Entrevista Nengumbi con Paul Byrne

Buenos Aires, Argentina Diciembre 2009
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martes, 31 de diciembre de 2013

BUENOS AIRES CELEBRA LA COMUNIDAD AFRO

29 de novimbre de 2013

INAUGURACIÓN DE LA MUESTRA ARTÍSITCA – “Héroes Afrodescendientes Argentinos Invisibilizados”

En el marco de Buenos Aires Celebra al Comunidad Afro, se inauguró el 29 de noviembre de 2013 en el Salón Dorado de la Casa de la Cultura de Buenos Aires. El acto contó con la presncia del Subsecretario de Derechos Humanos de la Ciudad de Buenos, el Lic. Claudio Avruy, el Director General de las Colectividades, el Lic. Julio Crico, y distintas representaciones diplómaticas, entre ellas, la Embajada de la República Democrática del Congo, de la República Bolivariana de Venezuela, Estados Unidos, Angola, la República Tunicina.

Buenos Aires celebra la Comunidad Afro nos ofrece un cuadro ideal para hablar de la verdadera identidad nacional argentina como siempre lo fue a pesar de que históricamente se haya proyecto una identidad nacional blanca y europea, es decir una identidad nacional excluyente de los afros y los primeros habitantes de esta tierra llamados hoy, “Pueblos Originarios”. Una Argentina blanca y europea siempre fue un sueño y un mito, como también una Argentina sin afros siempre fue un mito.

Como aparece en el tríptico, la inauguración de esta muestra estaba prevista el día 8 de noviembre, Día Nacional de los/las Afroargentinos/as de la Cultura Afro mediante Ley 26.852. Esta ley permite la recuperación de uno de los componentes poblacional argentino, es decir la población argentina de origen africano. Acorde a la historia la presencia afro en este país puede ubicarse desde el siglo XVI, alrededor de 1538. Dicha presencia se debe a la trata esclavista, actividad ilícita considerada como crimen de lesa humanidad en la III Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y todas formas conexas de Intolerancia.

El censo llevado a cabo por en 1778 había arrojado que 54% de la población d Tucumán es registrada como negra, en Santiago del Estero, 42%, en Catamarca, 52%, en Salta, 46%, en Córdoba, 44%, Buenos Aires, 30%, Santa Fe, 27%, Mendoza, 24%, La Rioja, 20%, San Juan, 16%, Jujuy, 13% y San Luis 9% . El censo de 1869 había dado algo como 2% para la población, una fuerte disminución para este colectivo. Desde entonces los afros no figuraban en los censo hasta octubre de 2010 debido a los compromisos asumidos por los Estados después de la Conferencia de Durban. En este censo se registró un 0,4% de afrodescendientes , algo como 149000 personas con ascendencia africana. Todas estas variaciones se deben al mito del imaginario nacional argentino, un país biológicamente blanca y culturalmente europea. Se dice mito, porque la configuración poblacional siempre tuvo una realidad diferente de lo que fue proyectado por los próceres de la patria de la generación del ochenta.

Estudios fidedignos y recientes certifican lo siguiente: “gracias a los estudios genéticos hoy sabemos que alrededor de 56% de la población argentina tiene ascendencia amerindia mientras que un porcentaje difícil de determinar, pero acaso cercano al 10%, tiene raíces africanas” . Es decir una buena parte de la población argentina es de ascendencia africana, es decir afrodescendiente. Esta terminología empezó a usarse en agosto de 2000 y, hace referencia a descendientes de africanos/as nacidos/as fuera de África como resultado de la trata esclavista. Como expresado arriba, se trató de delitos de lesa humanidad y si hago un análisis comparado como lo que ocurrió en Argentina en la última dictadura militar, los responsables están enfrentando juicios. La misma lógica debería aplicarse con los afrodescendientes para proceder la reparación histórica y la promoción, protección y defensa de sus derechos humanos mediante la aplicación de política de acciones afirmativas.

En la misma línea de ideas, me complace informarles que nos encontramos en la Década de los Afrodescendientes como la ha establecido las Naciones Unidas mediante la resolución 66/144 de la Asamblea General de Naciones. Esta década va del 2013 al 2022 y al respecto; tres temas principales y otras áreas prioritarias fueron elegidos con el fin de promover la justicia social para este grupo. Los tres temas principales son: el reconocimiento, la Justicia y el Desarrollo, y las áreas prioritarias son: el derecho a la igualdad y la no discriminación de las personas de ascendencia africana, la educación y la conciencia que reconoce la historia, las culturas y las contribuciones de las personas de ascendencia africana, la necesidad de desglosar los datos, la participación e inclusión en todos los ámbitos de la sociedad, incluyendo los procesos de toma de decisiones, la protección igual de la ley y la lucha contra la discriminación en la administración de justicia, el derecho al desarrollo, el acceso a una educación de calidad, empleo, salud y vivienda; medidas especiales para hacer realidad los derechos de las personas de ascendencia africana, y las múltiples formas de discriminación que sufren especialmente las mujeres y los niños de ascendencia africana, entre otros .

