciembre 2009
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jueves, 25 de febrero de 2016

Reunión de la Comunidad Afro con el Secretario de Derechos Humanos de la Nación

Por: Nengumbi C. Sukama



Como prometido en la reunión del 21 diciembre de 2015, el 23 de febrero de 2016, se reunieron en el Espacio de la Memoria (EX – ESMA) donde funciona actualmente la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, integrantes de las organizaciones de afrodescendientes y africanos con el Secretario de Derechos Humanos de la Nación, Lic. Claudio Avruj, el Director de la Dirección Nacional de Pluralismo e Interculturalidad, Lic. Julio Croci y la Subsecretaria de Promoción de Derechos, Lic. Marisa Silvia Nasimoff.


El objeto principal de la reunión consistió en intercambiar ideas y puntos de vista respecto de la implementación del Programa de Actividades del Decenio Internacional de los Afrodescendientes (01-01-2015 al 31-12-2024) decretado por las Naciones Unidas. Cabe recordar que en la reunión celebrada en diciembre de 2015, la Secretaria de Derechos Humanos de la Nación había informado que la temática afrodescendientes iba a ser una de las prioridades en su agenda de trabajo.
Es en este clima de dialogo e intercambio que la Secretaría ratifica su compromiso en la difusión de la cultura afro; la promoción de los derechos humanos, entender que Argentina es un país con distintas identidades y comunidades, lo cual implica el trabajo de unir a los argentinos promoviendo la cohesión; combatiendo la discriminación; promover una cultura cívica combatiendo la monopolización cultural y darles valor agregado a otras culturas que lo necesiten; visibilizar la comunidad en el marco del Decenio y consolidarla para que juntos podamos alcanzar los objetivos del Decenio Internacional de los Afrodescendientes. 




En términos generales, de esta reunión, surgieron las siguientes propuestas:

•    Homenajear a los/las afrodescendientes argentinos/as por sus aportes en el marco de los festejos del Bicentenario de la independencia

•    Reconstruir la memoria oral de la comunidad afro en base de los archivos disponibles en distintas bibliotecas

•    Señalar lugares históricos de la presencia afro en colaboración con el Consejo Federal de Derechos Humanos

•    Promover una gestión asociada entre el Estado y la comunidad afro respecto de la organización y la celebración del 8 de noviembre, Día Nacional de los/las Afroargentinos/as y de la Cultura Afro

•    Difundir las actividades de las organizaciones de afrodescendientes y africanos

•    Promover la creación de leyes que hagan falta para promover los derechos de los afrodescendientes y africanos

•    Determinar un día para el lanzamiento oficial del Decenio Internacional de los Afrodescendientes a nivel nacional puesto que el año pasado, solo se hizo a nivel de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires

•    Institucionalizar y federalizar el funcionamiento de las organizaciones afros

•    Visibilizar el monumento de Monteagudo

•    Crear plazoletas en homenaje a los/las afrodescendientes argentinos/as y África

•    Creación de un Instituto Nacional de Asuntos Afrodescendientes que dependería de la Secretaria de Derechos Humanos de la Nación

•    Reubicación de la estatua del esclavizado afro que se encuentra detrás del jardín japonés llevándola en lugar más visible

•    Empoderamiento de las organizaciones afros empezando por un empadronamiento esas organizaciones a nivel provincial y nacional

•    Creación de un programa en el marco del Decenio Internacional de los Afrodescendientes para avanzar en la implementación del programa de actividades mientras se va estar trabajando sobre la creación del Instituto

•    Forjar un camino hacía la visibilizacion e institucionalización de las organizaciones afros

•    Pensar en la implementación del cupo de 5% de afros en la administración pública como lo es para otros grupos marginados

•    Contar con espacio físico para el desarrollo de las actividades de las organizaciones

•    Trabajar fuertemente con el Ministerio de educación para que todas las propuestas les lleguen a los/as estudiantes y alumnos/as de todos los niveles.




Los participantes acordaron encontrarse periódicamente para avanzar juntos en la implementación del Programa de Actividades del Decenio con la firme finalidad de alcanzar los objetivos recomendados por las Naciones Unidas.

domingo, 8 de noviembre de 2015

BUENOS AIRES INAUGURA EL DECENIO INTERNACIONAL DE LOS AFRODESCENDIENTES

Por: Nengumbi C. Sukama

El sábado 31 de octubre de 2015 en la Av. De Mayo entre la calle Bolívar y Chacabuco de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, de 11 a 18 horas, bajo la responsabilidad de la Dirección General de Colectividades, se llevó a cabo la actividad “Buenos Aires celebra la Comunidad Afro”.

Este evento apunto a celebrar la diversidad étnico cultural que constituye un factor enriquecedor de las sociedades de hoy, y, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires aprovecha esta oportunidad para fomentar el respeto y la valoración de cada cultura y fomentar la integración promoviendo la riqueza que envuelve la interculturalidad.


 Se aprovechó de la edición 2015 de Buenos Aires Celebra la Comunidad Afro para proceder a la inauguración oficial del Decenio Internacional de los Afrodescendientes como recomendado por la Asamblea General de las Naciones Unidas. El Decenio va del 1 de enero de 2015 al 31 de diciembre de 20124 y tiene como tema: AFRODESCENDIENTES: RECONOCIMIENTO – JUSTICIA – DESARROLLO. 


 El evento consistió en una celebración que contó con stands de distintas colectividades afro de países de América y África tal como: Argentina, Brasil, Uruguay, Bolivia, Ecuador, Haití, República Dominicana, Perú, Colombia, Panamá, Jamaica, Senegal, República Democrática del Congo, Nigeria etc.; varios grupos de música Y artistas como: (Movimiento Afroboliviano, Coimba Cabo Verde, Vicky Verdier, Chacha, Ancestral, A turma Da Bahiana, Cubanos/Yoruba/Congo), Luana Barreto, Emanuel Ntaka, Los Herederos de Catimbó, D J Nonamz, Caracolí, Brazil Latín Music), y El cierre del evento estuvo a cargo de la Comparsa con Tambores de Candombe del Movimiento Afrocultural dirigido por Javier Bonga.

 A las 17 horas hubo intervención el Lic. Claudio Avruy, Subsecretario de Derechos Humanos y Pluralismo Cultural del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, el Sr. Juan Serrafian, Presidente de la Federación Argentina de Colectividades y el Sr. René Mauricio Valdez, Representante de las Naciones Unidas en Argentina para oficializar la inauguración del Decenio Internacional de los Afrodescendientes. Previo a esto, se leyó la carta del Director General de Colectividades quien pudo asistir por tener otros compromisos, la adhesión de la Coalición Latinoamericana y Caribeña de Ciudades contra el racismo, la Discriminación Racial y la Xenofobia enviada por la Lic. Natalia Michelena, Coordinadora Técnica y la Dra. Fabiana Goyeneche, Directora General, y la Resolución de la proclamación del Decenio Internacional de los Afrodescendientes.



En cuanto a la participación del público, se puede estimar que pasaron por la fiesta más de 10.000 personas de distintas nacionalidades. Fue una excelente experiencia que promete buenos cambios positivos acorde al Programa de Actividades del Decenio ya que el Subsecretario y el Representante de la Naciones Unidas se comprometieron públicamente para una eficaz y eficiente implementación del Programa de Actividades, cuya finalidad es la promoción, protección y la defensa de los derechos humanos de los afrodescendientes.


No que nada más que agradecer a todos y todas por su colaboración en la preparación y el desarrollo de esta exitosa actividad. Un agradecimiento especial los hermanos y las hermanas que ocuparon los stands por su contribución financiera y a los/las artistas por haber honrado este evento con un excelente nivel de perfomancia.

miércoles, 13 de mayo de 2015

NENGUMBI CELESTIN SUKAMA: “EL COLOR DE LA PIEL ES UN FACTOR LIMITADOR”

