Entrevista Nengumbi con Paul Byrne

Buenos Aires, Argentina Diciembre 2009
Mostrando entradas con la etiqueta afroargentinos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta afroargentinos. Mostrar todas las entradas

lunes, 16 de enero de 2017

La ruralidad negra cuenta su historia

Domingo 15 de Enero de 2017

La ruralidad negra cuenta su historia

En un pueblo cercano a Villaguay rescatan un cementerio de los “manecos”, donde descansan los restos de miembros de familias afroamericanas que llegaron desde Brasil hacia 1870. Los descendientes cuentan la historia de sus mayores

Por Jorgelina Hiba / La Capital


Manuel Gregorio Evangelista era brasileño, negro y esclavo. Nació en algún lugar de esa tierra pero decidió que no iba a morirse ahí, donde hacia finales del siglo XIX todavía existía la esclavitud. Entonces emprendió un camino largo y peligroso hacia el sur del continente, donde la Asamblea del año XIII había decretado la libertad de vientres.

Fue el primer afrodescendiente en llegar a la zona rural de Villaguay, Entre Ríos, hacia 1870. Allí se casó, tuvo 13 hijos y allí murió. Su vida excepcional tuvo un final único: fue el primer sepultado en el “cementerio de los manecos”, un lugar creado por la comunidad negra de la zona para enterrar a sus muertos que hoy busca ser rescatado del olvido después de décadas de abandono.

“La historia de los negros de América es la historia de los nadies”. Abraham Arcushin, odontólogo descendiente de rusos que despunta el vicio del estudio de la historia local de ese rincón de Entre Ríos, pensó la frase antes de largarla al viento sentado bajo la sombra de un antiguo ubajay: ese puñado de palabras sirvió para explicar por qué el cementerio de los negros de Ingeniero Sajaroff (pequeño pueblo ubicado a 20 kilómetros de Villaguay) todavía parece más un baldío que un lugar sagrado.

A pesar de su particularidad histórica, el cementerio de los negros —uno de los pocos, o tal vez el único de Argentina— hoy está abandonado y sobrevive al lado de un basural. “El basural está indicado con un cartel, el cementerio ni eso” puntualizó Arcushin mientras repasaba con la mirada las viejas cruces oxidadas y los montículos de tierra que marcan de forma desordenada el lugar dónde descansan los 25 manecos. Estos le dieron vida y prosperidad a un pueblo que primero se llamó Capilla y que después fue rebautizado con el nombre de alguien que compartía la condición de inmigrante con Evangelista, pero que tenía otro color de piel.

Pero después de años de silencio de la historia oficial, algo está empezando a cambiar en Sajaroff: tras una persistente insistencia, Arcushin logró que el gobierno entrerriano se interesara en recuperar parte de su propio legado.

Fue así que desde el Ministerio de Turismo de esa provincia designaron al Museo Serrano de Paraná como institución responsable de investigar el aporte de los afrodescendientes en esa zona, un mandato que salda una deuda y que ayuda a poner en palabras escritas algo que hasta ahora sólo se transmitía de manera oral.

Cuidar la historia

Como cuentan algunas de las descendientes de Evangelista que aún viven en el pueblo, aunque durante años los bebés venían al mundo gracias a las manos negras de la partera “maneca” Clara Peralta, los muertos de piel oscura no tenían lugar junto a los blancos. Por eso eligieron una parcela algo alejada del centro del pueblo para enterrar a sus viejos y a los que se iban antes de tiempo.

“Es hermoso sentir que al fin puedo contar mi historia, porque acá siempre predominó la herencia de los europeos”, explicó Isabel Pérez, bisnieta del esclavo que huyó de Brasil, en el mismo patio donde los negros se asentaron para darle vida, color y música a la ruralidad entrerriana.

La escuchan y asienten dos de sus parientes cercanas: Juana Evangelista y Soledad Ramírez, también descendientes de Manuel. Soledad es la hija de Clara, la partera, a quien prometió que iba a recuperar el cementerio en memoria del esfuerzo de sus antepasados.

“Los manecos sufrieron mucho para llegar acá, los viejos contaban que habían tenido que huir de Brasil tras una matanza de esclavos y que caminaban de noche para escaparle al calor”, rememoró Soledad.
En Ingeniero Sajaroff el propio nombre del caserío evidencia qué parte de la historia se eligió contar: poco se sabe de la herencia afro, y al menos por ahora no hay carteles ni circuitos turísticos que retomen esa tradición.

Isabel tiene una explicación para eso: “lo que pasa es que acá los negros seguían siendo casi esclavos, trabajaban mucho y les pagaban con comida o ropa, y eso no era ser enteramente libre”, reclama más de un siglo después.

El trabajo de archivo y los relatos orales ubican la llegada de los esclavos brasileños entre 1850 y 1870. Uno de ellos fue Evangelista, quien se casó con la uruguaya Lorena Pintos con quien tuvo 13 hijos a partir del año 1874.

“Es un caso particular que visibiliza todo el proceso migratorio de los afrodescendientes” explicó Juan Marco Quiroga, quien junto a Cristian Lallemi, Alejandro Richard y Joaquín Fontana llevan adelante el trabajo de recuperación histórica, coordinado por el Ministerio de Turismo de Entre Ríos a través del museo de Ciencias Naturales de Paraná, con colaboración de la Municipalidad de Villaguay y la Junta de Gobierno de Sajaroff.

Los investigadores sostienen que el nombre de “manecos” viene de Manuel, ya que según sus estudios no tiene ningún significado en portugués.