En el marco de este evento cuyo lema es Buenos “celebra la Comunidad Afro”, corresponde poner en el centro de esta celebración, la promoción, protección y defensa de los derechos humanos de los/las integrantes de la comunidad afro, resaltando la presencia la presencia de los/las afrodescendientes argentinos/as. Para ello, debemos tomar en cuenta y considerar como pilares de nuestras acciones cotidianas los detalles de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y la Declaración y Programa de Acción de Durban y del Programa de Acción para la Década de los Afrodescendientes.

Por eso decidí tener en este Salón Dorado de la Casa de la Cultura de Cuidad de Buenos Aires, el retrato de Bernardino Rivadavia y el de María Remedios dl Valle, nombrada capitana y madre de la patria por el General Belgrano y figura con la cual se sancionó de la Ley que consagra el día 8 de noviembre como Día Nacional de los/las Afroargntinos/as y de la Cultura Afro. La Madre de la patria, a pesar de los servicios que rindió en esta nación, murió en la pobreza mendigando pan en la Plaza de Mayo.

Creo que con esta celebración, hoy se ha dado inicio al proceso de consolidación del reconocimiento de la presencia afro en este territorio y de sus aportes a través del primer tramo de esta muestra, pues son muchos los héroes, no son solamente veinte. Este reconocimiento nos exhorta a que empecemos a trabajar para restaurarle la justicia a la comunidad afroargentina fomentando su derecho al desarrollo.

Rescato también, el auspicio de la Embajada de la República Democrática del Congo como una demostración del compromiso del continente africano en la promoción y protección de los derechos humanos de los integrantes de la diáspora africana, la sexta región de África creada con el nacimiento de la NEPAD , dividiendo el continente en cinco regiones, el Sur, Norte, Oeste, Este y el Centro; y considerando la diáspora africana como la sexta región.

Para ello, es sumamente importante entender que acorde a los instrumentos internacionales de derechos humanos, los Estados tienen el deber y la responsabilidad de garantizarles el goce de esos derechos a sus ciudadanos/as. Esto debe empezar con el derecho a la identidad.

Para terminar, creo que llegó el momento de darles a todos nuestros héroes afrodescendientes argentinos/as el reconocimiento que nunca recibieron. Cuando se recuerda a alguien o a un héroe después de su muerte o a víctimas de una tragedia, las personas suelen pararse guardar un minuto de silencio. Hoy haremos algo diferente; se trata de muchos héroes que nunca recibieron el debido reconocimiento. Para todos ellos, no solamente los veinte de la muestra, sino todos los héroes afrodescendientes argentinos/as y sus descendientes, nos pararemos y les daremos un fuerte aplauso por un minuto.
Habiendo esta deuda hacía nuestros héroes, los invito a recorrer la muestra con el acompañamiento de nuestra artista Mirta Beatriz Toledo.

Muchas gracias.

Por: Nengumbi Celestin Sukama
Presidente
IARPIDI

sábado, 20 de julio de 2013

¿Por qué me siento Afro?

Por: Stella Moreno.-
Abogada y vocal del INSTITUTO DE PRESENCIA AFROAMERICANA

Córdoba / Argentina

Hay varios indicios que interpreto como puntos de conexión con la herencia cultural afroamericana, los cuales llegué a descubrir recién después que comencé a conocer un poco más sobre dicha cultura y a repensar y re significar algunas prácticas de mi vida.

Por ejemplo, nadie entendía por qué lavar la ropa a mano me salía naturalmente aun teniendo lavarropas automático. Sabía que no era masoquismo pero ante la interpelación o reclamo de mi familia no podía justificar mi actitud más que diciendo: -a mí me gusta hacerlo así-. Eran muchas las ocasiones en las que lo hacía, sea porque el lavarropas se rompía y siempre demoraba en hacerlo reparar, sea porque se trataba de ropa delicada que podía llegar a deteriorarse si no la lavaba con cuidado, sea porque el lavarropas estaba sobrepasado y la ropa sucia se iba amontonando, etc.

