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Buenos Aires, Argentina Diciembre 2009
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lunes, 16 de enero de 2017

La ruralidad negra cuenta su historia

Domingo 15 de Enero de 2017

La ruralidad negra cuenta su historia

En un pueblo cercano a Villaguay rescatan un cementerio de los “manecos”, donde descansan los restos de miembros de familias afroamericanas que llegaron desde Brasil hacia 1870. Los descendientes cuentan la historia de sus mayores

Por Jorgelina Hiba / La Capital


Manuel Gregorio Evangelista era brasileño, negro y esclavo. Nació en algún lugar de esa tierra pero decidió que no iba a morirse ahí, donde hacia finales del siglo XIX todavía existía la esclavitud. Entonces emprendió un camino largo y peligroso hacia el sur del continente, donde la Asamblea del año XIII había decretado la libertad de vientres.

Fue el primer afrodescendiente en llegar a la zona rural de Villaguay, Entre Ríos, hacia 1870. Allí se casó, tuvo 13 hijos y allí murió. Su vida excepcional tuvo un final único: fue el primer sepultado en el “cementerio de los manecos”, un lugar creado por la comunidad negra de la zona para enterrar a sus muertos que hoy busca ser rescatado del olvido después de décadas de abandono.

“La historia de los negros de América es la historia de los nadies”. Abraham Arcushin, odontólogo descendiente de rusos que despunta el vicio del estudio de la historia local de ese rincón de Entre Ríos, pensó la frase antes de largarla al viento sentado bajo la sombra de un antiguo ubajay: ese puñado de palabras sirvió para explicar por qué el cementerio de los negros de Ingeniero Sajaroff (pequeño pueblo ubicado a 20 kilómetros de Villaguay) todavía parece más un baldío que un lugar sagrado.

A pesar de su particularidad histórica, el cementerio de los negros —uno de los pocos, o tal vez el único de Argentina— hoy está abandonado y sobrevive al lado de un basural. “El basural está indicado con un cartel, el cementerio ni eso” puntualizó Arcushin mientras repasaba con la mirada las viejas cruces oxidadas y los montículos de tierra que marcan de forma desordenada el lugar dónde descansan los 25 manecos. Estos le dieron vida y prosperidad a un pueblo que primero se llamó Capilla y que después fue rebautizado con el nombre de alguien que compartía la condición de inmigrante con Evangelista, pero que tenía otro color de piel.

Pero después de años de silencio de la historia oficial, algo está empezando a cambiar en Sajaroff: tras una persistente insistencia, Arcushin logró que el gobierno entrerriano se interesara en recuperar parte de su propio legado.

Fue así que desde el Ministerio de Turismo de esa provincia designaron al Museo Serrano de Paraná como institución responsable de investigar el aporte de los afrodescendientes en esa zona, un mandato que salda una deuda y que ayuda a poner en palabras escritas algo que hasta ahora sólo se transmitía de manera oral.

Cuidar la historia

Como cuentan algunas de las descendientes de Evangelista que aún viven en el pueblo, aunque durante años los bebés venían al mundo gracias a las manos negras de la partera “maneca” Clara Peralta, los muertos de piel oscura no tenían lugar junto a los blancos. Por eso eligieron una parcela algo alejada del centro del pueblo para enterrar a sus viejos y a los que se iban antes de tiempo.

“Es hermoso sentir que al fin puedo contar mi historia, porque acá siempre predominó la herencia de los europeos”, explicó Isabel Pérez, bisnieta del esclavo que huyó de Brasil, en el mismo patio donde los negros se asentaron para darle vida, color y música a la ruralidad entrerriana.

La escuchan y asienten dos de sus parientes cercanas: Juana Evangelista y Soledad Ramírez, también descendientes de Manuel. Soledad es la hija de Clara, la partera, a quien prometió que iba a recuperar el cementerio en memoria del esfuerzo de sus antepasados.