Tras su llegada Evangelista comenzó una historia llena de sacrificio y trabajo junto a otros afrodescendientes que, como él, habían decidido fugarse del Brasil esclavista para desembarcar en las fértiles tierras entrerrianas, donde al poco tiempo también arribarían rusos judíos perseguidos por el hambre y por el zar.

Dos historias

Aunque las dos comunidades crecieron a la par y pudieron convivir de buena manera, la historia oficial —hecha a base de decisiones humanas—les reservó un lugar distinto.
Según el censo de 1820, en Villaguay había 30 personas anotadas como “esclavos” sobre un total de 300 habitantes, a lo que habría que sumar a otros de origen angolés que ya habían sido anotados como ciudadanos libres.

Por lo tanto —según explicaron Richard y Quiroga— más de un 10% de la población del lugar era negra, una situación que se replicó en muchas localidades de esa provincia como Concepción del Uruguay y Paraná.

Pero el propio Estado, embarcado en un proyecto de país blanco, fue el que se encargó de borrar esa parte de la historia: “la generación del ‘80 y la idea de un país hecho con colonos europeos ayudó a que la historia de los negros fuera invisibilizada”, explicaron, para agregar que incluso en los archivos oficiales de esa época se dejó de hablar de negros para anotarlos como “trigueños”.

Capilla era en esa época un poblado rural con cierto movimiento que tenía almacenes, depósitos de granos y la pequeña iglesia que le daba nombre al lugar.

Poco después de la llegada de los afrodescendientes comenzaron a llegar colonos europeos, y en 1892 se fundó la colonia judía de la mano de la segunda gran ola inmigratoria.

Muchos eran campesinos pobres rusos judíos, aunque también desembarcaron a tierras enrerrianas hombres de negocios y profesionales escapados por cuestiones religiosas y políticas. Uno de ellos era Miguel Sajaroff.

Según el grupo de estudio, los manecos eran muy flexibles y abiertos a las nuevas culturas: tanto así, que con los años y la convivencia muchos comenzaron a entender e incluso a hablar el yiddish, la forma de hebreo que usaban los judíos europeos. “Existía una buena simbiosis, y gran disposición a trabajar juntos”, resaltaron los investigadores.

Se dedicaron al trabajo manual y a tareas rurales en un principio, para luego (ya a principios del siglo XX) convertirse también en carreros que transportaban mercaderías.

“Acá hubo un proceso migratorio puro y un pueblo con una enorme historia. Tuvo su momento de esplendor con la cercanía del tren, una gran cantidad de acopios agrícolas y hasta un teatro”, explicó Richard.
Como muchas otras localidades de la zona agrícola argentina, Sajaroff se movió al compás de las protestas sindicales que buscaban mejorar las condiciones de vida y de trabajo de los obreros y campesinos.

Pero como también ocurrió en vastas zonas pampeanas, a partir de la década de los 50 y entrados los años 60 el pueblo comenzó a quedarse vacío ya que muchos de sus pobladores eligieron irse a grandes ciudades, sobre todo Buenos Aires.

El cementerio

No existe certeza sobre la fecha de fundación del cementerio de los negros de Sajaroff. Los investigadores piensan que data de finales del siglo XIX o principios del XX, aunque la fecha exacta aún es difusa.
Está ubicado en la ruta de acceso al pueblo, sobre el margen izquierdo de la calle y justo al lado de un basural. Es un cuadrado de tierra despareja que encierra una veintena de cruces viejas, algunas caídas y todas oxidadas y que está precedido por un muro semiderrumbado.

Con el campo como paisaje de fondo, se destacan tres armazones de hierro de estructura vertical. “Cuando morían bebés o nenes muy chiquitos los manecos los enterraban con cuna y todo, con la creencia que al enterrar la cuna también alejaban a la enfermedad de la casa”, aclaró Quiroga.
Junto con Arcushin, destacaron que el cementerio tiene un valor histórico muy fuerte, y que su recuperación es clave para reconstruir la memoria de esta comunidad.

Así lo siente también Isabel: “el cementerio será nuestro lugar, el lugar de nuestra comunidad. Es algo muy importante para mi, y la idea es poner allí las dos banderas, la de Argentina y la de Brasil”.
Como paradoja, o tal vez como continuidad de la buena convivencia que tuvieron negros y judíos, es Arcuchin —descendiente de europeos— el que más insistió para recuperar la historia del cementerio de los manecos.

“Siento agradecimiento por estos trabajadores que ayudaron a los colonos europeos a conocer esta región, los manecos trabajaron mucho por este lugar”, dijo, para agregar que el cementerio estuvo largos años abandonado a pesar de sus intentos para lograr que al menos fuera reconocido como sitio histórico de interés.

La persistencia de años dio resultado hace poco, cuando el actual ministro de Turismo de Entre Ríos y ex intendente de Villaguay, Adrián Fuertes, se comprometió a recuperar el sitio. “Recién ahora comienza a haber conciencia del lugar”, apunta Arcachim

“Lo primero será sacar al basurero de allí”, señala, para completar la idea que tiene para el sitio: un mural alusivo a la memoria del arte y la cultura afro que inundó la región hace más de cien años, y carteles que cuenten lo que pasó en esas tierras.

Un patio de tambores

En lo que entonces se conocía como Capilla, los descendientes de africanos construyeron dos lugares de referencia para la comunidad: un caserío de una decena de viviendas ubicadas en torno a un patio ordenado por un viejo ubajay (árbol de sombra compañera y frutas grandes y coloridas), y el cementerio.