Me salía hacerlo a mano como algo corriente, común, normal. Quizás en mi inconsciente lo vivenciaba como una danza, un ritual o algo así y hasta disfrutaba cuando “fregaba” la ropa sobre la tabla de lavar e involucraba todo mi cuerpo en ese movimiento. Buscaba cuál sería la causa de ello pero sólo atinaba a responderme que posiblemente mientras lavaba, mi mente divagaba por cualquier lado: soñando, buscando soluciones a los problemas ajenos y míos, recordando frases o acontecimientos que me habían impactado, escuchando radio o haciendo lo que fuere; pero tanto cuando mi mente se iba lejos o permanecía a mi lado, era totalmente libre. Yo siempre fui libre pero quizás mi inconsciente me reclamaba que era esclava; esclava de modos de ser y de pensar impuestos por la “sociedad” y con los cuales no me sentía identificada. Ahora sé que no es la sociedad la que nos los impone sino que son “sólo algunos” los que lo hacen y somos muchos los que aceptamos esos mandatos de subordinación y sin darnos cuenta los perpetuamos.

Además me sentía diferente a mis amigas porque siempre tenía una energía extra, una fuerza considerable, una predisposición especial a la hora de ayudar a levantar o movilizar cosas pesadas, empujar un auto que no “arrancaba” o correr carreras de obstáculos o de resistencia (ahora sólo me quedan las ganas porque mi físico ha comenzado a requerir de mantenimiento y cuidados especiales).

Otra cosa en la que me sentía “rara” era que no me desesperaba como otras chicas por “figurar” o “mostrarme”, por estar “siempre pintada”, por participar de fiestas “lujosas o paquetas” y en cambio disfrutaba mucho más en todas las actividades que hacía en ambientes o grupos populares, sencillos, humildes. De hecho siempre me sentía más cómoda compartiendo con personas morochas; mis amistades son mayoritariamente de piel trigueña. ¿Por qué? Me preguntaba. Siempre relacioné las expresiones “gente de plata” con “gente blanca”. ¿Por qué? Aunque no sea una regla general hay algo en esa vinculación que no es casual. Además solía teñirme el cabello de color rubio totalmente influenciada por mi entorno. Ahora que soy adulta y decido sola, me tiño de color oscuro, a veces negro, porque me siento más “yo” o sea más auténtica.

Un día, hace poco tiempo, cuando escuché a un profesor que nos enseñaba detalles sobre la vida de los negros en la época colonial, y específicamente de las “negras”, pude hallar más temas o vivencias en común con ellas, aunque mi piel no sea del mismo color (no hay que olvidar que el color de la piel es lo primero que se va perdiendo con el mestizaje). ¡Sí! Ellas lavaban la ropa a mano aunque en esa época lo hacían en el río y sobre piedras. Además consumían muchas “achuras” porque no les alcanzaba para más. A mí me encantan, más que otros cortes de carne.

Por otra parte, en la clase de expresión corporal, la profesora nos pidió que cerráramos los ojos e intentásemos expresar o exteriorizar nuestro interior por medio de determinados movimientos (ondular, flotar, etc.). Luego nos explicó que eso nos ayudaría a descubrir nuestra “matriz corporal “o sea la que tenemos impresa en nuestro cuerpo. La matriz es la forma, estructura o molde en el que nos hemos ido configurando durante toda nuestra existencia; la forma que tenemos de relacionarnos con el medio ambiente, con los demás seres humanos y con nosotros mismos; la forma de aprender, de conocer, de expresarnos, de sentir y de creer. Y al decir “matriz corporal” hace referencia a la manera en la que aprendimos a emplear o involucrar nuestro cuerpo en nuestra interacción con el mundo, influenciados por el medio socio-económico y político en el que crecimos y también por el bagaje que traemos de nuestros ancestros. Cerré los ojos como aconsejó la profesora para lograr una mejor concentración, y de pronto comencé a moverme y luego sentirme como si fuera un esclavo negro tirando de una soga gruesa hacia arriba en la playa cerca de embarcaciones. No entendí racionalmente por qué me estaba sintiendo así, ¿sólo me estaba dejando llevar por los relatos escuchados sobre el arribo de negros procedentes de África para ser esclavizados en América en la época colonial? No me conformó esa explicación.

Además empecé a cuestionarme con relación a la bronca casi incontenible que me despiertan las situaciones de injusticia o de sometimiento y que debí aprender a encauzar o reprimir para poder integrarme en esta sociedad, si no tendría su origen en varios siglos de humillación, de explotación, de invisibilización de la raza negra.