Texto: Melissa Kuris
Foto: IARPIDI
Un inmigrante, un destino y la búsqueda de un futuro mejor. En 1995, Nengumbi Celestin Sukama abandonó la República Democrática del Congo y partió hacia un destino ubicado a miles de kilómetros de distancia de su ciudad de origen.
Tras su llegada a la Argentina y luego de varios años de observar y soportar las desigualdades e injusticias que sucedían en el país, decidió cambiar esa situación. En 2007 fundó el Instituto Argentino para la Igualdad, Diversidad e Integración (IARPIDI)y desde ese momento ayuda a inmigrantes y refugiados a luchar por el derecho que les corresponde.
En una entrevista con Conventillo Babel, Sukama cuenta el panorama actual de los afrodescendientes en la Ciudad, los problemas con la integración y la revalidación de títulos, los cambios positivos en la sociedad y las mejoras que faltan.
CB- ¿Cómo pretenden alcanzar la igualdad, diversidad e integración que propone el instituto?
NCS- IARPIDI tiene dos líneas de trabajo: la primera es la promoción y protección de derechos humanos de solicitantes de asilo y refugiados. El gran trabajo es lograr concientizar a las autoridades argentinas para que ofrezca una verdadera asistencia. Esto lo hacemos mediante cartas e informes a la Organización de las Naciones Unidas (ONU), porque si bien Argentina les ofrece asilo, no los ayuda en sí para que puedan integrar la sociedad. Es súper difícil para un refugiado lograr integrar la sociedad argentina, hay muchas barreras, entre ellas la discriminación y el racismo. Es ahí como se abrió la segunda línea de trabajo, que es la lucha contra el racismo hacia africanos y afrodescendientes residentes acá. La dinámica de trabajo es organizar talleres de información para interiorizarlos en el tema y a quién dirigirse para plantear el problema. Pero la meta final es hacer que el Estado algún día cumpla realmente con su deber como garante para el goce de la promoción y protección de los derechos humanos.
CB- ¿Cómo asesoran a los recién llegados hasta que se instalan?
NCS- Normalmente, cuando uno llega lo primero que consulta es dónde está su comunidad. Muchos los derivan con nosotros y otros le dan las directivas para que se acerquen a la Fundación Comisión Católica Argentina de Migraciones (FCCAM). Nosotros los asesoramos y acompañamos en todo el proceso que deben seguir. Obviamente sea para refugiado o para inmigrantes, la garantía es la residencia. Después, la integración tiene que hacerla por su cuenta porque el Estado ahí ya desaparece.
CB- ¿Cómo es esa integración?
NCS- La mayoría trabaja como vendedor ambulante y tienen una calidad de vida que no está mal porque logran pagarse una habitación donde se juntan dos o tres. Comparten porque el tema del alquiler el Buenos Aires es bastante difícil. El que no tiene garantía propietaria no puede acceder a un departamento, por lo tanto le queda solamente lo que se llama hotel alojamiento. Viven medianamente bien porque trabajan, no acuden a planes sociales. Algunos que tienen la oportunidad, logran hacerlo en restaurantes como mozos o en servicio de seguridad.
CB- ¿Desde la institución que dirige ofrecen alguna ayuda en el ámbito educativo?
NCS- Desde 2012, junto con la FCCAM, trabajamos en el tema de los estudios cursados en el exterior y para facilitar el ingreso a la UBA para los que quieran cursar una carrera universitaria. Es algo que nunca se hizo. De la gente que viene, hay algunos que son profesionales y universitarios, pero si no se hace la reválida todo lo que se cursó se pierde. Y no es fácil hacer la reválida de los títulos acá. También hay una ayuda en el tema del aprendizaje del idioma. La FCCAM tiene un convenio con el laboratorio de idiomas de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, que envía a los profesores a la FCCAM donde suelen cursar los dos primeros niveles.
CB- ¿Y tienen algún programa de inserción laboral para los que llegan con perfil profesional?
NCS- Ese es un problema, mientras no se haga la reválida, el título no existe. Entonces no hay realmente posibilidad de acceder al trabajo profesional. Eso depende de la buena disposición de los empresarios cuando la persona se acerca a buscar trabajo. Y se complica aún más porque estamos en un proceso inflacionario donde hay carencia de generación de empleo. Aun cuando no había inflación, la mentalidad argentina es que el africano sirve para trabajo pesado. Hay africanos que lograron hacer estudios acá, que demostraron ser profesionales, pero romper esa barrera es bastante difícil. En lo asociado al empleo, el color de la piel es un factor limitador. Yo tengo la ciudadanía argentina, soy Licenciado en Administración, hice un montón de cursos acá, pero es difícil acceder…
CB- ¿En qué otras iniciativas están trabajando actualmente?
NCS- Se dice que en Argentina todos los negros desaparecieron, el país apuntó a crear una sociedad blanca. Entonces, desde el IARPIDI pensamos en visibilizar a los héroes afrodescendientes a través de una muestra de retratos en 2013 con la figura central de Bernardino Rivadavia, el primer presidente argentino, que tenía raíces africanas. En paralelo, seguimos con reuniones y presentamos un informe directamente a la ONU sobre derechos humanos de refugiados, africanos y afrodescendientes.
CB- ¿Cuál es la relación del IARPIDI con el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI)?
NCS- IARPIDI con el INADI es choque. El INADI no tiene trabajo muy serio con eso de luchar contra el racismo hacia africanos o afrodescendientes. Cuando uno se presenta para hacer la denuncia se encuentra con que muchas personas los atienden con conducta racista, entonces esto genera un poco choque. O generaba. Ahora no hay acercamiento con el INADI. El INADI hacia los africanos es todo discursivo. Si bien hay avances de leyes y normas, donde no hay pena la gente no siente el peso de la ley.
CB- ¿Cómo siente que el IARPIDI afectó la vida de los inmigrantes y refugiados desde que se fundó?
NCS- Contribuimos en algunos cambios positivos: de las acciones judiciales que tomamos, de los informes que escribimos, de las notas que subimos, de las entrevistas que tuvimos, todo eso tuvo un impacto en la concientización de la sociedad argentina hacia los refugiados y hacia los afro en lo que se refiere al racismo. La gente fue tomando conciencia a que viven en un país racista y empezó a hablar. Se instaló un debate en la sociedad argentina sobre el racismo hacia los africanos. Si antes decían que no existe racismo en Argentina, hoy nadie puede negar que exista. Cambió la conducta. Los compañeros de la calle que hoy vienen y venden, no saben lo que fue en los años noventa el acoso policial. Hoy bajó considerablemente. A raíz de esto y del trabajo de otras organizaciones se sacó al 8 de noviembre como día de los afrodescendientes y de su cultura. Antes negaban su presencia histórica y ahora Argentina empieza a incorporar el pasado afro. Es un trabajo bastante difícil porque el racismo prevaleció en este país por más o menos cinco siglos. Revertir esto va a llevar su tiempo.
En primera persona
La mayoría trabaja como vendedor ambulante. Algunos que tienen la oportunidad, logran hacerlo en restaurantes como mozos o en servicio de seguridad.
Hay algunos inmigrantes que son profesionales y universitarios, pero si no se hace la reválida (del título) todo lo que se cursó se pierde. No hay realmente posibilidad de acceder al trabajo profesional.
IARPIDI con el INADI es choque.
Los compañeros de la calle que hoy vienen y venden, no saben lo que fue en los años noventa el acoso policial. Hoy bajó considerablemente.
Cómo colaborar con el IARPIDI
Para ayudar al IARPIDI a seguir luchando por la igualdad de derechos se puede adherirse como socio de la institución o consultar por donaciones. Los medios de contacto son:
  • web: www.iarpidi.org
  • mail: info@iarpidi.org
Fuente: http://conventillobabel.com/?p=1081

domingo, 2 de febrero de 2014

Vendedores Ambulantes Senegaleses perseguidos por la Policía Metropolitana

La carta del actual presidente de la Asociación de Residentes Senegaleses en Argentina que reproducimos a continuación da cuenta de lo acontecido y la conducta de integrantes de la Policía Metropolitana.

Buenos Aires, el 31 de enero del 2014

Estimados,

Nos dirigimos a usted por el objetivo de ponerlos en conocimiento de la situación de migrantes senegaleses en la argentina, y pedirles su apoyo en la búsqueda de justicia.

El martes 28 de enero a la 05 de la mañana, un grupo de la policía metropolitana entró en el hotel sarmiento al 2837, donde viven senegaleses cuya mayoría se encuentra en la costa por cuestiones laborales. El grupo de policía ingresó al lugar, armados, con perros, forzando la puerta de entrada.

En el hotel se encontraban tres senegalés durmiendo en sus habitaciones y uno bañándose en la ducha, el cual fue sacado de la misma por la policía y puesto sin ropa en el medio del hall del hotel.
Acompañados de sus perros, los efectivos revolvieron todas las habitaciones de los compatriotas incluyendo las camas y se llevaron toda su mercadería (bijouterie), sus celulares y una computadora personal.
Luego de siete horas de allanamiento, durante las cuales no les dejaron ni hablar por teléfono, ni salir del hotel ni moverse del lugar indicado, la metropolitanales obligó firmar el acta, apuntándolos el arma en la cabeza.

En el acta que los dejaron, figura que allanaron por orden judicial, un depósito con viviendas, sin matafuego, sin ventilación, que no cumplía con las condiciones. Y en realidad, lo que llaman depósito no es nada más ni nada menos que las habitaciones de los compatriotas donde también dejan su mercadería y sólo se trata de mercadería minorista.

Vale recordar que el jueves 30, los compatriotas fueron citadas por la división ubicada en B. Mitre al 1357 donde los informaron de la existencia de otra causa en la cual los acusan de leader de una mafia de vendedores en la calle. Nos preguntamos en ese caso ¿por qué no los dejaron un acta relativa a esta causa?
Frente a esta situación, nosotros denunciamos la acción violenta y xenófoba de la metropolitana que perturba la seguridad y los derechos de los migrantes.