Lo que ahora se conoce como “el galpón” era el lugar de encuentro social, de baile, música y tambores compartidos. Así lo recuerda Isabel Pérez, bisnieta de Manuel Evangelista, hija de Ramona y nieta de Victoria, de quien tiene hermosos y precisos recuerdos teñidos de herencia africana.

“Mi abuela cantaba en brasileño y era muy religiosa: los días de Semana Santa nos llevaba al cementerio de los manecos a rezar allí, y tenía devoción por su santo negro, que además era milagroso”, rememora sentada en un banco bajo la misma sombra que la cobijó cuando era una nena que comía la mazamorra de trigo que le preparaba Victoria en su mortero.

El santo negro era hacedor de milagros e iban a consultarlo del pueblo y alrededores cuando a alguien se le perdía un animal en el campo: “venía gente a pedir por su animal, entonces mi abuela ataba al santo a una rama, lo hacía girar y para donde quedaba mirando era la zona donde había que ir a buscar”, recuerda Isabel.

Isabel dejó Sajaroff muy joven y vivió hasta hace pocos meses en Buenos Aires. A pesar de que en el pueblo no hay —literalmente— nada (ni comercios, ni bancos, ni bares, ni centro de salud) decidió volver adonde se crió “para tener paz y aire limpio”.

Es un buen lugar para recordar los años de su infancia, teñidos de las polleras de colores de su abuela, de sus collares y pañuelos en la cabeza. Y también de los bailes y tambores en el patio.

En la zona del antiguo caserío comenzaron a hacer las primeras excavaciones, cuyos resultados permitirán reconstruir costumbres, cultura, alimentación y hábitos de consumo de las familias instaladas en torno al enorme ubajay. “El aporte de la arqueología histórica es muy importante, siempre complementada con trabajo de archivo”, explicaron los expertos.

Una de las ideas más importantes para el rescate de esta historia es la de oralidad: lo que los descendientes cuentan que relataban sus mayores, aquellos que todavía tenían frescas las costumbres y palabras de otra vida.

“Rescatar los relatos orales es fundamental para reconstruir al menos parte de esta historia. Acá no hay demasiadas cosas escritas, así que la tradición oral es la que mantuvo la historia viva”, comentó Richard.
Por eso uno de los objetivos es mostrar que además del circuito de las colonias judías, que es conocido y que está indicado en mapas y cartelería, existe otra historia que todavía debe ser contada.

El proyecto

El primer objetivo del grupo conformado por Juan Marco Quiroga, Cristian Lallemi, Alejandro Richard y Joaquín Fontana es generar información para poder proteger el sitio histórico en el marco de la ley provincial del patrimonio. “La prioridad hoy es proteger el lugar”señalan.

Los trabajos de excavación, que comenzaron en noviembre pasado, son en realidad los primeros acercamientos arqueológicos, una suerte de sondeos previos a las excavaciones que ayudan a armar un “mapa” del lugar con la distribución de las antiguas construcciones y los usos estimados del suelo.

El trabajo de campo se complementa con archivo y entrevistas para rescatar el patrimonio oral a través de descendientes de los primeros pobladores negros del lugar. Un fino trabajo de reconstrucción de historias familiares que desemboca en la reconstrucción de la historia de la propia comunidad.

Fuente: http://www.lacapital.com.ar/la-ruralidad-negra-cuenta-su-historia-n1320811.html

sábado, 23 de noviembre de 2013

INAUGURACIÓN MUESTRA:”HÉROES AFRODESCENDIENTES ARGENTINOS/AS

Por: Nengumbi Celestin Sukama

En el marco de “Buenos Aires celebra la Comunidad Afro”, El viernes 29 de noviembre de 2013, en la Salón Dorado de la Casa de la Cultura (Rivadavia 576 – CABA) se realizará la inauguración de la muestra artístaca de la artista plástica Mirta Toleto.

La muestra consta de veinte figuras de héroes afrodescendientes argentinos/as con Bernadino Rivadavia como figura central. A continuación, más información sobre la muestra.

En el marco de la lucha por la visibilidad de los afros, la valoración de sus aportes en Argentina y el reconocimiento y goce de sus derechos, se llevará a cabo por el plazo de un año una muestra itinerante
llamada “Héroes Afrodescendientes Argentinos Invisibilizados”. Dicha muestra ha sido realizada gracias a la iniciativa del Instituto Argentino para la Igualdad, Diversidad e Integración, con el patrocinio financiero de la Dirección de Fortalecimiento de las Organizaciones de la Sociedad Civil perteneciente al Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, y el auspicio de la Embajada de la República Democrática del Congo en Argentina.

El presente proyecto consiste en visibilizar a la población afrodescendiente de este país,reconstruyendo, de alguna manera, la “narrativa histórica argentina”. De este modo, se revisa la historia mostrando el rol activo que la población afrodescendiente tuvo en la construcción de la Argentina como Nación y Estado.
Cuando hablamos de afrodescendientes argentinos hacemos referencia a descendientes de afros esclavizados que vivieron y trabajaron en este país, y cuyos descendientes siguen viviendo y participando en la construcción de esta nación. Al nombrarlos, les damos entidad, ser, y destruimos la idea común, o el mito, de que “en Argentina nunca hubo negros” o “todos los negros desaparecieron”. 