Sé que son múltiples los factores y las interconexiones que tienen entre sí, que influyen en la formación o estructuración corporal, psicológica y espiritual de una persona , pero no me parece descabellado hundirme en lo que creo son mis raíces, para darme cuenta de que sus heridas han sido tan numerosas y profundas que se siguieron imprimiendo en su descendencia como esas “ marcas” que usaban los explotadores para estamparle e identificarlos como objetos de su propiedad, como si fueran “ganado”. Hay danzas que ellos crearon como expresión de los que les pasaba pero que también idearon como estrategia encubierta de defensa y de preparación para futuras sublevaciones. Ante la homogeneización que querían imponerle los dominadores para desaparecer sus dialectos, creencias ,vínculos , danzas, trabajos, sueños, etc., usaron lo único que se les permitía conservar : su propio cuerpo, como un reservorio inagotable de identidad y fue tal la magnitud de semejante empresa que quedaron atrapadas en ellos también todas estas prácticas resultantes de la colonización pero que día a día vamos extirpando para recuperar así nuestro “ser” o “verdadera
esencia” .

Quiero romper la asociación que a veces existe entra las palabras: “negro, pobre y explotado” y más aún entre las realidades que de ellas se desprenden. Asociación impuesta desde la época colonial, como tantas otras, en virtud de la cultura hegemónica europeizante que todavía nos manipula. Asociación aceptada o tolerada por gran parte de la iglesia católica de ese entonces. Y como miembro de esta última pido perdón por ese obrar totalmente reprochable e incoherente y afirmo nuestro intento cotidiano por desterrarlo y ser realmente fieles al mensaje de Cristo. No puedo dejar de destacar en honor a la verdad, la actuación del Padre Montesinos en defensa de los esclavos.

Por último, aunque científicamente, sea por medio de análisis de saliva o por averiguaciones sobre mi árbol genealógico, no pueda confirmar mi ascendencia afroamericana, seguiré sintiéndome “negra”, descubriendo todo el fragor de la danza afro en mi cuerpo a punto de salir cuando termine de darme permiso para hacerlo; reforzando la esperanza de un mañana mejor para todos, especialmente para los olvidados o victimizados de siempre: los negros.

DISTINTOS TERRITORIOS

Por: Youby Jean Baptiste
Presidente
Instituto de Presencia Afroamericana


INTRODUCCION

Esta tarde nos reunimos en el ICA para reflexionar acerca de la tierra entendida como territorio que está configurado por espacios físico, cultural y social. Territorio que produce identidades y por lo tanto construido por una diversidad que lo visibiliza. ¿El territorio se construye? Pienso que si porque no es mero espacio físico ya que está constituido por distintas maneras de vivir y de relacionarse socialmente, pero sus constructores no son solo el hombre y la sociedad sino también la acción de la naturaleza manifestada en sus ríos, montañas, llanuras, plantas y animales. El antropocentrismo en el que nos ha formado el sistema educativo vigente nos obliga a valorar solo el protagonismo humano sesgando la mirada y produciendo una apreciación injusta. Sé que los pueblos originarios siguen proponiendo actualmente una equilibrada comunicación que tiene en cuenta las voces de los ríos, de los vientos, y entre tantas voces también las humanas.

Después de esta aclaración pido permiso para que escuchen mi voz: Soy Youby y hablo en mi territorio y a mi gente que son ustedes y creo que al decir esto los estoy confundiendo ya que muchos en esta reunión a causa de mi negritud me relacionaran territorialmente al África y a mis hermanos afrodescendientes pero hay una historia de cinco siglos que no podemos obviar y que cada pueblo o comunidad la vivió desde sus experiencias. Cuando hablo de territorio debo referirme de manera genérica por lo menos a 3 territorios: el negado, el impuesto y el nuestro.

EL TERRITORIO NEGADO

Cuando me refiero al territorio negado es aquel que quedó ajeno a mi vida. Aquel territorio entre tantos en África que me fue negado. La causa principal de aquel despojo se llama esclavitud, otros pueden ponerle otros nombres como por ejemplo avaricia europea, pero siempre estarán relacionados con el comercio esclavista o negrero. Un día trágico unos hombres blancos llegaron a mi comunidad negra y secuestraron a mis antepasados, los embarcaron y los trasladaron a América. Esa migración obligada no fue por nuestra voluntad, fue por cacería humana realizada por los europeos o por traición de nuestras autoridades. Por eso cuando hablo de territorio negado no me refiero a que yo lo niego, sino que me fue negado por otros.

Seguramente mis antepasados vivían felices en su territorio el que ellos construyeron y el que los construyó a ellos. Escuché decir en el ICA que el hombre es parte de la tierra, no es su dueño, es parte de ella. Ese día trágico le robaron a ese territorio africano parte de sus hijos. Leí que esos hermanos secuestrados venían hacinados en esos barcos, venían encadenados, enjaulados, desesperados y desconcertados. Leí que algunos se arrojaban al mar deseosos de volver a su pueblo. Muchos morían en la travesía. Mis tatarabuelos sobrevivieron, vaya a saber que barco los trajo y en qué lugar de América desembarcaron, vaya a saber cómo llegaron ellos o sus hijos o sus nietos a Haití. Definitivamente atrás quedaba el territorio negado.