Ndathie Sene – Moustafa
President
ARSA.

sábado, 21 de septiembre de 2013

El mercado laboral argentino excluye a los africanos

Por: Constanza Lambertucci

¿Por qué los africanos no logran insertarse laboralmente en el país? Aunque obtengan una residencia, conseguir trabajo no es fácil.

“Los inmigrantes roban el trabajo a los argentino”, “los inmigrantes no pagan impuestos”, “los inmigrantes son delincuentes”. Esos son algunos de los prejuicios que, según el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI), tienen los argentinos hacia los extranjeros que se radican en el país. Uno de los grupos más afectados es el de los africanos.
En 1990 se inició una nueva ola migratoria y llegaron a la Argentina personas desde Senegal, Ghana, Cabo Verde, Nigeria, Malí y otros países de África por variadas razones, aunque principalmente por la inestabilidad política y económica. Marta Maffia, doctora en Ciencias Naturales y especialista en Antropología, sostiene que la inmigración africana no se puede tratar como un fenómeno homogéneo. No todos escapan del continente sino que en realidad las migraciones son en su mayoría intercontinentales, es decir el 70% de los migrantes se movilizan dentro de África.

Nengumbi Celestin Sukama, presidente del Instituto Argentino para la Igualdad, Diversidad e Integración (IARPIDI) señaló la importancia de no generalizar y, en cambio, tratar cada caso en particular. “Está la guerra civil, está la pobreza, hay quienes quieren vivir nuevas experiencias como los jóvenes de familia con dinero. Hay de todo, emigrar es la tendencia humana”, distingue Sukama, quien llegó a la Argentina hace 18 años y, harto de no conseguir trabajo calificado a pesar de su formación universitaria, fundó una asociación civil que lucha por la igualdad de derechos y la no discriminación de los africanos.

La Argentina modificó su ley migratoria en 2004 y según describe Pablo Ávalos, director de Radicaciones de la Nación, la nueva ley “es amplia, es permisiva, es democrática”. Pero sobre todo reconoce el derecho humano a la migración. Hacer los trámites para radicarse en el país no es difícil: si se presenta la documentación requerida y los antecedentes penales, obtener el documento nacional de identidad es un trámite sencillo.

Tener el DNI autoriza a los inmigrantes a sacar la clave única de identificación laboral (CUIL) y, por ende, a obtener un contrato legal. Pero aunque la nueva ley 25.871 pretende “fortalecer el tejido sociocultural del país y promover la integraciónsociolaboral de los inmigrantes” el problema de la inserción laboral de los africanos en el país no se solucionó.

La mayoría de los africanos que llegan a Buenos Aires se instala en la los barrios porteños de Constitución, Once o Liniers y se dedican a la venta callejera. “Todos venden porque la Argentina no le brinda ningún trabajo a ningún negro que no sea en la construcción o en los restaurantes lavando los platos”, explica Sukama y agrega que incluso muchos de los africanos que venden bijouterie son universitarios. “Quieren vivir con dignidad, y todo trabajo dignifica, pero si yo tengo otra preparación vender en la calle no me dignifica”.

Un dato alentador es que parecen estar diversificándose los trabajos que realizan. Maffia observa que también se están desempeñando en ocupaciones como la enseñanza de danzas africanas, la elaboración de artesanías, la ejecución de instrumentos musicales y la diplomacia. Aunque son solo algunos casos y no necesariamente reflejan una mejoría en la integración justa al mercado laboral.

En la sociedad argentina hay mucha ignorancia respecto de África. “Los argentinos creen que ahí no hay nada, no hay vida, no hay gente, solo pobreza y enfermedades”, comenta Barry Obi, ghanés que vive hace dos años en la Argentina. Ese tipo de creencias solo refuerza prejuicios y dificulta la integración de inmigrantes y refugiados africanos en el país.

Muchos creen que detrás de la venta callejera existen mafias, drogas, trata de personas. Pero Sukama resalta: “No hay ni drogas ni mafias en esto, es la forma más accesible de trabajo que encontraron”. Además, ni las mafias, ni las drogas, ni la trata de persona son exclusivas de un grupo definido por su nacionalidad.

Para fortalecer la integración el INADI propone un nuevo paradigma superador del multiculturalismo de los años 90: la interculturalidad. Ello significa recibir a los inmigrantes y potenciar las experiencias y capacidades para un mejor futuro compartido. “¿Por qué no darle la oportunidad a otro a pesar de su color de piel? Se trabaja con la inteligencia no con la apariencia”, expresó Sukama.

Luchar por la integración

Activista por los derechos humanos, Nengumbi Celestin Sukama llegó desde el Congo a la Argentina en 1995 como refugiado político. A pesar de ser administrador de empresas, tener dos tecnicaturas superiores y hablar tres idiomas, este hombre no pudo conseguir ningún trabajo acorde a su preparación. Entonces fundó en 2007 el Instituto Argentino para laIgualdad, Diversidad e Integración (IARPIDI), una asociación civil que lucha por los derechos de los africanos y la no discriminación.

Sukama está casado con una argentina y afirma que aunque vive en el país hace 18 años la vida social no es fácil. “Tengo dos opciones. O me separo y me voy, que no va a suceder porque soy un hombre de principios, o me quedo trabajando por los derechos de los negros”, justificó el congoleño.
No todos los inmigrantes africanos son refugiados políticos

De los 2738 africanos que residen en la Argentina no todos son refugiados. La Comisión Nacional para los Refugiados define que un refugiado “es una persona que se encuentra fuera su país debido a fundados temores de ser perseguida por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a determinado grupo social y no pueda o no quiera por esos temores acogerse a la protección de su país. O que huyó porque su vida, su seguridad o su libertad se encuentra amenazada por violencia generalizada, conflictos armados o violaciones masivas de derechos humanos”.

Aquellos que buscan mejores oportunidades, pero que no fueron forzados a abandonar su país, no son refugiados sino inmigrantes.

Fuente:http://prenser.com/755/#comment895

sábado, 13 de abril de 2013

Piel clara y consciencia negra. Para una descolonización de la raza “1″

Dante Ibrahim Matta
Mi opinión sobre esta cuestión surge de reflexiones inspiradas por la lectura de la crónica de Cases Rebelles titulada “¿Quién es negro/a?”2 . No pretende constituir una respuesta teórica universal –hasta dudo de que exista–, sino ser solamente la expresión de una experiencia desde el interior de los límites y de las paradojas de las identidades raciales.

Es imposible aprehender semejante tema sin especificar la naturaleza de la experiencia desde la que lo pienso: soy afrodescendiente de origen uruguayo, nacido y criado en Francia. Sin embargo, la particularidad de mi experiencia respecto de esta cuestión reside en el hecho de que, aunque soy afrodescendiente, se me reconoce en general como blanco, tanto dentro de la sociedad francesa como de la uruguaya, pues la ficticia, pero efectiva, “línea racial” fue franqueada por una aplastante mayoría de mis contemporáneos.

La pregunta que quisiera plantear ahora es la siguiente: ¿en qué consiste lo que queda de la identidad africana o afrodescendiente cuando la línea racial fue franqueada por la mayoría de aquellos que perciben la existencia del afrodescendiente? En otras palabras, ¿en qué medida existe el afro más allá del blanco y de su evidente supremacía? ¿Es posible que la supremacía blanca se reduzca únicamente a prejuicios y discriminaciones y a la asignación a una casta específica dentro de la sociedad?

Identidad: yo y los otros

Es necesario, en primer lugar, considerar la parte ligada a la experiencia propia de esta identidad. Es decir, su relación con los otros y con el “sí mismo” condicionada por la percepción que tiene uno de esta identidad misma, la cual, a su vez, está condicionada por una relación particular con la historia y la cultura.
A mí, probablemente no me van a discriminar nunca en cuanto a la obtención de un empleo o de un ascenso, ni para conseguir alojamiento, ni tampoco en un tribunal. Corro mucho menos riesgo de ser asesinado por la policía que cualquiera de mis hermanos afros, así como me ahorro el padecimiento de todo tipo de prejuicios en mi vida y en mis relaciones con los demás: gozo de total libertad de ser y de hacer lo que quiero sin que aquello se considere vinculado con el hecho de ser afrodescendiente si decido silenciar esta identidad. Si elijo conservar el secreto de mis orígenes, mi opinión acerca de las cuestiones sobre la esclavitud, la historia africana, el colonialismo o el racismo, siempre será recibida como más neutra y equilibrada que si tuviera la piel oscura (como si el hecho de beneficiarse de un sistema volviese al beneficiario mejor capacitado para juzgarlo objetivamente).