Se habla de héroes puesto que se pretende demostrar que ha habido, en la construcción del país, muchos/as afrodescendientes argentinos/as que participaron en las luchas independentistas, que formaban parte de los ejércitos, que compartían una idea y un ideal de país con los demás ciudadanos. En síntesis, que han sido parte de la historia del país, de su transformación, y han actuado en la política, la prensa, la literatura y la música, así como en otros aspectos de la vida social.

Esta muestra promueve y fomenta la construcción de una sociedad igualitaria donde todos/as los/las ciudadanos/as tengan acceso igualitario a los derechos fundamentales como seres humanos sin distinción alguna, sea por motivo de raza, lugar de origen, religión, situación socio-económica, orientación sexual, étnica u otro.

La muestra se inaugura el 29 de noviembre de 2013 y luego recorrerá todas las quince comunas de la Ciudad de Buenos Aires.

Director general del proyecto: Nengumbi Celestin Sukama, Fundador de IARPIDI

Biografía de la artista plástica: Mirta Toledo

Mirta Toledo nació en Buenos Aires. Es Licenciada en Pintura del IUNA y egresó como Profesora de Pintura y Escultura de la Escuela Nacional de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón. En la Escuela Superior de Bellas Artes Ernesto de la Cárcova se formó en escultura con el maestro Antonio Pujía.

En Argentina recibió primeros premios en escultura otorgados por la Fundación Givré, La Bolsa de Cereales, la galería Hoy en el Arte, la Asociación Argentina de Artistas Plásticos y el Ministerio de Cultura y Educación de la Nación, entre otros. Durante su estadía en Estados Unidos, fue becada para realizar residencias por Coronado Studios en Austin, así como Stone Metal Press y NALAC Leadership Institute de la Asociación de Arte y Cultura Latina, ambos en San Antonio. Trabajó como periodista cultural para el Fort Worth Star Telegram, curadora en La Peña Latino Arts Organization y docente de artes visuales en la fundación LUPE Arte.

Realizó muestras individuales en Argentina y Estados Unidos, y participó en exposiciones colectivas en México, Brasil, Malasia, Grecia e Italia.

La conciencia de la diversidad étnica y cultural en su propia familia ha marcado su obra, ya que su padre, Toribio Toledo, era afro-guaraní y su madre, Eva, es española. En 1993, la Editorial Vinciguerra publicó su novela La Semilla Elemental, donde, en clave de icción, recrea la saga de sus ancestros.

Desde 1993 sus trabajos, aglutinados en la serie Diversidad Pura, celebran la diversidad cultural, religiosa, racial y sexual que hay en el planeta, proponiéndo al espectador una visión alternativa a la eurocéntrica. Diversidad Pura: Una búsqueda de la identidad, fue su tema de conferencias en el Barnard College de Nueva York, la University of North Carolina de Chapel Hill, la University of Maryland de College Park y la Texas Women´s University de Denton, entre otras.

Durante sus veinte años de trayectoria en Estados Unidos, su obra pictórica recibió reconocimiento de la crítica por su calidad y mensaje. En 1998 obtuvo La Estrella Award a Mujeres Sobresalientes en Arte, premio otorgado por el “Hispanic Women´s Network of Texas”.

“A través de mis obras”, subraya la artista, “quiero celebrar las diferencias existentes entre los seres humanos, en contraposición a la masiicación cultural que nos imponen los medios de comunicación globalizados. La diversidad es uno de los tesoros de la humanidad”.

Algunas fotos de la muestra:

Bernadino Rivadavia; María Remedios del Valle; Antonio Ruiz (falucho) y Fidel Nadal.
                 
                                                Bernadino Rivadavia

María Remedios del Valle


Antonio Ruiz (Falucho)


Fidel Nadal

Hay más retratos, vení a descubrilos el viernes 29 de noviembre a las 15 horas.




miércoles, 30 de enero de 2013

1813 ASAMBLEA GENERAL CONSTITUYENTE 2013

A 200 AÑOS DE LA LEY DE LIBERTAD DE VIENTRES 
 
El próximo 31 de enero de 2013 se cumplirán doscientos años de la inauguración de la Asamblea General Constituyente de 1813 o Asamblea del Año XIII.

Para nosotros, los descendientes de los bravos africanos que fueron secuestrados de sus patrias y traídos a lo que hoy es la Argentina, esclavizad@s, sin derechos y con muchas obligaciones, tratad@s como cosas, usad@s y mal usad@s como objetos, robados sus nombres pero no sus creencias religiosas y prácticas sociales, culturales y políticas. Su fuerza interior y resistencia hacen que hoy nos enorgullezcamos de pertenecer biológicamente a su linaje y nos re-conocemos en ellos.

Este 31 de enero será un día no laborable que dedicaremos a su recuerdo, pues especialmente para los africanos y sus escendientes fue el inicio del reconocimiento del derecho más preciado: la libertad, aunque no se concedió plenamente. Este punto es importante destacarlo porque NO FUE, como se dice vulgarmente e, incluso, mal enseñan algunos maestros y académicos, la abolición de la esclavitud en la Argentina. Fue sólo el primer paso. Su fin recién se dio en 1853 en las provincias y en 1861 en la ciudad de Buenos Aires.
Podemos decir que el objetivo de la Asamblea del Año XIII fue la representación de los pueblos recién emancipados para definir el sistema institucional que deseaban, con el propósito de proclamar la independencia y redactar la constitución del nuevo estado. Si bien tomaron varias resoluciones, queremos destacar la de la libertad de vientres y el fin del tráfico de esclavizados.

