Entrevista Nengumbi con Paul Byrne

Buenos Aires, Argentina Diciembre 2009
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miércoles, 12 de septiembre de 2012

Prohibido ser negro en La Plata

Ulises Rodriguez – Cosecha Roja.- -Dale negro, no te hagás el pelotudo y dame la valija. -No amigo no. -Amigo las pelotas. Vos ya sabés que no pueden estar acá. Oumar y el resto de los senegaleses ya intentaron todo: conseguir permisos, vender en grupos, sumarse a una feria, entrar con la maleta a bares y restaurantes e incluso pagar coimas, como hacen los otros vendedores de La Plata, Provincia de Buenos Aires. Pero los inspectores y la policía no aceptan su dinero: quieren la valija. Prefieren quitarle los anillos, pulseras, cadenitas y relojes que tienen para vender. Oumar se abraza al maletín y le dice no por favor, amigo no, al hombre de camisa celeste mangas cortas que lleva un nextel en la mano derecha y un celular en el cinto. De una camioneta Chevrolet LUV blanca identificada en las puertas como Control Urbano y el logo de la Municipalidad de La Plata bajan dos hombres más: uno panzón y retacón y otro que camina en puntas de pie. El primero lo toma de un brazo: ¿la vas a soltar negro de mierda? El otro tironea del maletín hasta quitárselo. El que llegó primero le pone entre las manos a Oumar un papel amarillo que redactó en menos de dos minutos. Suben a la camioneta con el maletín y desaparecen por calle 42. El aire se carga de indiferencia en la entrada trasera de la terminal platense. El que vende películas truchas se pone a ver cuántas copias de Batman le quedan. El del carrito con café y pasta frola empieza una charla con un taxista que toma unos mates con la que abre las puertas de los taxis. Oumar se pasa las manos por las motas transpiradas, dice palabras que nadie entiende, mira al cielo. Se le caen las lágrimas de la impotencia. A diez metros de él, un señor de patillas a lo Elvis pampeano se lleva la última de Darín. A la caza del negro Oumar es senegalés y en ese maletín lleva lo que muchos de sus compatriotas que viven en la Argentina: bijouterie de fantasía. Hace casi 2 años que llegó al país y esta es la octava vez que le quitan la maleta. Cuatro veces los inspectores de la Subsecretaría de Control Urbano y las otras cuatro veces la policía bonaerense. La tercera vez resistió todo lo que pudo y terminó en la comisaría. Esa vez abrazó fuerte su valija y se echó a correr. La policía lo persiguió en auto y en moto. Lo encerraron en una esquina. Lo tiraron al piso mientras un oficial le pegaba patadas en las costillas y en el culo y le decía negro de mierda, negro de mierda. Se llevaron el maletín y lo dejaron ir. De las ocho veces que le quitaron su mercadería nunca recuperó ni un anillo aunque jamás la pasó tan mal como el 22 de junio de este año. Esa tarde, en 9 y 48, pleno centro de La Plata, Oumar y otros 7 compañeros recibieron una paliza de parte de policías, inspectores y un sector de la barra brava de Gimnasia vinculada con el intendente Pablo Bruera. Con palos, gas pimienta y golpes de puño le quitaron los maletines. Los platenses que recorrían el centro comercial de la ciudad respiraron la violencia de policías, inspectores y fuerzas de choque. “Trama misteriosa” El Día, el diario tradicional de La Plata, tituló: “Serios incidentes en el Centro en un operativo contra la venta ilegal”. Sin mencionar a los barras bravas, informaron que los protagonistas del incidente eran “puesteros que venden mercadería falsificada, en su mayoría africanos”.
En un recuadro con el título: “Vendedores senegaleses, una trama misteriosa” el diario El Día se pregunta: ¿Cuántos hay? ¿Quiénes los reclutan y les proveen la mercadería trucha para vender? ¿Por qué nunca se instalan en la ciudad donde trabajan y sí, en cambio, vienen todos juntos a primera hora del día y se van de igual manera poco antes de que caiga la noche en un tren que los llevará hacia algún lugar del Gran Buenos Aires? Y acaso lo más curioso: ¿por qué es una inmigración que no tiene mujeres ni chicos? Como respuesta citan al ex comisario inspector que estuvo encargado de investigar el atentado a la AMIA y procesado por defraudación, Luis Vicat, quien dice que “algunos pertenecerían a la logia de los correos de la muerte de África y bajo el paño negro de la bijouterie es probable que guarden no precisamente más metal en anillos y pulseras, sino droga”. Vicat menciona que en sus maletines llevarían “metanfetamina conocida como crystal meth, la droga