EL TERRITORIO IMPUESTO

Ante los ojos de mis antepasados estaba el territorio impuesto, la América colonial, el centro más fuerte del comercio esclavista. Para ellos era un espacio extraño asociado totalmente a su condición de esclavo. Un esclavo no pertenece al territorio aunque viva en él porque la tierra no tiene esclavos, tiene hijos. El afrodescendiente en América a medida que se relacionaba afectivamente con la tierra iba logrando su liberación y también su condición filial con el terruño. No fue un decreto de Lincoln ni de ningún senado o presidente el que logró la liberación del negro, sino las luchas de estos y esa relación de pertenencia con el territorio.

En el territorio impuesto no vivía la comunidad de origen, estaban prohibidas las lenguas maternas y reprimidas las espiritualidades africanas. Tanto el opresor europeo como los originarios oprimidos tenían maneras de comunicarse y creencias distintas a las nuestras. Los ríos, las montañas y los animales tenían voces diferentes a las que tenían en África. La incomunicación consolidaba el territorio extraño y viceversa.
En la esclavitud murió gran cantidad de hermanos negros entre los que se encontraban seguramente algunos antepasados míos pero mis bisabuelos sobrevivieron por eso en esta reunión pueden escuchar la voz de Youby. Con el tiempo la cercanía madre-hijos de la tierra con el negro se fue dando. Esa relación nunca fue sentida por el conquistador que se sentía hijo de España, de Portugal, de Francia, de Inglaterra, de Holanda. Hasta que la tierra de América se cansó y los expulsó…y nosotros nos quedamos.

EL TERRITORIO NUESTRO

Ya no sentíamos la imposición de un territorio y necesitábamos luchar por este espacio al que pertenecemos. No somos extraños a esta tierra y debemos luchar por ella porque hay quienes actualmente quieren despojarnos un territorio e imponernos otro. Lo del territorio negado (despojado) y territorio impuesto no es una exclusiva del negro. Cualquiera de ustedes que provienen de algún sector popular tiene en su vida ese territorio negado y ese territorio impuesto. Ser consciente de esto ayuda a discernir y colabora con la defensa del territorio propio. No debemos aceptar ni despojo ni imposiciones.

El respeto por la diversidad es la esperanza de los sectores populares. Las hegemonías prefieren lo homogéneo. Personalmente vengo de lo popular: parte del África me viene de manera ancestral e influye en mi manera de vivir y de pensar, pero toda América del Sur hace lo que soy y mucho de lo que vivo y pienso lo aprendí de los hermanos aborígenes y del trabajador que vive de su trabajo. No conozco, ni tengo posibilidad de conocer, ni ganas tampoco, la voz de los poderosos, pero si reconozco la voz de mi pueblo en Haití y la voz de este barrio cordobés y obrero. Reconozco las voces de ustedes.

El territorio nuestro está configurado principalmente por los pueblos originarios, por los afrodescendientes, por los sectores populares descendientes de la inmigración europea y por todos aquellos nacidos desde las inter relaciones de estos 500 años. Un territorio conformado por varias identidades, por varias maneras de comunicarse pero que reconocen las voces que se expresan.

Las identidades son sólidas en la medida que se relacionen afectivamente con la tierra. Nuestras altas burguesías, llenas de intereses personales, siguen aferradas al concepto de propiedad privada, por eso no sienten la maternidad de la tierra sino el patrimonio que ella representa; pertenecen a otro territorio. Sentirse hijos de la misma madre eso se llama fraternidad, por eso yo negro me siento hermano de ustedes y sé que este territorio es nuestro.

jueves, 11 de julio de 2013

La sangre negra que corre por nuestras venas

Nosotros, los argentinos, tenemos un conjunto de características sociales y culturales atribuibles al pueblo negro 


LA SANGRE NEGRA QUE CORRE POR NUESTRAS VENAS

por:
LEONARDO  STREJILEVICH

Tuvimos desde siempre la ilusión de un país blanco y europeo excluyendo a los afrodescendientes; es necesario redescubrir la Argentina negra y mestiza que había sido invisibilizada en el pasado.

Hay tres errores que siempre saltan cuando se habla sobre los negros en el país. Ni eran pocos, ni los tratábamos bien ni fueron libres a partir de 1813 como se cree (Marta Goldberg); hay que sincerar el mito de país blanco y europeo y reconocer la significativa presen¬cia de los negros en nuestra tierra.