Es importante no solamente para nosotros, los afroargentinos del tronco colonial, sino para todos los afrodescendientes y africanos, que celebremos y elevemos las voces, porque a pesar de los avances logrados todavía hay mucho por hacer, porque la reivindicación no está hecha y debemos procurar la unión de TODOS para este objetivo en común: lograr los plenos derechos económicos, sociales y culturales, a los que debemos sumarle los educacionales, para que la igualdad dé fin a la discriminación, racismo, xenofobia y toda forma conexa de intolerancia. En resumen, para vivir con alegría y dignidad en una sociedad justa, equitativa y plural.

En eterno recuerdo a Macián y Vicencio, los primeros esclavizados africanos subastados en Santa María de los Buenos Ayres, en 1538, ya 200 años de la Ley de Libertad de Vientres, recordando con orgullo el valor de nuestros ancestros los afroargentinos del tronco colonial exclamamos:

¡Aquí nos trajeron!
¡Aquí nos quedamos!
¡Y ahora… AQUÍ ESTAMOS
luchando por nuestros derechos! 


Firman
COFRADIA DE SAN BALTASAR
Bº CAMBA CUA CORRIENTES

Adhieren
. Cátedra Libre de Estudios Afroargentinos y Afroamericanos de la
Universidad Nacional de La Plata
. INDOAFROAMÉRICA… Un programa por los Derechos de las Minorías.
AM 540 y FM 102.9 Radio Nacional Santa Fe
- Radio Comunitaria de Arroyo Leyes – Santa Fe

sábado, 26 de enero de 2013

¿Qué fue de los negros de Argentina?

Por: Nedobandam



La población de origen africano en Argentina, descendiente de los esclavos de la época de la colonia, es a primera vista inexistente. Los pocos afroargentinos que se reconocen como tales son descendientes de inmigrantes caboverdianos que llegaron al país durante la primera mitad del siglo XX. En los últimos años, inmigrantes brasileños, dominicanos y africanos han hecho que ver personas negras por las calles ya no sea motivo de curiosidad.

Hay muchos factores de determinaron la desaparición de una población afrodescendiente que en la época de la independencia alcanzaba un tercio de la población en Buenos Aires y que superaba la mitad de los habitantes en algunas provincias del noroeste.
El primer factor que incidió en el declive fue la muerte en la guerra. Parece ser que durante la Guerra de Independencia fue muy importante el número de soldados negros: de los 2500 soldados negros que iniciaron el cruce de Los Andes regresaron con vida sólo 143. Las familias acomodadas enviaban a “sus negros” a defender a la patria, en lugar de exponer la vida de sus hijos. Hay que tener en cuenta que aunque la esclavitud fue abolida oficialmente en 1813, en la práctica las relaciones esclavistas tardaron décadas en extinguirse. Se puede añadir que la incorporación al ejército era una forma de escapar de las miserables condiciones de vida para muchos negros. Este factor es fundamental y muy pocas veces considerado porque la pobreza se tradujo en una alta mortalidad y en una muy baja natalidad. Según los nuevos estudios, durante décadas la fecundidad de las negras en Argentina fue bajísima, hecho raro entre los humildes. Esto lo explican argumentando que las mujeres negras no querían traer hijos al mundo en la penosa situación en que se encontraban.

Otra guerra y más muertes: la contienda que más vidas afroargentinas se cobró fue la fratricida guerra con el Paraguay (1865-1870). El ejército argentino en el frente estaba compuesto por batallones de negros que fueron diezmados durante la lucha.
Al año de terminar la guerra, una gran epidemia de fiebre amarilla traída por los soldados que regresaban del Paraguay se cebó con los más pobres de Buenos Aires, es decir, con los afrodescendientes. Anteriores epidemias de cólera y fiebre amarilla ya habían causado miles de muertes. Poco después, era común ver a los antiguos combatientes mutilados pidiendo limosna, mientras sus mujeres eran vendedoras ambulantes o lavanderas.
Otro hecho clave fue la gran ola inmigratoria europea que recibió Buenos Aires a finales del siglo XIX y principios del XX. Los nuevos habitantes explicarían el declive de la población negra en la ciudad. Primero, porque estadísticamente se veía reducida y segundo, porque los inmigrantes, también pobres y sin los prejuicios raciales de los nativos, no tuvieron problema en formar familia con afrodescendientes.
 
Todos estos hechos produjeron una reducción absoluta y relativa de los afroargentinos en la población y al mismo tiempo que los rasgos se fueran perdiendo debido a la gran mezcla entre inmigrantes y nativos. Igualmente, se calcula que hay cerca de dos millones de argentinos descendientes de africanos, aunque pocos de ellos son reconocidos o se reconocen como tales.
Mientras que en muchos países de América los negros fueron obligados a ocupar el nivel inferior en la escala social, en Argentina a mediados del siglo XX, los mestizos pobres que emigraron del interior del país a Buenos Aires conformaron esas capas populares. Desde entonces, el hecho de que no haya negros no es suficiente para que no existan los insultos racistas relacionados con los negros. Llamativamente los destinatarios de esos insultos, muy habituales en el ambiente futbolístico, son los mestizos. Por eso ser llamado de “negro” en Argentina generalmente implica una descalificación por tener rasgos indígenas y orígenes sociales humildes.
Fuente: http://gustavovazquezalvarez.blogspot.com.es/2012/07/que-fue-de-los-negros-de-argentina.html


miércoles, 14 de marzo de 2012

Los Afro argentinos y la Justicia Social

La presencia afro en la identidad nacional argentina siempre ha sido objeto de un debate permanente a nivel nacional como internacional, necesitando de este modo que serias investigaciones ocurrieran para subsanar las informaciones contradictorias al respecto para poder llegar a la verdadera identidad nacional argentina, la cual incluye la población procedente de áfrica subsahariana, es decir áfrica negra. Tras rescatar la presencia afro como uno de los componentes poblacional argentino, es importante hacer referencia a sus aportes y contribuciones en la construcción del país y abordar lo relacionado a la justicia social de este fragmento poblacional.