más letal del mundo también llamada “tuk-tuk”, una suerte de paco africano que aquí adoptó nombres como cristal, tiza o hielo”. El diario El Día ignora por completo que los senegaleses viven en pensiones cercanas a la zona de la terminal, que quedan a unas 5 cuadras de su redacción. Muchos de ellos llevan entre 4 y 5 años residiendo en La Plata y, a juzgar por como viven, esas drogas que nombra Vicat deben dejar muy pocas ganancias: la mayoría comparte piezas de 4 x 3 con dos camas cuchetas y todos los bártulos amontonados en los rincones. Tampoco guardan oro ni lo llevan puesto, como muchos creen. La denuncia Tras la golpiza, en la que siete de ellos fueron atendidos en el Hospital Rossi con lesiones y crisis de nervios, 35 vendedores senegaleses hicieron una presentación en la Secretaría de Derechos Humanos de la Provincia de Buenos Aires, a cargo de Guido Carlotto, en la que denunciaron estos hechos a los que consideran, además de violentos, “discriminatorios”. Un informe de la mesa por los derechos de las personas migrantes da cuenta que en la totalidad de los senegaleses que residen en La Plata fue parados o detenidos por la policía al menos una vez en los últimos 18 meses, de los cuales 4 fueron arrestados y trasladados a comisarías y liberados en menos de 24 horas sin que se les imputen delitos. “Ser negro africano y andar con un maletín por la calle ya implica que será parado por la policía, esto es indicativo de la aplicación de perfiles racistas”, dice Chris Gruenberg, abogado del Colectivo Para la Diversidad (CoPadi, miembro de la mesa por los derechos de las personas migrantes) La licenciada María Piovani, directora Provincial de Promoción de Derechos Humanos de la Provincia de Buenos Aires, agrega que “hay una clara discriminación asociada al racismo y una persecución sistemática a los africanos”. ¿Y si ese hombre negro que anda por la calle con un maletín en vez de vender bijouterie fuera un oficinista que lleva papeles y un sándwich? “Es totalmente ilegal lo que hacen la policía y Control Urbano amparados en la prohibición de la venta ambulante. Nunca les devuelven lo que les secuestran y muy pocas veces se les labra un acta contravencional, el que deberían hacer con un traductor ya que la mayoría de ellos no habla el castellano”, agrega Gruenberg. Al día siguiente de la golpiza, el juez de Garantías de La Plata, César Melazo, publicó en su cuenta de Twiter (@CesarMelazo): “¿Los relojes de los senegaleses irán al Banco de empeño?” “En un principio”, dice el abogado de CoPaDi, “los inspectores y policías les pedían una coima o algún reloj, hoy se quedan con todo, son los más vulnerables en la cadena”. Más allá de los mitos En La Plata viven un total de 54 senegaleses entre los que hay una mujer. Al tener la documentación precaria no encuentran más opción que la venta ambulante. -Somos hermanos y no solidarizamos-dice Billy, uno de los que mejor maneja el español. Vive en una pensión que está a la vuelta de la terminal. Comparte pieza con tres compañeros y hay otros cuatro en la pieza de al lado. Billy lleva puesta una musculosa de los Lakers y pantalones Adidas de feria. En Dakar, la capital de Senegal, tiene mujer y 6 hijos. Gasta lo justo y necesario para vivir y el resto de la ganancia la envía a su familia. Hace 4 meses, con las restricciones de la AFIP al dólar, dejó de girarles dinero. Cuando a uno le falta algo viene otro y lo ayuda. Ya sea plata, mercadería o comida. -Hay días –explica- que la venta rinde un poco más y se puede guardar y otros sólo alcanza para comer y pagar pensión. Los senegaleses no vienen porque su país esté en guerra civil o por ser perseguidos políticos. Son inmigrantes económicos, como lo explica el Profesor en Historia de la Universidad de Luján, Gabriel Santellán, en su informe “Las paradojas de la globalización: el caso de los senegaleses en Buenos Aires”. Billy y sus hermanos profesan la religión musulmana. Rezan 5 veces por día. Tienen prohibido el alcohol y las drogas. Les gusta la comida peruana porque en el sabor se parece a la africana. A pesar de vivir con lo justo y andar con un maletín de las 8 de la mañana hasta que no dan más los pies de caminar, hay una parte importante de la estadía en Argentina que los llena de alegría: las mujeres. -Son buenas y bonitas, dice Billy. La religión le permite hasta cuatro. Hace la seña con los dedos y, a pesar de todo, vuelve a sonreír. Fotos Soledad Vampa Fuente: http://cosecharoja.org/prohibido-ser-negro-en-la-plata/