“Los manecos sufrieron mucho para llegar acá, los viejos contaban que habían tenido que huir de Brasil tras una matanza de esclavos y que caminaban de noche para escaparle al calor”, rememoró Soledad.
En Ingeniero Sajaroff el propio nombre del caserío evidencia qué parte de la historia se eligió contar: poco se sabe de la herencia afro, y al menos por ahora no hay carteles ni circuitos turísticos que retomen esa tradición.

Isabel tiene una explicación para eso: “lo que pasa es que acá los negros seguían siendo casi esclavos, trabajaban mucho y les pagaban con comida o ropa, y eso no era ser enteramente libre”, reclama más de un siglo después.

El trabajo de archivo y los relatos orales ubican la llegada de los esclavos brasileños entre 1850 y 1870. Uno de ellos fue Evangelista, quien se casó con la uruguaya Lorena Pintos con quien tuvo 13 hijos a partir del año 1874.

“Es un caso particular que visibiliza todo el proceso migratorio de los afrodescendientes” explicó Juan Marco Quiroga, quien junto a Cristian Lallemi, Alejandro Richard y Joaquín Fontana llevan adelante el trabajo de recuperación histórica, coordinado por el Ministerio de Turismo de Entre Ríos a través del museo de Ciencias Naturales de Paraná, con colaboración de la Municipalidad de Villaguay y la Junta de Gobierno de Sajaroff.

Los investigadores sostienen que el nombre de “manecos” viene de Manuel, ya que según sus estudios no tiene ningún significado en portugués.

Tras su llegada Evangelista comenzó una historia llena de sacrificio y trabajo junto a otros afrodescendientes que, como él, habían decidido fugarse del Brasil esclavista para desembarcar en las fértiles tierras entrerrianas, donde al poco tiempo también arribarían rusos judíos perseguidos por el hambre y por el zar.

Dos historias

Aunque las dos comunidades crecieron a la par y pudieron convivir de buena manera, la historia oficial —hecha a base de decisiones humanas—les reservó un lugar distinto.
Según el censo de 1820, en Villaguay había 30 personas anotadas como “esclavos” sobre un total de 300 habitantes, a lo que habría que sumar a otros de origen angolés que ya habían sido anotados como ciudadanos libres.

Por lo tanto —según explicaron Richard y Quiroga— más de un 10% de la población del lugar era negra, una situación que se replicó en muchas localidades de esa provincia como Concepción del Uruguay y Paraná.

Pero el propio Estado, embarcado en un proyecto de país blanco, fue el que se encargó de borrar esa parte de la historia: “la generación del ‘80 y la idea de un país hecho con colonos europeos ayudó a que la historia de los negros fuera invisibilizada”, explicaron, para agregar que incluso en los archivos oficiales de esa época se dejó de hablar de negros para anotarlos como “trigueños”.

Capilla era en esa época un poblado rural con cierto movimiento que tenía almacenes, depósitos de granos y la pequeña iglesia que le daba nombre al lugar.

Poco después de la llegada de los afrodescendientes comenzaron a llegar colonos europeos, y en 1892 se fundó la colonia judía de la mano de la segunda gran ola inmigratoria.

Muchos eran campesinos pobres rusos judíos, aunque también desembarcaron a tierras enrerrianas hombres de negocios y profesionales escapados por cuestiones religiosas y políticas. Uno de ellos era Miguel Sajaroff.

Según el grupo de estudio, los manecos eran muy flexibles y abiertos a las nuevas culturas: tanto así, que con los años y la convivencia muchos comenzaron a entender e incluso a hablar el yiddish, la forma de hebreo que usaban los judíos europeos. “Existía una buena simbiosis, y gran disposición a trabajar juntos”, resaltaron los investigadores.

Se dedicaron al trabajo manual y a tareas rurales en un principio, para luego (ya a principios del siglo XX) convertirse también en carreros que transportaban mercaderías.