El censo llevado a cabo por Juan José de Vértiz y Salcedo en 1778 arrojaba resultados con una presencia afro muy elevada en las provincias de mayor producción agrícola: el 54% en la provincia de Santiago del Estero, el 52% en la provincia de Catamarca, el 46% en la provincia de Salta, el 44% en la provincia de Córdoba, el 42% en la provincia de Tucumán, el 24% en la provincia de Mendoza, el 20% en la provincia de La Rioja, el 16% en la provincia de San Juan, el 13% en la provincia de Jujuy, el 9% en la provincia de San Luis.1 En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires la población afro representó el 30% del total durante la presidencia de Juan Manuel de Rosas. En la actualidad se estima que los afro descendientes representan aproximadamente el 2% de la población argentina, pero este porcentaje hubiese sido superior a 4% si los afro descendientes residentes en ciudades con una población mayor a 50.000 habitantes hubiesen sido censado como teniendo raíces afro en el censo nacional de 2010.

Respecto a los aportes y contribuciones en la construcción de la Argentina, los africanos como esclavizados, se destinaron a las labores de agricultura, ganadería, el trabajo doméstico y en menor medida la artesanía. En las zonas urbanas, muchos desarrollaban labores de artesanía para la venta, cuyos réditos percibían sus patrones. Adicionalmente, en condición de esclavizados, libertos o inmigrantes, los afro argentinos aportaron mucho en la construcción de Argentina como lo señaló Jorge Miguel Ford en “Los Miembros Sobresalientes de mi Raza” donde da perfiles de catorce afro argentinos, de los cuales seis estaban en las fuerzas armadas (Lorenzo I. Barcala; Domingo Sosa; Felipe Mansilla; Casildo Thompson; Eduardo Magee; José María Morale), dos eran compositores (Federico Espinosa, Zenón Rolón), dos eran intelectuales (Froilán P. Bello; Casildo G. Thompson); uno era un filantrópico (Eugenio Sar); uno era escriba (Tómas B. Platero); uno era periodista (Manuel G. Posadas) y uno era poeta (Horacio Mendizábal). Muchos otros aportaron y siguen aportando en otros aspectos y sectores de la sociedad argentina, pero con una fuerte invisibilización de sus aportes y de ellos mismos como una manifestación deliberad y notable del racismo en Argentina como lo ha manifestado la Dr. María José Lubertino cuando era presidente del INADI, “Los afros en la Argentina han sido invisibilizados y hoy siguen invisibles. Este es el resultado de un proceso de diáspora producido por el esclavismo y su transformación en servidumbre… La actual estratificación social los ubica en la pobreza”

En cuanto a la justica social, la historia de la esclavitud misma y los maltratos recibidos por integrantes de la comunidad afro durante y después de la abolición de la esclavitud demuestran la violación sistemática de sus derechos fundamentales (políticos, civiles, económicos, sociales y culturales) que revela la notable injusticia social que caracterizó y caracteriza a esta comunidad en Argentina.

El concepto de la injusticia social puede evocarse cuando no todas las personas dentro de una sociedad tienen acceso igualitario a las instalaciones, servicios, sistemas, beneficios dentro de esa sociedad y en el caso de la comunidad afro, esto se caracteriza por no tener acceso igualitario a varios de sus derechos fundamentales, principalmente la educación, el empleo decente y estable, la vivienda digna, derechos políticos ubicándola en la situación de marginalidad y pobreza permanente. Esta injusticia social fue y sigue siendo producto de los sistemas políticos y conductas culturales y sociales que prevalecen en nuestro país por considerar que los afros no deben ser tratados con dignidad humana (algo difícil de crear o de reconocer por distintos motivos).

A través la III Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación racial, la Xenofobia y la Formas Conexas de Intolerancia (septiembre 2001) se consideró como delitos de lesa humanidad, los tratos inhumanos infligidos a integrantes de la comunidad afro por intermedio de la esclavitud y el racismo, y esto implicaría que Argentina como país había incurrido en estos delitos. Por lo tanto en función de la injustica padecida por integrantes de esta comunidad y en sintonía con los instrumentos internacionales y nacionales de derechos humanos se explicaría la necesidad imperativa y urgente de reparación de dichas injusticia en pos de la construcción de una sociedad igualitaria.

La protección, promoción y defensa de los derechos humanos es la responsabilidad de los Estados a través de sus distintos organismos desde la nación hasta los municipios, con el involucramiento de todos los sectores de la sociedad (partidos políticos, empresas privadas, escuelas, sindicatos, universidades, iglesias, hospitales, etc.) y de la ciudadanía. Es en este contexto que las Naciones Unidas habían proclamado en 2007 el 20 de febrero de cada año, como Día Mundial de la Justicia Social, considerándola “un principio fundamental para la convivencia pacífica y próspera” y que constituye “el núcleo su misión global para promover el desarrollo y la dignidad humana”. La justicia social tiene entonces por objetivos principales: “erradicar la pobreza y promover el empleo pleno y el trabajo decente, la igualdad entre los sexos y el acceso al bienestar social y la justicia social para todos”.