Si la Asamblea de 1813 hubiera declarado la libertad de los escla¬vos (que se hizo efectiva en 1861) y no la libertad de vientres, como efectivamente sancionó, el mismí¬simo Rosas no habría declarado en 1825 entre sus bienes muebles a los 33 esclavos que tenía repartidos en dos estancias. Algo normal para la época, cuando llegaban al puerto "toneladas de negros", a los que se bautizaba y daba el apellido de su dueño. Miles de los 11 millones de africanos vendidos como esclavos que llegaron a América eran en 1810 un tercio de la población por¬teña y el 60% de la catamarqueña, según consta en los registros.

Hasta 1970 “nun¬ca había habido negros en la Ar¬gentina” por culpa de dos ideologías surgidas en el siglo XIX –la del blanqueamiento, y la del marxismo– que hicieron que los estudios sobre los negros en la Argentina no se desarrollaran hasta los años 90.

El poderoso com¬promiso de la sociedad argentina con el concepto de un país blanco y europeo volvió muy difícil que los intelectuales argentinos pudie¬ran reconocer y aceptar la dimen¬sión negra de su historia, cultura y sociedad. El enfoque marxista y estructuralista teorizaba sobre las clases sociales y relegaba a un se¬gundo plano raza, etnia y género.

La historia oral, la an¬tropología biológica, la estadística y la musicología han demostrado que una parte considerable de la población argentina se reconoce como descendiente de los negros esclavizados hasta 1861 y man¬tienen buena parte de su cultura vigente (Pablo Cirio).

La ilusión forzada de una sociedad blanca y europea, de una París porteña, funcionó como  cepo que tornó invisible la suerte de los afrodes¬cendientes en Argentina, de aque-llos que sobrevivieron mestizos a las guerras de la Independencia, del Paraguay y a las epidemias de viruela y fiebre amarilla.

Existe "una narrativa dominante de la nación" que for¬zó e invisibilizó la presencia y las contribuciones étnicas y raciales de los africanos en América (Alejandro Frigerio).

Hoy sabemos que el 5% de la población argenti¬na es afrodescendiente. Muchos siguen diciendo que no existen y sin embargo son alrededor de  2 millones.

Las diferencias entre negros y blancos según los códigos racistas y los estereotipos negativos que aún tiene nuestra sociedad se pueden listar de este modo:

*Un blanco vestido de blanco es doctor; un negro vestido de blanco es heladero.

*Un blanco con alas es un ángel; un negro con alas es un murciélago.

*Un blanco tomando vino está haciendo el aperitivo; un negro tomando vino está emborrachándose.

*Un blanco que junta llaves es un coleccionista; un negro que junta llaves es un delincuente.

*Un blanco con novia jovencita es afortunado; un negro con novia jovencita es degenerado.

*Un blanco con uniforme es militar; un negro con uniforme es portero.

*Un blanco rascándose es alérgico; un negro rascándose es sarnoso.

*Un blanco con un arma es precavido; un negro con arma es asaltante.

*Un blanco con maletín es ejecutivo; un negro con maletín es traficante.

*Un blanco corriendo es deportista; un negro corriendo es carterista.

*Un blanco con sandalias es turista; un negro con sandalias es marihuanero…

Sin embargo: el Presidente del país más poderoso del mundo es negro; el líder del Comité Nacional Republicano es negro; la magnate de los medios más conocida es negra; el mejor golfista del mundo es negro; una de las máximas jugadoras de tenis del mundo es negra; entre los actores que más ganan en el mundo están los negros; el conductor de carreras de autos más veloz del mundo es negro; uno de los astrofísicos más brillantes es negro; uno de los neurocirujanos más reconocidos es negro; el hombre más rápido del planeta es negro; varios de los más grandes músicos y creadores de todos los tiempos del mundo son negros…

Entonces, la Argentina tiene, entre otras, raíces africanas. Hay que  pensar en tres raíces, vale decir, a considerar los orígenes blancos, negros y aborígenes de la cultura argentina (Néstor Ortiz Oderigo). Para nuestro orgullo blancoeuropeo, la prosapia negra del tango representa una piedra en el zapato. La Argentina no fue ni es el país blancoeuropeo que imaginaron nuestros abuelos, sino parte indisoluble de Afroamérica. No nos diferenciamos del resto del continente por no poseer población negra, sino por no asumirla como parte de nuestra identidad. Como sucedió en otros países de América, por nuestra sed de enriquecimiento y de poder fuimos cómplices de la trata esclavista.