No pienso seguir elaborando un listado de las ventajas que me otorga el color de mi piel. Para ello, remito al lector al excelente artículo de la norteamericana blanca Peggy McIntosh sobre el privilegio de ser blanco3 .
Mi caso, sin embargo, es un poco más complejo de lo que podría parecer, por haber vivido experiencias de “salida de raza ”4 en las que mi interlocutor había “detectado” mi “no blancura”. Considerando que rara vez se abordará espontáneamente este tipo de tema durante una conversación, me es imposible saber si el otro ve más allá de mi máscara y me ve, entonces, como me veo yo. Este planteo se vuelve más difícil de resolver si admitimos que aquel que me considera blanco me ve tan incuestionablemente blanco como mestizo aquel otro que me intuye mestizo. Ello debería llevarnos a interrogar las líneas raciales y su subjetividad.

Se generan entonces una especificidad y una complejidad adicionales en el hecho de quedar atrapado objetivamente, por el entrecruzamiento de variadas experiencias vividas, en un envoltorio racial borroso. Se me atribuyó una serie de orígenes tan insólita como original, pasando del alemán, ruso o checheno al beréber, cabila, italiano, israelí o turco, o por orígenes más complejos como el mestizo (entendiéndose negro-blanco), el martiniqués, el eurasiático, llegando a veces a una total incertidumbre en cuanto a mi parte “no blanca” percibida cada tanto por algún interlocutor. Mi experiencia me permite elaborar series de suposiciones según la edad o el origen de la persona; en general, es la gente mayor la más hábil en detectar mi parte “no blanca”, así como también la gente del “mundo anglosajón”, donde la raza es objeto de una atención secular.

Por tanto, es sencillamente imposible saber en qué proporción exacta detento algún privilegio del ser blanco, pero parto del principio de que me beneficio de él porque, la mayoría de las veces, la máscara funciona.
Tengo la prerrogativa de poder definirme a mí mismo como se me canta pues, aunque mi interlocutor percibiese en mí mi parte “no blanca”, podría tranquilamente refutarla y esto quedaría aceptado sin problema. Así, a veces ocurre que alguien se percata de mi mestizaje a partir del momento en que aludo a mis orígenes, no antes.

Por lo que el lector podría preguntarse, y sin duda lo hace, ¿por qué me defino en tanto mestizo y afrodescendiente y no en tanto blanco? ¿Qué es lo que me distingue de un blanco? Desde ya, aquello consiste principal e inevitablemente en lo que realmente soy: poco importa que las líneas arbitrarias de las razas me piensen como aquello o lo otro, no puedo cambiar el hecho de que el padre de mi madre es negro, que toda su vida tuvo una experiencia de negro, que su propio padre era negro como él y que la madre de este último probablemente nació esclava en Brasil. Si yo fuese el hijo de una japonesa y un español, podría llegar a ser percibido en América del Sur como indio5 , pero ¿alcanzaría esto para que lo sea? En Francia, algunos árabes con la piel clara y los ojos verdes pasan a menudo por ser blancos, pero ¿alcanza esto para que lo sean?

Esta es una regla lógica y simple que afirma la existencia de una diferencia entre el ser y el parecer y que, además, perdió vigencia tanto en lo que concierne a la raza como, por otra parte, al género: es lo que hace confundir el orden social con el orden natural.

Responsabilidad, historias y antepasados

La unión entre la experiencia afro y yo tiene lugar en el aspecto a la vez íntimo y profundo de esta cuestión: yo no elegí esta identificación o esta relación con la historia, se me impuso. No puedo decidir pensar en eso un día y olvidarlo al día siguiente; está inscripto en mi cuerpo, en lo más profundo de mi memoria, en mi nombre: no creo que haya pasado un solo día desde hace muchos años sin que piense en esta cuestión, o en la esclavitud. El valor que intento infundir en este texto es esta relación “íntima”, constitutiva, de la experiencia afro: no uso ninguna palabra al azar.

Cuando digo que fueron mis tías y mis madres las que fueron violadas en esta época en las plantaciones, es algo que para mí cobra plena realidad. En cualquier situación en la que se evoca mi apellido, me es IMPOSIBLE no pensar que se me está nombrando con un nombre que no es el mío; es un estigma estampado sobre mí y sobre mi familia, y la continuidad de este crimen reside en el hecho de que yo no llevo el nombre de mi familia, sino el de su verdugo. Este nombre me despersonaliza aún más por negarme mi identidad africana. El saber que mis antepasados fueron arrancados de sus tierras africanas para viajar apilados como ganado en las calas de siniestros navíos, luego fueron vendidos como “muebles”, sin otro horizonte que el de la servidumbre, contribuye en gran parte a la construcción de mi identidad. Mis ancestros fueron excluidos de la humanidad (sin jamás haberla integrado realmente), se les impusieron nombres, religiones e idiomas en un proceso de despersonalización necesario para la “producción” de esclavos. Vivieron a continuación durante varias generaciones en lo que se llama ahora el “universo concentracionario de América”. El blanqueamiento de mis ancestros resulta ante todo de la violación sistemática de las mujeres, de mis madres y mis tías, lo que explica por qué el afronorteamericano posee un promedio de 25% de “sangre europea”. Al respecto, Cases Rebelles subraya con acierto que esta sangre proviene en la cuasi totalidad de los casos del lado paterno6 : “Porque allí como en otras partes, en América las violaciones aclararon las pieles. Reprochar a los descendientes de esclavos su tez, sus lugares, sus idiomas, su cultura, es reprochar a los esclavos el haber devenido esclavos. Lo cual es miserable y remata con magnificencia la obra de los negreros. En la esclavitud, no solamente lo perdimos todo porque éramos negros, sino también porque, además, nos volvimos blancos”.

Tampoco me es posible olvidar que la lucha incesante por una mera supervivencia dentro de un infierno innombrable ha sido la regla de sus vidas a lo largo de más de cuatro siglos. El hecho de saber que la existencia entera de mis padres y de mis madres se redujo a ser únicamente una herramienta económica al servicio de la construcción de la “modernidad occidental” y en detrimento de sus propias civilizaciones, llegando hasta la negación de ellas, no está suavizado por tener una piel clara. Saber todo aquello es una experiencia en sí misma de la que nunca he podido desprenderme, y ni el color de mi piel ni la textura de mi cabello cambia en nada la historia de mis ancestros y la conciencia que tengo de ella. Saber que llevo el apellido del que compró y explotó a mi familia durante varias generaciones no se vive más fácilmente con ojos verdes que con ojos negros.

Gracias a esta lucha heroica de cada instante quedan testigos para acompañarme, quedan “afrodescendientes”; no desaparecimos como otros tantos pueblos que, al igual que nosotros, padecieron un genocidio. Mientras haya personas que sean reconocidas y que se reconozcan como afrodescendientes, la memoria de nuestro pueblo y de nuestra historia quedará viva e ineludible. Peso mis palabras, sobre todo considerando un contexto regional donde, por ejemplo, la población afroargentina desapareció en su casi totalidad en menos de un siglo: estadísticas de principios del siglo XX demuestran que había un 30% de afrodescendientes en Buenos Aires. Hoy, siguen presentes, pero en una proporción mucho menor y, sobre todo, quedan persistentemente invisibilizados dentro de una sociedad cuya mayoría blanca no tiene –o prefiere no tener– conciencia de la existencia de una “tercera raza” en su suelo7 .

El hecho de no querer reconocerme afrodescendiente, y entonces pretender ser blanco, sería a mis ojos una traición de aquello que tuvieron que vivir mis ancestros. Representaría también una mentira que transmitiría a mis hijos, pues mi apellido es de origen portugués, cuando la persona que lo recibió de parte de su amo no era portuguesa, sino indudablemente africana.

Me considero depositario de esta historia.
No creamos que la supremacía blanca terminó con la abolición de la esclavitud ni tampoco hoy de manera oficiosa. En Uruguay, por ejemplo, siguió presente oficialmente hasta épocas muy recientes, por medio de leyes raciales que encerraban a los negros considerados “agitados” en prisiones especiales llamadas “asilos para mandingas”. Sin hablar del reclutamiento forzado de los negros en guerras para defender a una nación que los había reducido a la esclavitud, cuando los blancos eran, por supuesto, libres de comprometerse o no.

En el transcurso del siglo XIX, decenas de millares de africanos y de afrodescendientes perdieron su vida en los campos de batalla contra Brasil, Portugal, Inglaterra, España, Paraguay y Argentina, utilizados como carne de cañón por unos y otros. Este hecho sería un elemento decisivo en el genocidio de los afroargentinos cometido por San Martín durante ese periodo; sin olvidar el enorme número de africanos y de afrodescendientes muertos en la guerra civil uruguaya entre los dos partidos políticos que, por otra parte, abolieron la esclavitud con el único propósito de reclutar negros para esta batalla.