“Acá hubo un proceso migratorio puro y un pueblo con una enorme historia. Tuvo su momento de esplendor con la cercanía del tren, una gran cantidad de acopios agrícolas y hasta un teatro”, explicó Richard.
Como muchas otras localidades de la zona agrícola argentina, Sajaroff se movió al compás de las protestas sindicales que buscaban mejorar las condiciones de vida y de trabajo de los obreros y campesinos.

Pero como también ocurrió en vastas zonas pampeanas, a partir de la década de los 50 y entrados los años 60 el pueblo comenzó a quedarse vacío ya que muchos de sus pobladores eligieron irse a grandes ciudades, sobre todo Buenos Aires.

El cementerio

No existe certeza sobre la fecha de fundación del cementerio de los negros de Sajaroff. Los investigadores piensan que data de finales del siglo XIX o principios del XX, aunque la fecha exacta aún es difusa.
Está ubicado en la ruta de acceso al pueblo, sobre el margen izquierdo de la calle y justo al lado de un basural. Es un cuadrado de tierra despareja que encierra una veintena de cruces viejas, algunas caídas y todas oxidadas y que está precedido por un muro semiderrumbado.

Con el campo como paisaje de fondo, se destacan tres armazones de hierro de estructura vertical. “Cuando morían bebés o nenes muy chiquitos los manecos los enterraban con cuna y todo, con la creencia que al enterrar la cuna también alejaban a la enfermedad de la casa”, aclaró Quiroga.
Junto con Arcushin, destacaron que el cementerio tiene un valor histórico muy fuerte, y que su recuperación es clave para reconstruir la memoria de esta comunidad.

Así lo siente también Isabel: “el cementerio será nuestro lugar, el lugar de nuestra comunidad. Es algo muy importante para mi, y la idea es poner allí las dos banderas, la de Argentina y la de Brasil”.
Como paradoja, o tal vez como continuidad de la buena convivencia que tuvieron negros y judíos, es Arcuchin —descendiente de europeos— el que más insistió para recuperar la historia del cementerio de los manecos.

“Siento agradecimiento por estos trabajadores que ayudaron a los colonos europeos a conocer esta región, los manecos trabajaron mucho por este lugar”, dijo, para agregar que el cementerio estuvo largos años abandonado a pesar de sus intentos para lograr que al menos fuera reconocido como sitio histórico de interés.

La persistencia de años dio resultado hace poco, cuando el actual ministro de Turismo de Entre Ríos y ex intendente de Villaguay, Adrián Fuertes, se comprometió a recuperar el sitio. “Recién ahora comienza a haber conciencia del lugar”, apunta Arcachim

“Lo primero será sacar al basurero de allí”, señala, para completar la idea que tiene para el sitio: un mural alusivo a la memoria del arte y la cultura afro que inundó la región hace más de cien años, y carteles que cuenten lo que pasó en esas tierras.

Un patio de tambores

En lo que entonces se conocía como Capilla, los descendientes de africanos construyeron dos lugares de referencia para la comunidad: un caserío de una decena de viviendas ubicadas en torno a un patio ordenado por un viejo ubajay (árbol de sombra compañera y frutas grandes y coloridas), y el cementerio.

Lo que ahora se conoce como “el galpón” era el lugar de encuentro social, de baile, música y tambores compartidos. Así lo recuerda Isabel Pérez, bisnieta de Manuel Evangelista, hija de Ramona y nieta de Victoria, de quien tiene hermosos y precisos recuerdos teñidos de herencia africana.

“Mi abuela cantaba en brasileño y era muy religiosa: los días de Semana Santa nos llevaba al cementerio de los manecos a rezar allí, y tenía devoción por su santo negro, que además era milagroso”, rememora sentada en un banco bajo la misma sombra que la cobijó cuando era una nena que comía la mazamorra de trigo que le preparaba Victoria en su mortero.

El santo negro era hacedor de milagros e iban a consultarlo del pueblo y alrededores cuando a alguien se le perdía un animal en el campo: “venía gente a pedir por su animal, entonces mi abuela ataba al santo a una rama, lo hacía girar y para donde quedaba mirando era la zona donde había que ir a buscar”, recuerda Isabel.