En términos concretos, la argentina tiene una deuda pendiente con la comunidad afro y el momento ha llegado para que la sociedad con las directrices y colaboración de los gobernantes empiece a deshacerse de esta deuda. Para ello, se podría recurrir a las siguientes sugerencias:
Realizar un censo que permita identificar a integrantes de la comunidad según su lugar de residencia, ¿en qué condiciones viven? ¿Cuáles son sus niveles de educación?, ¿Cuáles son sus necesidades educativas?, ¿Cuáles son sus posibilidades de empleabilidad y reinserción profesional y/o laboral?, ¿Cuáles son sus necesidades de vivienda, de salud, de otros servicios básicos? Esto le permitiría al Estado determinar o identificar prioridades, es decir necesidades, para luego diseñar con la colaboración y participación de los interesados y otros organismos la política social adecuada y específica para la comunidad. Luego, habrá que disponer de todos los recursos necesarios (recursos humanos, financieros, técnicos, institucionales, etc.) para la implementación de la dicha política social y colaborar en el control, ejecución y evaluación de los resultados. Esto se resumiría en la elaboración e implementación de un Plan Nacional de Acciones Afirmativas como recomendado en las Conclusiones y Resoluciones de la Conferencia de Durban para identificar necesidades, atenderlas creando oportunidades económicas y prosperidades, y garantizando los derechos.

Me gustaría terminar este artículo con la observación de Alejandro Solomianski en Identidades secretas: la negritud argentina, donde resalta que “permanentemente hubo un grupo opresor (Euro-argentino) identificado con un concreto sistema ideológico-cultural (euro centrista capitalista) y diversos grupos oprimidos”1. El autor sigue y dice: “en gran medida la historia de la negritud argentina es también la historia de la blanquedad argentina, aunque no queramos verla en tanto tal o aunque ésta se nos auto presente, como la única argentinidad”2.


Por. Nengumbi C. Sukama
Presidente IARPIDI.

viernes, 2 de marzo de 2012

El negro Barcala

Por: Rogelio Alaniz

Cuando Facundo Quiroga derrotó a Lamadrid en la batalla de Ciudadela decidió fusilar a todos los oficiales prisioneros. Se dice que de los 33 oficiales, 31 fueron pasados por las armas. Dos salvaron sus vidas. Uno fue Pedro Morat que se escapó aprovechando la distracción de un centinela y el otro el coronel Lorenzo Barcala. Barcala era el único negro con rango militar. En realidad fue el único negro en la historia patria que llegó a coronel, grado que le otorgó el general Paz en el campo de batalla.

A Quiroga le debe haber llamado la atención que un negro sea coronel o tal vez fue el azar el que determinó que decidiera conversar con uno de los prisioneros condenados al paredón. El diálogo entre Quiroga y Barcala es leyenda. No hay documentos que verifiquen su existencia real pero, como dijera el periodista de la célebre película de John Ford, “Cuando en el Lejano Oeste la historia y la leyenda se confunden lo que importa es escribir la leyenda”.

Se cuenta que Facundo lo encaró a Barcala y le preguntó a boca de jarro: “Si usted estuviera en mi lugar ¿qué haría?”. Quiroga esperaba la respuesta previsible de un condenado a muerte: el perdón, la clemencia, la piedad o algo parecido. Sin embargo Barcala sin bajar la vista le respondió: “Fusilarlo en el acto”. Dicen que los ojos de Quiroga brillaron debajo de sus cejas espesas. Los que lo conocían sabían que ese brillo era el anticipo de una decisión temible y sobre todo imprevista. Quiroga se acercó a Barcala y en voz alta para que todos escuchen dijo: “Entonces desde hoy usted será mi ayudante”.

¿Quién fue Barcala? ¿Cómo fue posible que un negro llegara a ejercer el grado de coronel otorgado por el oficial más brillante de la historia nacional? ¿Es verdad que era tan popular entre la tropa? ¿Es cierto que además de valiente era inteligente y culto? ¿Dónde termina la historia y empieza la leyenda?

Según se sabe, Barcala pudo haber nacido en 1893 ó 1895 en Mendoza. Sus padres eran negros africanos. Conoció la esclavitud desde niño, aunque en Mendoza el trato a los esclavos era relativamente benigno, sobre todo si se lo comparaba con el que recibían -por ejemplo- en Brasil o en los países donde predominaba la economía de plantación. Barcala fue liberado de la esclavitud en 1813. Su amo se llamaba Cristóbal Barcala. Era un acaudalado comerciante de la ciudad que no sólo le dio la libertad, sino que además le permitió usar el apellido.

Cuando San Martín llegó a Mendoza, Barcala ya era soldado. San Martín le encargó que organizara el regimiento de negros, tarea que cumplirá al pie de la letra, porque ya para entonces es un personaje popular entre la tropa y, muy en particular, entre sus paisanos negros. No se sabe con certeza por qué Barcala no se sumó al Ejército de los Andes, aunque sí se conoce el aprecio que le tuvo San Martín.

Para 1819 y 1820 ya estaba metido de lleno en las guerras civiles de donde nunca más saldrá. En la crisis de 1820 peleó bajo las órdenes del general Bruno Morán y luego del general José Albino Gutiérrez. Entonces su grado militar era el de sargento y en esas refriegas ganará un ascenso y una medalla por haber luchado contra “la anarquía”.