Podríamos evocar el desprecio aún palpable hacia todo lo que se refiere al negro, al africano, a su historia y su cultura sencillamente descartadas como inexistentes o como insignificantes. Todos los elementos asociados a la cultura afro, o bien son recuperados y desviados de su sentido original por la cultura blanca8 , o bien son percibidos de modo negativo por la sociedad. No se enseña absolutamente nada en la escuela de la historia de la esclavitud, de África, y si es que se aprende algo, se lo hace tomando distancia de esta historia, nunca mediante una identificación. Además, el mito que haría de Uruguay una nación blanca pura sigue actuando sobra las mentes por más que el activismo de las asociaciones afrouruguayas y amerindias haya logrado algunos cambios. Este mito es tan arraigado que la mayoría de los uruguayos blancos declaran con orgullo que todo el mundo, en su país, es de ascendencia italiana o española, con lo que se distinguen así del resto de América del Sur, ignorando, o pretendiendo ignorar, que los afros están presentes en estas tierras porque los trajo la deportación de sus ancestros africanos para esclavizarlos. Se repite también ad nauseum que todos los amerindios murieron, como para deshacerse del “problema”, negando así la realidad de la presencia de sus descendientes en Uruguay.

Lo que sí se ignora, en todo caso, es que el país se construyó gracias al trabajo forzado de los esclavos africanos y de sus descendientes: sea en la industria de la carne o en la construcción y el mantenimiento del puerto de Montevideo, o del de Colonia del Sacramento, la mano de obra era africana. Sin embargo, en los cuadros y grabados que relatan estos episodios es muy raro vislumbrar figuras africanas; los artistas locales que los tomaron en cuenta, a menudo, se limitaron a mantener a los negros en un papel histórico segundario.
Toda esta parte de la identidad negra está ligada a la ascendencia compartida por todos aquellos que se reconocen o son reconocidos como afrodescendientes, más allá del hecho de vivir o no la discriminación y la asignación de un lugar especial dentro de la sociedad. De ningún modo esta ascendencia es vivida o percibida de la misma manera por todos los afrodescendientes. Hay quienes viven cotidianamente la experiencia de ser mirados como negros pero no otorgan ningún interés a la historia de sus antepasados o de África.

Rechazo tajantemente que se me deniegue esta identidad bajo el pretexto de reglas arbitrarias definidas por el sistema colonial mediante el “colorismo”9 : si tuviera exactamente la misma fisionomía, con un color de piel un poquito más oscuro –parámetro que solamente depende de una ínfima parte del patrimonio genético transmitido por mis ancestro, entre tantos otros–, entonces el conjunto de la sociedad me reconocería como negro. ¿No parece absurdo? El color “negro” de la piel no es sino un accidente de la identidad esencial afrodescendiente, no la condiciona en nada. Jamás hubiese habido negros de no haber habido blancos. Resulta más absurdo aún, si cabe, que los propios afrodescendientes retomen y utilicen estas mismas categorías inventadas por los colonos europeos. Nunca faltó gente para calificar a Amilcar Cabral o Malcolm X de “falso negro”, so pretexto de que tendrían una parte blanca. Mi propósito no consiste en una voluntad de quedar asignado a un lugar poco deseable dentro de la sociedad por obra de una dudosa empatía, sino en ser reconocido así como yo me reconozco y tal como soy. Defiendo pues el derecho a la autoidentificación en contra de la borradura de una historia y de un pueblo: mi determinación a actuar en este sentido se encuentra reforzada por una aguda convicción de que la política de las élites blancas uruguayas del siglo XIX aplicada al blanqueamiento de mi pueblo y de mi país fue absolutamente deliberada.

Y esto se observa particularmente hoy en Uruguay, donde gran parte de los afrodescendientes no son considerados como tales (aunque la palabra, en definitiva, sirve únicamente para decir negro sin decirlo: recuerda un poco la perífrasis “gente de color” de otra época, cuando el alcance de esta definición era diferente), sino que van a ser calificados como “mulato” si son de piel digamos más clara que el “fenotipo” imaginario del “africano”. Se trata de un proceso inconsciente de desvanecimiento de los africanos y de sus descendientes de la historia y del paisaje nacional porque, efectivamente, los negros pueden desaparecer de una sociedad posesclavista (como en la Argentina, lo comentaré en otro artículo), pero los afrodescendientes no pueden hacerlo. Al menos mientras duren la autoidentificación y el rechazo de estas reglas innobles cuyo vocabulario proviene en general del mundo animal y vegetal (mulato, mestizo…).
Son numerosos, en la historia de los afrodescendientes, los mestizos que detectaron la trampa tendida por la supremacía blanca y eligieron reivindicarse en tanto negros. No faltan los ejemplos: Malcolm X, Angela Davis, W. E. B. Dubois y muchos otros no eligieron la denominación aséptica y exclusiva de “mestizo”, que los colocaría de hecho en un no man’s land racial e histórico, sino que asumieron plenamente sus herencias históricas con la consciencia muy clara de que no hay motivo por avergonzarse de ellas. ¿Quién ha visto a un blanco americano dejar de autodefinirse por su ascendencia irlandesa o italiana so pretexto de que esta se remonta ya a varios siglos atrás, como ocurre a menudo? Cada uno se aferra a su identidad precolonial y resulta de lo más comprensible: solamente a los africanos se les pide con condescendencia que miren para adelante y dejen de rumiar el pasado.

Esta parte de la identidad negra no está alterada por el mestizaje, queda inscrita en mis genes y en mi relación con la historia colonial. No está “atenuada” tampoco por mi parte blanca, porque mi percepción con respecto a la historia no es el resultado de un minucioso cálculo del porcentaje de “sangre” negra, blanca o indígena. Les guste o no a los supremacistas blancos que se regocijan perniciosamente de poder silenciar a un mestizo, si este se identifica con la historia de sus ancestros africanos, mediante el justificativo falaz de que él también sería portador de una “culpabilidad compartida” por tener ancestros blancos. Este tipo de argumentación solamente devela una culpabilidad blanca mal digerida. Se utilizará con más fuerza si la apariencia del afrodescendiente aludido se asemeja más a la de un blanco que a la de un negro. Como si fuera posible que la “sangre blanca” limpiase la “sangre negra” de la historia. Se produce ahí un efecto perverso de la ideología del mestizaje en tanto horizonte ideal en los países poscoloniales, asunto sobre el que volveré en un próximo artículo.

No se trata de una cuestión de culpabilidad; no creo que la culpabilidad o que la responsabilidad tenga por qué ser hereditaria. Cada uno es únicamente responsable de sus propios actos y sería absurdo guardarle rencor a un blanco por aquello que hicieron sus antepasados e igual de injusto sería el hecho de ampliar a todas las personas de “su raza” una responsabilidad general. La demanda de reparación por la esclavitud, legítima y que comparto, no tiene nada que ver con alguna culpabilidad, sino con el hecho de devolver lo que ha sido tomado. La “culpabilidad blanca” emana con frecuencia de los blancos mismos, quienes sienten malestar cuando se habla de estos temas, como si se aludiera directamente a ellos. El trabajo simbólico y psicológico por hacer es enorme: la negación de este problema solamente prorroga infinitamente la supremacía blanca, y la ausencia de este trabajo produce una falsificación sistemática y patológica de la historia africana. Frantz Fanon decía que matando a un colono se liberaba a dos personas del colonialismo: hay que descolonizar tanto al blanco como al negro10 .

Si una fortuna se construyó a base de trabajo forzado, entonces tiene que ser restituida. Y este es el caso del desarrollo económico de Occidente y de su pasaje a la modernidad industrial: sin la acumulación permitida por el saqueo de las riquezas de África y de las Américas y la masa gigantesca de obras realizadas gratuitamente por brazos africanos y amerindios, Occidente nunca hubiese salido del medioevo económico (Eduardo Galeano, entre otros, lo demuestra en su libro Las venas abiertas de América latina11 ). Los judíos recibieron reparación de parte del Estado alemán, no porque cada alemán sea responsable de la Shoah, sino porque el Estado alemán cometió el genocidio en tanto tal, además de sacar extraordinarias riquezas de la confiscación de sus bienes. Asimismo, los estadounidenses de origen japonés obtuvieron reparación por haber estado internados en campos durante la Segunda Guerra Mundial. Son dos las dimensiones: el crimen cometido y las riquezas obtenidas de este crimen. No existe ningún motivo por el que los africanos deberían quedar excluidos de la justicia humana.

Cultura y liberación

Después de recorrer el aspecto “vivido” y el aspecto histórico de la identidad afro, quisiera ahora detenerme en la noción de cultura, que tiene aquí un papel fundamental.