Isabel dejó Sajaroff muy joven y vivió hasta hace pocos meses en Buenos Aires. A pesar de que en el pueblo no hay —literalmente— nada (ni comercios, ni bancos, ni bares, ni centro de salud) decidió volver adonde se crió “para tener paz y aire limpio”.

Es un buen lugar para recordar los años de su infancia, teñidos de las polleras de colores de su abuela, de sus collares y pañuelos en la cabeza. Y también de los bailes y tambores en el patio.

En la zona del antiguo caserío comenzaron a hacer las primeras excavaciones, cuyos resultados permitirán reconstruir costumbres, cultura, alimentación y hábitos de consumo de las familias instaladas en torno al enorme ubajay. “El aporte de la arqueología histórica es muy importante, siempre complementada con trabajo de archivo”, explicaron los expertos.

Una de las ideas más importantes para el rescate de esta historia es la de oralidad: lo que los descendientes cuentan que relataban sus mayores, aquellos que todavía tenían frescas las costumbres y palabras de otra vida.

“Rescatar los relatos orales es fundamental para reconstruir al menos parte de esta historia. Acá no hay demasiadas cosas escritas, así que la tradición oral es la que mantuvo la historia viva”, comentó Richard.
Por eso uno de los objetivos es mostrar que además del circuito de las colonias judías, que es conocido y que está indicado en mapas y cartelería, existe otra historia que todavía debe ser contada.

El proyecto

El primer objetivo del grupo conformado por Juan Marco Quiroga, Cristian Lallemi, Alejandro Richard y Joaquín Fontana es generar información para poder proteger el sitio histórico en el marco de la ley provincial del patrimonio. “La prioridad hoy es proteger el lugar”señalan.

Los trabajos de excavación, que comenzaron en noviembre pasado, son en realidad los primeros acercamientos arqueológicos, una suerte de sondeos previos a las excavaciones que ayudan a armar un “mapa” del lugar con la distribución de las antiguas construcciones y los usos estimados del suelo.

El trabajo de campo se complementa con archivo y entrevistas para rescatar el patrimonio oral a través de descendientes de los primeros pobladores negros del lugar. Un fino trabajo de reconstrucción de historias familiares que desemboca en la reconstrucción de la historia de la propia comunidad.

Fuente: http://www.lacapital.com.ar/la-ruralidad-negra-cuenta-su-historia-n1320811.html

martes, 22 de marzo de 2011

Jornada Trabajo y Cultura Afro en la Argentina



El ministro Tomada llamó a "profundizar el compromiso por la igualdad de oportunidades" y "avanzar en la reparación de inequidades" en el campo laboral con "fiscalizaciones, denuncias por condiciones de trabajo ilegal", y destacó la "vigencia de convenciones colectivas y proyectos de ley para equiparar derechos laborales" al abrir ayer la Jornada “Trabajo y Cultura Afro en la Argentina”, que se desarrolló en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, organizada por el Ministerio.

La Jornada se realizó con la participación del Consejo Nacional de Organizaciones Afro, la organización Misibamba, la carrera de Relaciones del Trabajo de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, la cátedra “Derecho sindical y de las relaciones colectivas del trabajo” de esta carrera, y la cátedra “La sociología y los estudios poscoloniales” de la carrera de sociología de la misma facultad.

"Durante mucho tiempo en la Argentina la desocupación operó como una suerte de disciplinador social y los trabajadores, por temor a perder su trabajo, no denunciaban las situaciones de injusticia que soportaban", expresó el ministro. El decano de Filosofía y Letras, Héctor Trinchero, acompañó al ministro en la apertura y coincidió con él en el momento histórico en que "el Gobierno acompaña con sus políticas la dignidad del trabajador y las condiciones de vida de los ciudadanos". En la apertura de la actividad también participó el subsecretario de Relaciones Laborales, Alvaro Ruiz.