Unos años después lo encontramos en Cuyo al lado del fraile Aldao y enfrentado al político sanjuanino Salvador María del Carril. Ya para entonces lo conoce a Lavalle y en un escenario donde la división entre unitarios y federales era cada vez más tajante, él ya está identificado con la causa unitaria. Su posicionamiento no es ni ideológico ni doctrinario. Como la mayoría de los protagonistas de aquellos años, su alineamiento se realiza atendiendo las luchas facciosas locales.

En 1826 está en Brasil y pelea bajo las órdenes del coronel Ramón Bernabé Estomba. En la batalla de Punta del Este es tomado prisionero y trasladado a Río de Janeiro. Su situación será particularmente difícil por su condición de negro en un país esclavista. Su prisión en Brasil se prolonga hasta el fin de la guerra. Sus biógrafos aseguran que aprovechó el “tiempo libre” de preso para estudiar.

Cuando en 1828 regresa Buenos Aires con la mayoría de los oficiales que pelearon en esa guerra, no tiene reparos de participar en el derrocamiento de Dorrego. Decide luego ponerse bajo las órdenes del general Paz. Como soldado del célebre Manco pelea en las batallas de San Roque, La Tablada y Oncativo. Los ascensos a teniente coronel primero y a coronel después los gana en el campo de batalla. Paz lo considera uno de sus oficiales más inteligentes y decididos. Según Sarmiento, Barcala fue el nexo entre el general Paz y el pueblo. “Fue el genio inspirador de las nobles ideas entre la gente del pueblo y fue el propagandista sincero de los principios del orden y la cultura entre las masas”. Agrega luego Sarmiento: “Paz llevaba consigo un intérprete para entenderse con las masas cordobesas ¡Barcala!”.

En los ejércitos de la revolución y en las guerras civiles la participación de los negros fue importante. Se estima que en algún momento llegaron a representar al treinta por ciento de la tropa. Exageraciones al margen, lo cierto es que no fueron pocos. Es muy probable que muchos hayan creído en los ideales de la independencia, aunque tampoco se debe descartar que la gran mayoría se movilizaba por las promesas de libertad o, como dijera Borges, por la incitación al peligro. Los regimientos de pardos y morenos fueron importantes, pero, hay que agregar, importantes para los dos bandos, ya que los godos también contaban con la contribución de los negros. En nuestra modesta historia, la leyenda recuerda al negro Falucho y su épica en el Callao. Se habla del negro Antonio Videla que peleó en el sitio de Montevideo. Y no mucho más. De todos, Lorenzo Barcala fue el más famoso y, de alguna manera, el más auténtico. Enredado en las guerras civiles nunca salió de ellas y terminó siendo una víctima más de un proceso implacable que exterminaba sin piedad a sus propios protagonistas.

Después de sumarse al estado mayor de Quiroga, se mantuvo leal a su flamante jefe hasta la muerte de éste en febrero de 1835. La sucesión por el liderazgo de Quiroga dio lugar a una feroz guerra civil en el noroeste entre los principales caudillos de entonces: los hermanos Aldao en Mendoza, Martín Yanzón en San Juan, Brizuela del Moral en La Rioja y Alejandro Heredia en Tucumán. El que se quedará con el trono vacante será Heredia, aunque no por mucho tiempo. En el camino serán ejecutados o muertos en el campo de batalla los principales caudillos. El propio Alejandro Heredia, unos años después, será asesinado en una emboscada en la estuvieron comprometidos los jóvenes unitarios. La guerra civil era una impiadosa máquina de picar carne.

Barcala en esos años está alineado con Yanzón y su enemigo declarado es el fraile Aldao. Cuando se inicia la disputa por la sucesión del poder en Cuyo, Yanzón y su ministro pensante Domingo Oro desde San Juan lo movilizan a Barcala contra Aldao. Los sanjuaninos son derrotados en el campo de batalla. Se inicia entonces una tensa negociación entre Oro y Aldao. Aldao promete olvidar la afrenta si le entregan a Barcala. Si esto no ocurre amenaza invadir San Juan y no dejar títere con cabeza. Ante semejante perspectiva, Oro no duda un instante: entrega a Barcala.

Así se arreglaban las diferencias entonces. Entre el fraile apóstata y borracho y el muy culto y distinguido Oro no había en el fondo grandes diferencias. Y si las hubo Barcala no las pudo llegar a apreciar. Al negro de Paz lo trasladan a Mendoza engrillado. Aldao organiza un simulacro de juicio y Barcala es fusilado el 1º de agosto de 1835. Tenía cuarenta años y la oportunidad que le dio Quiroga no se la dio el temible fraile. El juez que presidió el tribunal se llamaba Timoteo Maradona y es probable que haya sido bisabuelo de don Laureano Maradona, cuya familia es de origen cuyano.

La carta de despedida, Barcala se la envió a él. “Cuando esta carta llegue a sus manos yo ya no existiré. Estoy en capilla y mañana a las once seré ejecutado. La amistad que he tenido con usted y toda su casa espero que sirva para que haciendo los mayores esfuerzos mande mi equipaje a mi desgraciada familia. Así se lo suplica su atento y desgraciado amigo”. Barcala vivió y murió como un valiente. La misma suerte corrió su hijo Celestino treinta años después, cuando fue fusilado luego de la batalla de Pozo de Vargas por Felipe Varela.

Fuente: http://www.ellitoral.com/index.php/diarios/2010/07/28/opinion/OPIN-05.html

Facundo Quiroga y José Felix Aldao. El primero le perdonó la vida a Barcala, el único negro con rango militar en la historia nacional. El segundo, lo mandó a fusilar.