La cultura afroamericana (y no solo afroestadounidense) tuvo una importancia enorme en mi concientización hasta integrar mi propia identidad, bajo las dos modalidades descritas a continuación.
En primer lugar está el papel esencial de la cultura como correa de transmisión: por medio de la música, la literatura y el cine tuve conocimiento de la historia de mis ancestros afroamericanos. La narración histórica eurocéntrica que nos envuelve inevitablemente en Francia no hizo sino subrayar la ausencia de mi propia historia en mi conciencia y en la conciencia general: asombra sobre todo por su falta de consideración. Esto era muy difícil al principio, sin una buena caja de herramientas: ¿cómo averiguar si lo que me iban a enseñar sobre mis ancestros no era una mentira y una manipulación? Porque aquel que se presenta como autoridad histórica es la continuidad histórica de aquel otro, responsable de la destrucción de África. Por lo tanto, fue por medio de la herramienta necesaria del afrocentrismo que emprendí la deconstrucción de la historia de África que se me había contado hasta entonces. Más tarde, gracias a la crítica radical de la epistemología y del paradigma de la modernidad occidental, pude empezar a deshacerme de la ideología colonial. La lista de los que tienen mi gratitud por el desarrollo de este proceso es demasiado larga para ser incluida en este artículo; espero poder establecer pronto una bibliografía para remediar esta falta.

El drama del descendiente de colonizado que vive en el mundo de la supremacía blanca, en mi opinión, reside en esto: padece una despersonalización caracterizada por su ausencia en el interior de la narración histórica que la nación hace de sí misma. Él no es sino un objeto de la historia, no existe fuera de su relación con el blanco. Esta dependencia resulta particularmente exacerbada en la mitología producida respecto del afroamericano: fue comprado, reducido a la esclavitud y luego por fin liberado, pero siempre por el blanco.
Es la cultura, en tanto aspecto reconstructor y productor de una identidad autónoma, de un nuevo centro para el descubrimiento y la identificación con la larga y continua historia de las luchas africanas y descoloniales, la que devuelve su humanidad al colonizado pues, en adelante, es un ser que actúa.
Fue difícil, debido a la presión constante de parte de la ideología colonial para singularizar, minimizar y apropiarse de la lucha: ¿acaso no es muy común escuchar que los colonizados arrancaron sus cadenas gracias a los ideales de las Luces? Jeque Mohamed Al Bachir Al Ibrahimi, en Argelia, no evocaba a Voltaire, sino al Corán cuando asoció el colonialismo con una empresa satánica y profundamente antiislámica12 .

Los primeros levantamientos organizados de esclavos africanos en Brasil tampoco ocurrieron gracias a la francofonía, más bien gracias a la lengua del islam, el árabe, lo que los supremacistas blancos se cuidaron mucho de recordar: es necesario preservar el mito de los villanos árabe-musulmanes que hicieron pasar el África negra por el filo de la espada.

Recordar que el islam fue la piedra angular de la lucha anticolonial en los países musulmanes les disgusta a los promotores de la barbarie colonial y a sus descendientes ideológicos de derecha o de izquierda. Ellos, que siempre encontrarán ventaja en su empresa, incluso en su propia destrucción, según la concepción fundamental de que Occidente era, es y será el Faro del Mundo en una laicización grosera del concepto de “Destino manifiesto”. La génesis de un acto solamente puede emanar de ellos. Siempre son los únicos actores de la Historia.

No por azar mi profesión de la fe islámica se produjo en la unión entre el momento de la deconstrucción y el de la reconstrucción de mi identidad: semejante cuestionamiento no podía ser parcial y yo no podía ahorrarme una completa revisión de mi relación con el mundo. El materialismo ateo ciertamente no es neutro, ni históricamente ni culturalmente: es el producto de la modernidad occidental. No nos confundamos respecto de mis declaraciones: siempre hubo gente con todo tipo de ideas acerca del sentido de su existencia; esto no implica ningún grado más o menos importante de alienación a la ideología de la modernidad occidental o, en otras palabras, a la ideología colonial.

Es más bien al aspecto hegemónico de esta doctrina al que apunto, este mismo que alteró desde hace mucho tiempo las diferentes religiones produciendo materialismos religiosos inseparables de un “desencantamiento del mundo”, este mismo, a su vez, indisociable de la colonización en tanto acto de puesta en periferia del conjunto del mundo alrededor de un centro dominador y hegemónico.

Precisamente a raíz de este aspecto hegemónico, mi palabra perdió un peso considerable dentro del ámbito militante y universitario, debido a mi testimonio de fe: me volví un individuo considerado “premoderno”, por no usar otros adjetivos.

Tampoco es por azar que el islam, así como también otras tradiciones espirituales, haya cumplido un papel tan importante en el seno de los movimientos afroamericanos: el que se hace garante de tu alma es también el que la posee; por lo tanto, una deconstrucción no puede ser completa sin un total cuestionamiento de la relación con el mundo, en todas sus dimensiones.

El trabajo de descolonización muy a menudo ha sido marcado por una transformación espiritual, sea en Irán con el Ayatola Jomeini y Ali Shariati, en Estados Unidos con Martin Luther King o Malcolm X, en India con Gandhi, en Perú con Tupac Amarú, en Argelia con Malek Bennabi, en Burkina Faso con Thomas Sankara o en Nicaragua con los sandinistas: consiste en una puesta a distancia crítica del “centro colonial”, encarnado en la forma de religiosidad dominante, mediante la ayuda de la conversión a otra religión, o bien mediante una reapropiación de esta fuente religiosa y su reajuste en una nueva interpretación. En definitiva, ambas tentativas no son tan diferentes.

Volviendo a la especificidad de la cuestión de los afrodescendientes uruguayos, no puedo dejar de evocar el rol identitario fundamental de las percusiones agrupadas bajo el nombre de “kandombe” (literalmente: “lo que hacen los negros” en idioma yoruba) en la conciencia afro. Ahí se encuentra el vínculo jamás interrumpido entre África y América, en los desfiles anuales o “llamadas”, que eran tanto demostraciones de fuerza como un medio de comunicación entre los esclavos africanos. Asimismo, encontramos en los símbolos que adornan diferentes banderolas, colores y banderas elementos de referencia propiamente africanos que nuestros ancestros buscaban transmitirnos: existen símbolos donde se mezclan la luna creciente y la estrella, indiscutible testimonio de la presencia del islam en los africanos deportados a América, corroborado por el descubrimiento de registros escritos en árabe por los esclavos africanos de Brasil.
El islam es pues un elemento integrado a la cultura africana y a la vez a la cultura afroamericana: una cuarta parte de los africanos deportados al universo concentracionario de América era musulmana.
Por supuesto que al kandombe no lo practican solamente los afrodescendientes. Muchos grupos están ahora mayoritariamente compuestos por blancos y un blanco puede perfectamente apreciar esta música e identificarse con ella. Esto no impide que la relación de un afrodescendiente con el kandombe sea necesariamente diferente: es para nosotros un elemento de supervivencia, una cuestión de vida o de muerte para nuestro pueblo el saber preservarlo y recordar sin cesar su significado y su historia.

Esta narración del rol de la cultura en la construcción de mi propia identidad no es, por cierto, tan orgánica y lineal como podría parecer: intento volver a juntar los fragmentos a posteriori. Tampoco quiere decir que el trabajo esté acabado. La profesión de la fe islámica tiene, por ejemplo, un lugar significativo: es un accidente en este trabajo de deconstrucción y un agente importante en el trabajo de reconstrucción, por lo tanto no ha sido otra cosa que el fruto de una búsqueda espiritual interior que trasciende estas consideraciones a la vez que las contiene. El grado de importancia de su rol solamente se me hizo claro, por así decirlo, durante la redacción de este artículo.

Mi reflexión sobre este tema todavía se encuentra en un estadio embrionario y cualquier comentario o recomendación sería para mí una ayuda valiosa en su desarrollo. Sobre todo si se considera que el acoplamiento del testimonio de una experiencia con su análisis constituye una empresa peligrosa en cuanto a la escritura de este artículo. La separación de la identidad afro en tres entidades es ficticia, por supuesto; no es sino un recorte que me permite expresar una relación con esta identidad y no una teoría de pretensión universal, como lo decía al principio de estas líneas. Cada parte es interdependiente e indisociable: la experiencia negra es a la vez una puerta y una jaula oscura, su relación con la historia una llave y una cadena, y su cultura una luz preciosa.