Varios músicos nuestros, ya legendarios, son todos ellos de ascendencia africana: Carlos Posadas, Gabino Ezeiza, Gregorio "Soti" Rivero, Enrique Maciel, Leopoldo Ruperto Thomson, apodado el "Africano", y Ricardo Justo Thomson. Los negros bailaban autoexcluídos en aquellos tiempos coloniales el candombe, el fandango, la calenda y la bambula danzas consideradas por los blancos como verdaderos ritos sexuales y por ello desaprobados.

Los negros, son más argentinos que la mayoría de nosotros. El barco donde vinieron es muy anterior al barco donde vinieron los inmigrantes. Están acá desde hace cinco generaciones.
En la Argentina se extranjeriza lo negro, como si negro y argentino fueran irreconciliables.
El racismo argentino existe pero no es agresivo y abierto como el de tantos otros países, sino que está oculto, no agrede, es suavecito y silencioso.

Nuestro racismo es diferente del racismo común en países donde la presencia negra resulta indiscutible, se trata de una sorpresa originada en una negación: desde siempre nos han asegurado que en la Argentina no había ni quedan negros. Creemos ingenua o aviesamente que así como los indígenas parece que desaparecieron sin dejar rastros durante la Campaña del Desierto, los negros se evaporaron como por ensalmo durante las epidemias de cólera y de fiebre amarilla. Persisten  estas dos ilusiones;  una simple mirada bastaría para discernir, en los libros de historia (Sarmiento y Rivadavia no descendían precisamente de vikingos) o, simplemente, en la calle.

Los negros están entre nosotros; se han mezclado, se han fundido, pero siguen entre nosotros. Considerarlos cosa del pasado  y limitar su influencia sociocultural y no considerar ni reconocer sus aportes  reproducen mecanismos coloniales basados en el criterio de la utilidad; lo que realmente importa no es lo que nos aportaron, sino lo que son.

La realidad fundamental es que los argentinos somos casi todos mestizos. El error de no pensarse africano es similar al error de pensarse europeo.

Los barcos negreros siguieron llegando a Buenos Aires hasta 1861. Aunque la libertad de vientres se decretó en 1813, y aunque la Constitución de 1853 abolió definitivamente la esclavitud, la verdad fue otra. Entre las últimas camadas de esclavos negros, se cuentan los que trajo en 1850 el almirante Brown que, después de su retiro como marino del almirantazgo, se dedicó al comercio esclavista; se conocen los nombres de los barcos en que arribaron.

 Los esclavos, entre nosotros, fueron mal tratados. Los historiadores blancos han contado la historia como han querido. Es cierto que en Buenos Aires había negros de servicio, pero ¿es tratar bien arrancar a alguien de su país y hacerlo trabajar gratis? Eso, sin contar las plantaciones de caña de azúcar de Tucumán, donde menudeaban los latigazos igual que en Cuba o en Brasil. Si cantaban o bailaban, eran doscientos azotes, por lo menos, ordenados por los patrones esclavistas. Lo mismo por adorar a otros dioses o hablar  lengua propia. Juan Manuel de Rosas,  no los quería tanto como se dice; de repente estiraba la mano sin avisar, y si el negro que estaba parado atrás no le ponía rápido un mate, lo mandaba a azotar.

Ortiz Oderigo, en sus libros, nos habla de los "buques fantasma", que, cargados de "hombres con dueño", llegaban a nuestro puerto desde el Congo, Angola, Mozambique y Benín, trayendo hasta nosotros dos culturas: la bantú y la sudanesa. En 1730, dice, la Gran Aldea contaba con cincuenta mil habitantes, de los cuales veinte mil eran negros. Pero considerar que todo esto pertenece a nuestra prehistoria es tan negador como no observar en nuestro rostro argentino las huellas de esos pueblos que nos dejaron, además del tango,  la zamba y la chacarera, su propia sangre.

Olvidarse de los negros, invisibilizarlos, es un olvido que nuestra patria debe reparar, no por ser la sola culpable de un comercio tan indigno (una potencia negrera como Francia lo fue bastante más, y ya no duda en admitirlo golpeándose el pecho), sino para reconocerse a sí misma de una vez por todas. Recordar la presencia de un barco del que descienden en nuestras costas hombres negros encadenados significaría, por fin, la aceptación de lo que somos.