"El trabajo esclavo ha sido invisibilizado por la historia liberal", señalo Trinchero ante el auditorio conformado mayormente por representantes de organizaciones afro, como la Asociación Misibamba, y por estudiantes de la carrera. Tomada abogó por que "temas como la igualdad no sean una palabra abstracta, sino que se expandan como valor a asumir y defender", y consideró la jornada como un "aporte a la visibilidad, al debate sobre la cultura y las identidades culturales y la puesta en cuestión del trabajo en negro y el esclavo".

Anunció el fin del uso del término "trabajo no registrado" o "trabajo "informal" para definir en términos de "trabajo ilegal" el que se registra cuando los empleadores no cumplen con las leyes vigentes. El titular de la cartera laboral también se pronunció contra "la discriminación hacia los afro-descendientes" que viven en el país. "La Argentina se precia de tener un pasado igualitario y de abrir sus brazos a todas las etnias, nacionalidades y culturas y tiene que luchar fuertemente por ser más justa e igualitaria".

El título de la primera parte del encuentro fue “Del trabajo esclavo al reconocimiento de la ley. La población negra en la Argentina durante el siglo XIX”, y abarcó los temas: “Relación de la población afro-argentina del tronco colonial con la dominación española y el proceso de independencia”, “Consolidación del Estado nación argentino y reubicación de la población negra en el nuevo contexto jurídico-político”, “Los aportes de la cultura afro a la producción económica urbana y rural. Del trabajo esclavo a los talleres”, y tuvo como expositores a Liliana Crespi, magister en Ciencias Sociales, investigadora de la sección de estudios de Asia y Africa de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, y a María Elena Lamadrid, presidenta de la Asociación Misibamba, Carlos Lamadrid, secretario de la misma asociación, Ignacio Politzer, de la Subsecretaría de Relaciones Laborales, y al historiador Enrique Manson, y fue moderada por Leandro Terny, de esta Subsecretaría.

La segunda parte, titulada “Invisibilización de los negros y construcción histórico-social de una Argentina “blanca y europea” en el siglo XX”, profundizó sobre los temas: ¿Desaparecieron los negros en la Argentina? Proceso de invisibilización de los aportes de la cultura afro a la cultura nacional, negación social de las migraciones de países africanos; los trabajadores del interior argentino como “cabecitas negras” y la reutilización del vocablo “negro” como disciplinador social; un informe sobre situación de los afro-descendientes y migrantes africanos en el mundo laboral argentino de la última década; y el sentido del mal llamado trabajo en negro. Expusieron Federico Pita, presidente de la Diafar; Karina Bidaseca, socióloga titular de la cátedra la Sociología y los Estudios Poscoloniales. Género, etnia y sujetos subalternos; Alejandro Frigerio, antropólogo, investigador del CONICET; Fernando Larrosa, sociólogo UBA, asesor del Consejo Nacional de Organizaciones Afro en la Argentina (CONAFRO) y Pablo Cirio, vocal titular de la Asociación Misibamba; y fue moderada por la coordinadora de Equidad de Género e Igualdad de Oportunidades en el Trabajo del Ministerio, Cristina Antúnez.

El tercer bloque, “Huellas del trabajo esclavo en la Argentina del siglo XXI”, abarcó: situaciones de vulnerabilidad en el ámbito del trabajo; relaciones con el trabajo esclavo en la actualidad y la precarización laboral; y debate sobre la utilización del concepto de trabajo esclavo; y estuvo a cargo de Alvaro Ruiz; Alicia Ruiz, miembro del Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires; Nengumbi Celestin Sukama, secretario de Derechos Humanos del CONAFRO; Luciano Beccaria, comunicador social UBA; Marisa Pineau, magister en estudios de Africa, coordinadora de la sección de estudios de Asia y Africa de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA; y fue moderado por Mario Gambacorta, de la Subsecretaría de Relaciones Laborales.

Finalmente, el cierre de la jornada fue realizado por el ministro de Educación, Alberto Sileoni, y el subsecretario Alvaro Ruiz.

Funete: http://www.trabajo.gov.ar/ampliado.asp?id_noticia=1315&id_seccion=prensa