Febrero de 2013

Traducción del francés: Véronique Celton – Revisión: María Wallas


1. Esta nota ha sido publicada originalmente en francés en el sitio web de Les Indigènes de la République, http://www.indigenes-republique.fr/article.php3?id_article=1802 La traducimos y la publicamos con la muy amable autorización del autor (N. de la T.).
2. http://www.cases-rebelles.org/qui-est-noir-e/. Se puede leer el artículo en castellano en mi blog www.descoloniza-te.blogspot.com. Cases Rebelles es un sitio web francés de afrodescendientes y africanos, que alberga un programa de radio online.
3.http://www.mrax.be/spip.php ?article270
4.El autor se refiere a situaciones en las que presencia y percibe directamente la transformación de su propia identidad en la mente de un interlocutor, en el momento en que este se percata de su mestizaje. Con frecuencia cambia la actitud de la persona hacia él. Entró como blanco en una habitación, pero sale mestizo de ella (N. de la T.).
5.Quiero aclarar que este es el caso real de una mujer que conocí en el Norte argentino, hija de una japonesa y de un argentino blanco y a la que todos percibían como “indígena”, lo cual por supuesto no corresponde. Mi propósito es insistir en el derecho de cada uno a autodefinirse.
6.http://www.theroot.com/views/exactly-how-black-black-america ?page=0,0&fb_ref=fb_share_toolbar_horizontal)
7.Ver al respecto: “An African Tree Produces White Flowers: Black Consciousness in the Afro-Argentine Community During the Nineteenth and Twentieth Centuries” : http://www.as.miami.edu/clas/pdf/erika_edwards.pdf
8.Volveré sobre el caso del kandombe y su reapropiación problemática como «elemento nacional» de la cultura uruguaya en otro artículo, así como sobre el racismo en Uruguay, su costado más «estructural» y sus especificidades nacionales.
9.“colorismo”: teoría tendiente a dividir el afro descendiente en una miríada de categorías según el color de la piel y la parte más o menos importante de « sangre » negra.
10.Fanon, F., Los condenados de la Tierra, 1ª edición, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2007 (N. de la T.).
11.Galeano, E., Las venas abiertas de América latina, Buenos Aires, Siglo XXI editores, 2010 (N. de la T.).
12.http://www.liberation-opprimes.net/la-fatwa-de-cheikh-el-ibrahimi-contre-le-colonialisme/


miércoles, 14 de marzo de 2012

Los Afro argentinos y la Justicia Social

La presencia afro en la identidad nacional argentina siempre ha sido objeto de un debate permanente a nivel nacional como internacional, necesitando de este modo que serias investigaciones ocurrieran para subsanar las informaciones contradictorias al respecto para poder llegar a la verdadera identidad nacional argentina, la cual incluye la población procedente de áfrica subsahariana, es decir áfrica negra. Tras rescatar la presencia afro como uno de los componentes poblacional argentino, es importante hacer referencia a sus aportes y contribuciones en la construcción del país y abordar lo relacionado a la justicia social de este fragmento poblacional.

El censo llevado a cabo por Juan José de Vértiz y Salcedo en 1778 arrojaba resultados con una presencia afro muy elevada en las provincias de mayor producción agrícola: el 54% en la provincia de Santiago del Estero, el 52% en la provincia de Catamarca, el 46% en la provincia de Salta, el 44% en la provincia de Córdoba, el 42% en la provincia de Tucumán, el 24% en la provincia de Mendoza, el 20% en la provincia de La Rioja, el 16% en la provincia de San Juan, el 13% en la provincia de Jujuy, el 9% en la provincia de San Luis.1 En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires la población afro representó el 30% del total durante la presidencia de Juan Manuel de Rosas. En la actualidad se estima que los afro descendientes representan aproximadamente el 2% de la población argentina, pero este porcentaje hubiese sido superior a 4% si los afro descendientes residentes en ciudades con una población mayor a 50.000 habitantes hubiesen sido censado como teniendo raíces afro en el censo nacional de 2010.

Respecto a los aportes y contribuciones en la construcción de la Argentina, los africanos como esclavizados, se destinaron a las labores de agricultura, ganadería, el trabajo doméstico y en menor medida la artesanía. En las zonas urbanas, muchos desarrollaban labores de artesanía para la venta, cuyos réditos percibían sus patrones. Adicionalmente, en condición de esclavizados, libertos o inmigrantes, los afro argentinos aportaron mucho en la construcción de Argentina como lo señaló Jorge Miguel Ford en “Los Miembros Sobresalientes de mi Raza” donde da perfiles de catorce afro argentinos, de los cuales seis estaban en las fuerzas armadas (Lorenzo I. Barcala; Domingo Sosa; Felipe Mansilla; Casildo Thompson; Eduardo Magee; José María Morale), dos eran compositores (Federico Espinosa, Zenón Rolón), dos eran intelectuales (Froilán P. Bello; Casildo G. Thompson); uno era un filantrópico (Eugenio Sar); uno era escriba (Tómas B. Platero); uno era periodista (Manuel G. Posadas) y uno era poeta (Horacio Mendizábal). Muchos otros aportaron y siguen aportando en otros aspectos y sectores de la sociedad argentina, pero con una fuerte invisibilización de sus aportes y de ellos mismos como una manifestación deliberad y notable del racismo en Argentina como lo ha manifestado la Dr. María José Lubertino cuando era presidente del INADI, “Los afros en la Argentina han sido invisibilizados y hoy siguen invisibles. Este es el resultado de un proceso de diáspora producido por el esclavismo y su transformación en servidumbre… La actual estratificación social los ubica en la pobreza”

En cuanto a la justica social, la historia de la esclavitud misma y los maltratos recibidos por integrantes de la comunidad afro durante y después de la abolición de la esclavitud demuestran la violación sistemática de sus derechos fundamentales (políticos, civiles, económicos, sociales y culturales) que revela la notable injusticia social que caracterizó y caracteriza a esta comunidad en Argentina.

El concepto de la injusticia social puede evocarse cuando no todas las personas dentro de una sociedad tienen acceso igualitario a las instalaciones, servicios, sistemas, beneficios dentro de esa sociedad y en el caso de la comunidad afro, esto se caracteriza por no tener acceso igualitario a varios de sus derechos fundamentales, principalmente la educación, el empleo decente y estable, la vivienda digna, derechos políticos ubicándola en la situación de marginalidad y pobreza permanente. Esta injusticia social fue y sigue siendo producto de los sistemas políticos y conductas culturales y sociales que prevalecen en nuestro país por considerar que los afros no deben ser tratados con dignidad humana (algo difícil de crear o de reconocer por distintos motivos).

A través la III Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación racial, la Xenofobia y la Formas Conexas de Intolerancia (septiembre 2001) se consideró como delitos de lesa humanidad, los tratos inhumanos infligidos a integrantes de la comunidad afro por intermedio de la esclavitud y el racismo, y esto implicaría que Argentina como país había incurrido en estos delitos. Por lo tanto en función de la injustica padecida por integrantes de esta comunidad y en sintonía con los instrumentos internacionales y nacionales de derechos humanos se explicaría la necesidad imperativa y urgente de reparación de dichas injusticia en pos de la construcción de una sociedad igualitaria.

La protección, promoción y defensa de los derechos humanos es la responsabilidad de los Estados a través de sus distintos organismos desde la nación hasta los municipios, con el involucramiento de todos los sectores de la sociedad (partidos políticos, empresas privadas, escuelas, sindicatos, universidades, iglesias, hospitales, etc.) y de la ciudadanía. Es en este contexto que las Naciones Unidas habían proclamado en 2007 el 20 de febrero de cada año, como Día Mundial de la Justicia Social, considerándola “un principio fundamental para la convivencia pacífica y próspera” y que constituye “el núcleo su misión global para promover el desarrollo y la dignidad humana”. La justicia social tiene entonces por objetivos principales: “erradicar la pobreza y promover el empleo pleno y el trabajo decente, la igualdad entre los sexos y el acceso al bienestar social y la justicia social para todos”.

En términos concretos, la argentina tiene una deuda pendiente con la comunidad afro y el momento ha llegado para que la sociedad con las directrices y colaboración de los gobernantes empiece a deshacerse de esta deuda. Para ello, se podría recurrir a las siguientes sugerencias:
Realizar un censo que permita identificar a integrantes de la comunidad según su lugar de residencia, ¿en qué condiciones viven? ¿Cuáles son sus niveles de educación?, ¿Cuáles son sus necesidades educativas?, ¿Cuáles son sus posibilidades de empleabilidad y reinserción profesional y/o laboral?, ¿Cuáles son sus necesidades de vivienda, de salud, de otros servicios básicos? Esto le permitiría al Estado determinar o identificar prioridades, es decir necesidades, para luego diseñar con la colaboración y participación de los interesados y otros organismos la política social adecuada y específica para la comunidad. Luego, habrá que disponer de todos los recursos necesarios (recursos humanos, financieros, técnicos, institucionales, etc.) para la implementación de la dicha política social y colaborar en el control, ejecución y evaluación de los resultados. Esto se resumiría en la elaboración e implementación de un Plan Nacional de Acciones Afirmativas como recomendado en las Conclusiones y Resoluciones de la Conferencia de Durban para identificar necesidades, atenderlas creando oportunidades económicas y prosperidades, y garantizando los derechos.

Me gustaría terminar este artículo con la observación de Alejandro Solomianski en Identidades secretas: la negritud argentina, donde resalta que “permanentemente hubo un grupo opresor (Euro-argentino) identificado con un concreto sistema ideológico-cultural (euro centrista capitalista) y diversos grupos oprimidos”1. El autor sigue y dice: “en gran medida la historia de la negritud argentina es también la historia de la blanquedad argentina, aunque no queramos verla en tanto tal o aunque ésta se nos auto presente, como la única argentinidad”2.