Los negros en el Buenos Aires antiguo fueron habitantes numerosos; toda la vida doméstica giraba sobre ellos, los indígenas y los negros fueron los primeros proletarios en el Río de la Plata (Julio Mafud). La condición de esclavos de estos negros hacía que trabajaran en casas pudientes como cocheros, jardineros, cerrajeros, pajes, cocineros, mucamos, sirvientes, faroleros, aguadores, panaderos, zapateros. Las negras eran las criadas de confianza de las damas; amasaban, cebaban mate, cocinaban, hacían la limpieza…afuera, en la calle, vendían en beneficio de sus dueños pasteles, postres, dulces y tortas…

Buenos Aires, a mediados del siglo XVIII poseía 16.000 habitantes de los cuales casi las tres cuartas partes eran negros, mestizos y mulatos que se arrinconaban en veinte manzanas de los barrios de San Telmo, Concepción, Santa Lucía y Monserrat. Es un misterio insondable la rápida desaparición física de los negros en nuestras tierras ya sea por asimilación racial, por enfermedades o barridos por el fragor de las guerras y batallas teniendo en cuenta que los negros y los morenos lucharon en casi todas las acciones bélicas del Río de la Plata desde las invasiones inglesas  (batallón de Pardos y Morenos), en la emancipación con los patriotas,  también con los realistas y en nuestras luchas internas (Urquiza poseía dos batallones de negros que lucharon en Caseros contra los mulatos de Rosas) cosa que no ha ocurrido en el Uruguay y en el Brasil que importaron mayor cantidad de negros esclavos que nosotros. Los negros podían conquistar su libertad incorporándose a los ejércitos; eran buscados por su habilidad, coraje y sometimiento a los mandos teniendo en cuenta, además, del rechazo de los nativos de nuestro país por el servicio militar.

La expansión capitalista en América no se puede comprender sin la trata de esclavos, la expoliación y la violencia (Julio Mafud). Los productos más importantes en la época colonial fueron el azúcar, el tabaco, el algodón y el cuero que eran trabajados con procedimientos y técnicas elementales que requerían mano de obra intensiva en grandes extensiones de monocultivos y de pastoreo. Las colonias padecían la falta de mano de obra; los indígenas agotados, fugitivos, perseguidos y asesinados se iban diezmando. Los blancos no trabajaban eran feudales, funcionarios o dueños de la tierra y sus productos y se consideraba el trabajo en las colonias una actividad y una faena de esclavos (Germán Arciniegas); “el negro era otra riqueza, otro animal”. El P. Cayetano Cattáneo afirmaba en 1730 que los esclavos eran los únicos que trabajaban en el Río de la Plata.

 La importación de negros para la esclavitud a las Antillas comenzó en el siglo XVI, en Europa la esclavitud ya era familiar, con la aprobación de la corona española; su comercio se efectuaba más por la vía bucanera que por la vía legal (el contratista portugués Pedro Gómez Reynal suministró a ese mercado 38.000 esclavos en casi diez años). Portugal abastecía de esclavos a varias naciones europeas con sus posesiones del Africa; este comercio llegó a ser el más ventajoso en aquellos momentos.

España permite por Real Cédula (1789 y 1791) el libre comercio en sus colonias de venta de esclavos centralizando la gestión en Sevilla y Cádiz donde sólo los castellanos podían traficar por ser miembros del Consulado de Sevilla y sólo se podía transportar esclavos a las colonias con la autorización previa de la Corona; un poco más tarde se incorporaron a este mercado los ingleses que compraban los esclavos en las costas de Guinea y los transportaban para revenderlos en América. En 1580 se unen las coronas de España y Portugal para el comercio de esclavos dado la gran demanda. Expulsados los ingleses de las colonias españolas el comercio derivó a los portugueses y holandeses. Los holandeses estimulaban el cultivo del azúcar y al mismo tiempo suministraban los esclavos para las tareas. En el Río de la Plata se pagaba por la compra de esclavos a través del trueque con trigo, cuero o lana.

La extenuación por el trabajo de los negros esclavos era más barata que la del indígena. Poco a poco, Inglaterra monopolizó el tráfico y el comercio de esclavos (el primer empresario inglés que comerció públicamente con esclavos fue Sir John Hawkins, precursor de las flotas corsarias y de las compañías comerciales que, para no pasar por contrabandistas, pagaban los derechos de licencias y las cargas oficiales; la reina y muchos miembros de la Corte tenían acciones clandestinas en estas empresas ) desplazando a España, Francia, Portugal y Holanda ; a través de doscientos años de contrabando y filibusterismo se apoderó de numerosos dominios de españoles, portugueses y franceses en América violando leyes comerciales y monopolistas; los asientos de esclavos fueron utilizados para la expansión colonial que traía aparejada la conquista económica y política. La piratería en gran escala constituyó hasta el final del siglo XVII una rama importantísima del comercio regular. Esta narración es una breve historia de la realidad.

Fuente: http://www.elintransigente.com/notas/2010/8/27/sangre-negra-corre-nuestras-venas-53935.asp