martes, 1 de noviembre de 2011

ESCLAVITUD NEGRA EN ARGENTINA

by Cronista Por Naturaleza on Tuesday, October 25, 2011 at 5:20pm

En la edición digital de hoy del diario Tucumano “Contexto” puede leerse la siguiente información:
“Hallan un cementerio de esclavos en el monte Santiagueño”.

La noticia en realidad está fechada el día Sábado 24 del corriente mes, y aclara que dicho descubrimiento se encuentra más bien escondido, a 155 kms de la capital de la provincia, cerca de San Félix (lugar donde habitan hoy 200 descendientes de esclavos negros).

El lugar donde duermen el sueño eterno estas atribuladas almas se llama “Cruz Loma”, y su ocupación sin descanso mientras vivían, era la de servir a sus amos feudales.

No existen papeles, ni lápidas que puedan testimoniar la exacta antigüedad de semejante hallazgo, pero se la calcula milenaria.

Según la misma nota, esta gran familia negra comenzó a procrearse a partir de la liberación de la pareja esclava configurada por Julián Guerra y Felipa Iramain.

No hay más datos a la vista, fechas, o detalles como para profundizar en el tema.
Quizás sus propios descendientes hayan aportado oralmente la información circunstancial, pero las noticias nos llevan a otro diario provincial.

Esta vez el diario” Panorama.com “, de Santiago del Estero nos muestra ya en un video que puede disfrutarse “online” la palabra del Sr. Pascual Loyola hablando en primera persona y contando que él mismo fue criado en el monte.

Se identifica como historiador, y afirma ser descendiente directo el matrimonio entre Felipa Guerra y Félix Alderete.

En esta cadena de nombres, Don Felipe cuenta que su familia contenía miembros negros con los “cuerpos marcados”, y que su mamá era rubia, mientras que su padre negro.
Por eso, él y sus allegados se autodenominan “overos”.

La historia es relatada desde la tranquilidad de su rancho que los protege del sol ardiente que brilla en la zona.

Pero la población negra esclavizada llegó a sumar más del 50% en algunas provincias Argentinas durante los siglos XVIII y XIX.

La mayoría de los morochos provenía de las zonas del Congo, Angola, y Guinea.
Sus familias hablaban la lengua “bantú”, y de los 60 millones que fueron enviados en las condiciones que todos imaginamos sólo llegaron con vida 12 millones.

El rédito de lo trabajado, demás está decirlo, iba a parar al bolsillo de sus amos.
En los barrios porteños de Montserrat y San Telmo, habitaron los que no fueron a parar al interior del país.

Y en Santiago del Estero, justamente el número de habitantes esclavos llegó a ser del 54%.
Trato de imaginarme caminando por las calles de mi presente, mezclándome de igual a igual con morochos y morochas en igual porcentaje.

Se me hace difícil, aunque me encantaría.
Una zona cercana al actual Congreso de la Nación se denominaba “Barrio del tambor”, y ya podemos imaginarnos la razón de su nombre…

Nuestro hermanos de color (negro) solían agruparse en “naciones”, a las que denominaban ” Conga”, ” Cabunda “, “Mozambique” etc.

También tenían sus reyes y reinas, que en realidad eran elegidos democráticamente y que hasta se daban el lujo de recibir en sus “naciones” a altos funcionarios, como por ejemplo a Juan Manuel de Rosas.

El barrio negro ” El Mondongo”, fue uno de los más grandes de Montserrat y se componía de 16 manzanas.

Las crónicas escritas por navegantes de la época, como por ejemplo la del Capitán del Ejército Británico “Alexander Gillespie “(una ironía del destino, que su apellido fuera similar al del gran músico jazzero negro…), contaban el asombro que les producía a los europeos ver el “buen trato” a que se los sometía por estos pagos.

Quizás no recibieran tantos latigazos como en Brasil, pero aquí va un poco más de información.
En 1.801, los soldados negros y mulatos libres fueron adoctrinados para la guerra.
Luego de las Invasiones Inglesas (1.806), se formó un ” Cuerpo de esclavos”, a los que no se les entregó armas…

La Asamblea del año XIII, que decretaba la famosa “libertad de vientres”, no reconocía en absoluto la libertad de los esclavos ya existentes.

En síntesis, seguían apareciendo avisos en los diarios del momento para la compra y venta de los infortunados.

Hasta el año 1.853 (no tan lejos en el tiempo, si lo meditamos…), en que se abolió la esclavitud formalmente, la llamada “Ley de Resacate “, obligaba a los propietarios de amigos negros a cederlos en un 40% para que prestaran servicio en el Ejército, y si luego de 5 años sobrevivían… serían libres.
Parece que la Libertad, había que ganársela sí o sí.

Más adelante en el tiempo llegarían la Guerra del Paraguay y la Fiebre Amarilla, causantes de muchas bajas en las denominadas “naciones” negras.

Después de abolida la esclavitud, solo 2 de los 14 colegios existentes en Buenos Aires admitían niños negros.

En 1.829 (cada vez más cerca de nuestro presente) solo 2 niños de origen afro podían ser aceptados por año en la Provincia de Córdoba en algún colegio.

Qué miedo…
Los Afroargentinos comenzaron a publicar sus ideas por fin, y en un diario de negra edición llamado ” El Unionista” en el año 1.877 declararon lo siguiente:
————–
“La Constitución es letra muerta, y abundan los condes y marqueses,
los cuales siguiendo el antiguo y odioso régimen colonial
pretender tratar a sus subordinados como esclavos
sin comprender que entre los hombres que humillan hay
bajo su tosco ropaje
una inteligencia superior a la del que ultraja”
————–
Qué miedo, sí.
Qué miedo me dan los hombres blancos

CRONISTA POR NATURALEZA