Por. Nengumbi C. Sukama
Presidente IARPIDI.

viernes, 2 de marzo de 2012

El negro Barcala

Por: Rogelio Alaniz

Cuando Facundo Quiroga derrotó a Lamadrid en la batalla de Ciudadela decidió fusilar a todos los oficiales prisioneros. Se dice que de los 33 oficiales, 31 fueron pasados por las armas. Dos salvaron sus vidas. Uno fue Pedro Morat que se escapó aprovechando la distracción de un centinela y el otro el coronel Lorenzo Barcala. Barcala era el único negro con rango militar. En realidad fue el único negro en la historia patria que llegó a coronel, grado que le otorgó el general Paz en el campo de batalla.

A Quiroga le debe haber llamado la atención que un negro sea coronel o tal vez fue el azar el que determinó que decidiera conversar con uno de los prisioneros condenados al paredón. El diálogo entre Quiroga y Barcala es leyenda. No hay documentos que verifiquen su existencia real pero, como dijera el periodista de la célebre película de John Ford, “Cuando en el Lejano Oeste la historia y la leyenda se confunden lo que importa es escribir la leyenda”.

Se cuenta que Facundo lo encaró a Barcala y le preguntó a boca de jarro: “Si usted estuviera en mi lugar ¿qué haría?”. Quiroga esperaba la respuesta previsible de un condenado a muerte: el perdón, la clemencia, la piedad o algo parecido. Sin embargo Barcala sin bajar la vista le respondió: “Fusilarlo en el acto”. Dicen que los ojos de Quiroga brillaron debajo de sus cejas espesas. Los que lo conocían sabían que ese brillo era el anticipo de una decisión temible y sobre todo imprevista. Quiroga se acercó a Barcala y en voz alta para que todos escuchen dijo: “Entonces desde hoy usted será mi ayudante”.

¿Quién fue Barcala? ¿Cómo fue posible que un negro llegara a ejercer el grado de coronel otorgado por el oficial más brillante de la historia nacional? ¿Es verdad que era tan popular entre la tropa? ¿Es cierto que además de valiente era inteligente y culto? ¿Dónde termina la historia y empieza la leyenda?

Según se sabe, Barcala pudo haber nacido en 1893 ó 1895 en Mendoza. Sus padres eran negros africanos. Conoció la esclavitud desde niño, aunque en Mendoza el trato a los esclavos era relativamente benigno, sobre todo si se lo comparaba con el que recibían -por ejemplo- en Brasil o en los países donde predominaba la economía de plantación. Barcala fue liberado de la esclavitud en 1813. Su amo se llamaba Cristóbal Barcala. Era un acaudalado comerciante de la ciudad que no sólo le dio la libertad, sino que además le permitió usar el apellido.

Cuando San Martín llegó a Mendoza, Barcala ya era soldado. San Martín le encargó que organizara el regimiento de negros, tarea que cumplirá al pie de la letra, porque ya para entonces es un personaje popular entre la tropa y, muy en particular, entre sus paisanos negros. No se sabe con certeza por qué Barcala no se sumó al Ejército de los Andes, aunque sí se conoce el aprecio que le tuvo San Martín.

Para 1819 y 1820 ya estaba metido de lleno en las guerras civiles de donde nunca más saldrá. En la crisis de 1820 peleó bajo las órdenes del general Bruno Morán y luego del general José Albino Gutiérrez. Entonces su grado militar era el de sargento y en esas refriegas ganará un ascenso y una medalla por haber luchado contra “la anarquía”.

Unos años después lo encontramos en Cuyo al lado del fraile Aldao y enfrentado al político sanjuanino Salvador María del Carril. Ya para entonces lo conoce a Lavalle y en un escenario donde la división entre unitarios y federales era cada vez más tajante, él ya está identificado con la causa unitaria. Su posicionamiento no es ni ideológico ni doctrinario. Como la mayoría de los protagonistas de aquellos años, su alineamiento se realiza atendiendo las luchas facciosas locales.

En 1826 está en Brasil y pelea bajo las órdenes del coronel Ramón Bernabé Estomba. En la batalla de Punta del Este es tomado prisionero y trasladado a Río de Janeiro. Su situación será particularmente difícil por su condición de negro en un país esclavista. Su prisión en Brasil se prolonga hasta el fin de la guerra. Sus biógrafos aseguran que aprovechó el “tiempo libre” de preso para estudiar.

Cuando en 1828 regresa Buenos Aires con la mayoría de los oficiales que pelearon en esa guerra, no tiene reparos de participar en el derrocamiento de Dorrego. Decide luego ponerse bajo las órdenes del general Paz. Como soldado del célebre Manco pelea en las batallas de San Roque, La Tablada y Oncativo. Los ascensos a teniente coronel primero y a coronel después los gana en el campo de batalla. Paz lo considera uno de sus oficiales más inteligentes y decididos. Según Sarmiento, Barcala fue el nexo entre el general Paz y el pueblo. “Fue el genio inspirador de las nobles ideas entre la gente del pueblo y fue el propagandista sincero de los principios del orden y la cultura entre las masas”. Agrega luego Sarmiento: “Paz llevaba consigo un intérprete para entenderse con las masas cordobesas ¡Barcala!”.

En los ejércitos de la revolución y en las guerras civiles la participación de los negros fue importante. Se estima que en algún momento llegaron a representar al treinta por ciento de la tropa. Exageraciones al margen, lo cierto es que no fueron pocos. Es muy probable que muchos hayan creído en los ideales de la independencia, aunque tampoco se debe descartar que la gran mayoría se movilizaba por las promesas de libertad o, como dijera Borges, por la incitación al peligro. Los regimientos de pardos y morenos fueron importantes, pero, hay que agregar, importantes para los dos bandos, ya que los godos también contaban con la contribución de los negros. En nuestra modesta historia, la leyenda recuerda al negro Falucho y su épica en el Callao. Se habla del negro Antonio Videla que peleó en el sitio de Montevideo. Y no mucho más. De todos, Lorenzo Barcala fue el más famoso y, de alguna manera, el más auténtico. Enredado en las guerras civiles nunca salió de ellas y terminó siendo una víctima más de un proceso implacable que exterminaba sin piedad a sus propios protagonistas.

Después de sumarse al estado mayor de Quiroga, se mantuvo leal a su flamante jefe hasta la muerte de éste en febrero de 1835. La sucesión por el liderazgo de Quiroga dio lugar a una feroz guerra civil en el noroeste entre los principales caudillos de entonces: los hermanos Aldao en Mendoza, Martín Yanzón en San Juan, Brizuela del Moral en La Rioja y Alejandro Heredia en Tucumán. El que se quedará con el trono vacante será Heredia, aunque no por mucho tiempo. En el camino serán ejecutados o muertos en el campo de batalla los principales caudillos. El propio Alejandro Heredia, unos años después, será asesinado en una emboscada en la estuvieron comprometidos los jóvenes unitarios. La guerra civil era una impiadosa máquina de picar carne.

Barcala en esos años está alineado con Yanzón y su enemigo declarado es el fraile Aldao. Cuando se inicia la disputa por la sucesión del poder en Cuyo, Yanzón y su ministro pensante Domingo Oro desde San Juan lo movilizan a Barcala contra Aldao. Los sanjuaninos son derrotados en el campo de batalla. Se inicia entonces una tensa negociación entre Oro y Aldao. Aldao promete olvidar la afrenta si le entregan a Barcala. Si esto no ocurre amenaza invadir San Juan y no dejar títere con cabeza. Ante semejante perspectiva, Oro no duda un instante: entrega a Barcala.

Así se arreglaban las diferencias entonces. Entre el fraile apóstata y borracho y el muy culto y distinguido Oro no había en el fondo grandes diferencias. Y si las hubo Barcala no las pudo llegar a apreciar. Al negro de Paz lo trasladan a Mendoza engrillado. Aldao organiza un simulacro de juicio y Barcala es fusilado el 1º de agosto de 1835. Tenía cuarenta años y la oportunidad que le dio Quiroga no se la dio el temible fraile. El juez que presidió el tribunal se llamaba Timoteo Maradona y es probable que haya sido bisabuelo de don Laureano Maradona, cuya familia es de origen cuyano.

La carta de despedida, Barcala se la envió a él. “Cuando esta carta llegue a sus manos yo ya no existiré. Estoy en capilla y mañana a las once seré ejecutado. La amistad que he tenido con usted y toda su casa espero que sirva para que haciendo los mayores esfuerzos mande mi equipaje a mi desgraciada familia. Así se lo suplica su atento y desgraciado amigo”. Barcala vivió y murió como un valiente. La misma suerte corrió su hijo Celestino treinta años después, cuando fue fusilado luego de la batalla de Pozo de Vargas por Felipe Varela.

Fuente: http://www.ellitoral.com/index.php/diarios/2010/07/28/opinion/OPIN-05.html

Facundo Quiroga y José Felix Aldao. El primero le perdonó la vida a Barcala, el único negro con rango militar en la historia nacional. El segundo, lo mandó a fusilar.